El sistema educativo presenta carencias en la formación de tecnólogos para las empresas

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Es tal la velocidad de los cambios en el mundo de la tecnología que, a pesar de lo exigente de la formación que se imparte en las escuelas y facultades de informática y telecomunicaciones, una queja generalizada de las empresas que han colaborado en este informe sectorial de ECONOMÍA 3, es que no encuentran profesionales adecuadamente cualificados. Por descontado, es un clamor que los recién titulados llegan al mercado sin el menor conocimiento de lo que es trabajar en una empresa. El componente práctico de la formación sigue siendo, también en el mundo de la tecnología, la gran asignatura pendiente.

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“Nos encontramos que los titulados universitarios tienen un nivel de aptitudes correcto, acorde a la situación de mercado y demanda, pero donde más podrían mejorar pensando en una empresa de servicios como la nuestra, es en la parte de actitudes, donde el trato con el cliente es fundamental”, asegura Gabriel Sotoca de Stratic.

Un punto de vista diferente es el de Manuel Cazorla, director general de Sistel. “La formación y certificación de nuestros profesionales requiere meses de entrenamiento, y es difícil encontrar estas capacidades entre los recién licenciados. Sin embargo, su actitud es muy positiva y su capacidad de trabajo y aprendizaje son extraordinarias”.

Miguel Ángel Juan, socio director general de S2 Grupo, es crítico con la oferta formativa. “En lo que a aptitudes se refiere, hay muy poca formación reglada en el ámbito de la ciber-seguridad. Tratándose de recién titulados, las diferencias pueden estar en el trabajo que hayan podido desarrollar por su cuenta. En lo que se refiere a actitudes, se echa en falta mayor nivel de autonomía por parte de los titulados y un cierto apetito por el riesgo”.

Antonio Vidal, responsable de Qwerty Informática, considera que “la principal carencia detectada en los alumnos es que salen sin una experiencia real adquirida con las prácticas, sin nociones de comunicación con el cliente y, cómo no, sin oportunidad de especializarse con posgrados o másteres por su alto coste”.

Francisco Diana, de Nunsys, incide en lo mismo, pero relacionándolo con el coste que supone para la empresa. “La principal carencia es la falta de preparación práctica de los egresados. Las empresas tienen que asumir el coste de formación de esos ingenieros para que, pasado un tiempo nada desdeñable, comiencen a ser rentables para el empleador. Es uno de los principales ‘debes’ de nuestro sistema educativo”.

Y Manel Roca, director de Operaciones de IPM, apunta un nuevo aspecto relevante: la falta de idiomas. “Las actitudes que más valoramos son ser capaz de trabajar en equipo, proactividad y adaptabilidad a los cambios; las carencias más habituales del personal que viene de centros de formación son la falta de experiencia profesional y el bajo nivel de conocimiento del idioma inglés”.

Esa falta de experiencia de los egresados universitarios es visto como una oportunidad por Carlos Plaza, director general de Bee Ingeniería, pues “es cierto que los procesos para la plena puesta en funcionamiento de los profesionales son más largos, pero formas a la persona seleccionada con los valores y objetivos que la empresa necesita”.

David Iribas, de Auren Sistemas, es bastante más crítico: “Las nuevas incorporaciones al mercado laboral llegan sin ningún tipo de formación práctica en los sistemas o tecnologías que van a implementar en su puesto de trabajo. Aunque tienen conocimientos genéricos sobre desarrollo, redes o sistemas, no tienen la práctica suficiente para operar sin un supervisor durante un periodo relativamente largo en el tiempo. Algo muy interesante sería asimilar o combinar los cursos de especialización de las grandes compañías fabricantes de tecnología, para que los alumnos pudieran especializarse y aportar valor casi desde el primer día”.

Miguel Borrás, responsable de Antara, hace un diagnóstico contundente: “Las empresas han asumido hace tiempo que el egresado no viene con el pack de habilidades cubierto; hay que formarle en métodos y habilidades. Y también en tecnología, pues esta evoluciona mucho y los egresados suelen llegar desactualizados. Un título lo que demuestra es una vocación (en ocasiones) y una capacidad de aprender (a veces). El resto, la Universidad se lo deja a la empresa”.

También contundente es la opinión de Fernando Ruiz en representación de Aitana: “Las principales carencias que detectamos entre los egresados que llegan al mercado laboral, tanto en actitudes como en aptitudes, son falta de movilidad del centro de trabajo, escasa formación en las últimas tendencias y tecnologías, flojos en idiomas y pobre capacidad de entrega e implicación con los objetivos empresariales”.

Y no más optimista es Alfredo Cebrián, principal responsable de 480: “Falta especialización en tecnologías emergentes, las carreras y planes formativos están un tanto obsoletos en relación a las demandas reales del mercado. Básicamente, la estructura de la formación superior es lenta para ir acogiendo los cambios que se van produciendo en sus ámbitos de estudio; hay que desarrollar nuevos modelos, para agilizar la adquisición de nuevas competencias”.

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