La deuda oculta de la IA: Amazon, Microsoft y Meta en el radar del FSB
La inteligencia artificial está generando una nueva carrera global por capacidad de cómputo. Pero detrás de los anuncios sobre chips, modelos y productividad aparece otra realidad mucho menos visible: una ola de inversión multimillonaria financiada con deuda, crédito privado y compromisos de capital que empieza a preocupar a los supervisores financieros internacionales.
El Financial Stability Board (FSB), organismo encargado de vigilar riesgos sistémicos globales, ha advertido esta semana de las vulnerabilidades crecientes asociadas al mercado de financiación privada, especialmente por su exposición a sectores intensivos en capital como tecnología e infraestructuras digitales.
El aviso llega en un momento donde Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta están llevando el gasto en centros de datos a niveles históricamente inéditos.
Las cifras elaboradas por Infonif a partir de fuentes oficiales explican por qué el mercado empieza a mirar algo más que el crecimiento de la IA.
Amazon cerró 2025 con inversiones en efectivo superiores a 128.000 millones de dólares. Alphabet elevó su capex anual por encima de 90.000 millones. Meta prevé invertir entre 115.000 y 135.000 millones de dólares en 2026. Y Microsoft mantiene uno de los mayores ciclos inversores de toda la industria tecnológica para sostener Azure y la expansión de inteligencia artificial generativa.
Nunca antes las grandes tecnológicas habían necesitado tanta infraestructura física para crecer.
La IA ya consume balance
Durante años, el negocio digital tuvo una ventaja financiera evidente: escalaba rápido sin exigir un nivel extremo de activos físicos. Ahora, la IA cambia parcialmente esa lógica.
Ahora hacen falta centros de datos, redes eléctricas, refrigeración, suelo industrial, chips avanzados o contratos energéticos a largo plazo. Todo eso consume capital. Mucho capital.
Por ello, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima que los centros de datos consumieron alrededor de 415 TWh de electricidad en 2024 y podrían acercarse a 950 TWh en 2030. Eso equivale a incorporar un nuevo gran consumidor industrial global en apenas unos años.
El problema financiero es que la infraestructura tecnológica crece más rápido que la energética. Un centro de datos puede desarrollarse en pocos años; reforzar redes eléctricas y generación tarda mucho más. Y cuanto mayor es el desfase, mayor es el riesgo de retrasos, sobrecostes y menor rentabilidad sobre el capital invertido.
Amazon, Microsoft y Meta: gigantes con músculo con fractura creciente
La diferencia entre esta fase tecnológica y anteriores ciclos digitales está en el tamaño de la inversión necesaria.
Amazon puede absorber parte de esa presión gracias a AWS, que sigue siendo una máquina extraordinaria de generación de caja operativa. Pero incluso para un grupo de su tamaño, más de 128.000 millones de dólares de inversión anual empiezan a alterar la conversación financiera: ya no basta con crecer; ahora importa cuánto capital exige crecer.
Microsoft mantiene una posición similar. Azure y OpenAI han convertido al grupo en uno de los grandes beneficiados de la revolución de la IA, pero también en uno de los mayores consumidores de infraestructura tecnológica del mundo. El mercado sigue premiando su capacidad de monetización, aunque cada trimestre aumenta la atención sobre el ritmo de inversión y el retorno futuro de esos activos.
Meta representa probablemente el caso más agresivo entre los grandes grupos cotizados. La compañía ha acelerado el gasto en IA hasta niveles que hace apenas dos años parecían improbables incluso para Silicon Valley. Su gran ventaja sigue siendo la caja generada por publicidad digital. Su gran riesgo: que el mercado exija resultados monetizables antes de lo previsto.
La cuestión ya no es si estas compañías pueden invertir. Es cuánto tiempo pueden mantener este ritmo sin que el retorno marginal del capital empiece a deteriorarse.
CoreWeave: donde el boom empieza a parecer más frágil
El caso de CoreWeave resume mejor que nadie el nuevo riesgo financiero de la IA. La compañía, especializada en infraestructura para inteligencia artificial y muy vinculada a Nvidia, ha construido parte de su expansión apoyándose en financiación respaldada por activos y crédito privado. Es decir: deuda ligada al propio valor futuro de los contratos y de la infraestructura tecnológica.
Mientras el crecimiento sigue acelerándose, el modelo funciona. El problema aparece si:
- baja la demanda
- se retrasa monetización
- cae utilización de capacidad
- suben costes energéticos
- o se encarece refinanciación
Ahí es donde encaja la advertencia del FSB.
El organismo no habla todavía de burbuja sistémica, pero sí de un mercado donde aumenta: la opacidad, la concentración sectorial, el apalancamiento y la interconexión entre fondos privados, bancos y aseguradoras.
Según estimaciones del propio supervisor, la exposición bancaria global al crédito privado ronda ya los 220.000 millones de dólares entre líneas dispuestas y compromisos contingentes.
Equinix y Digital Realty: el negocio que gana aunque cambie el ganador de la IA
En paralelo, operadores especializados como Equinix y Digital Realty viven uno de los ciclos más favorables de su historia.
La razón es sencilla: independientemente de qué modelo de IA termine liderando, todos necesitan capacidad física. Y eso convierte a los grandes operadores de data centers en una especie de «caseros» de la revolución tecnológica.
Pero incluso aquí aparece una derivada financiera relevante: los costes de financiación importan cada vez más.
Los centros de datos son negocios intensivos en deuda y activos físicos. Cuando los tipos estaban cerca de cero, el crecimiento era relativamente barato. Con dinero más caro, la rentabilidad futura depende mucho más de: ocupación, contratos de largo plazo, eficiencia energética y disciplina financiera.
El nuevo cuello de botella: electricidad y deuda
La gran ironía del boom de la IA es que el principal límite ya no está solo en los chips. Empieza a estar en la energía y en el balance.
Utilities estadounidenses como Entergy, Dominion o Duke Energy ya están revisando previsiones de demanda eléctrica por el crecimiento explosivo de centros de datos. En algunos estados, las peticiones de conexión superan ampliamente la capacidad disponible de red.
Eso significa algo importante para los mercados: la IA empieza a trasladar tensión financiera fuera del sector tecnológico.
Más inversión eléctrica implica más capex, más deuda, más presión regulatoria y mayores necesidades de financiación a largo plazo.
La infraestructura de inteligencia artificial ya no depende únicamente de Silicon Valley. Depende también de bancos, fondos de crédito privado, utilities y mercados de deuda.
La conclusión: la IA entra en su verdadera prueba financiera
Durante los últimos dos años, el mercado ha valorado la inteligencia artificial casi exclusivamente como una historia de crecimiento. El FSB introduce ahora otra lectura: también puede convertirse en una historia de riesgo financiero si el capital sigue creciendo más rápido que la rentabilidad real de la infraestructura.
Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta todavía tienen balance suficiente para sostener el ciclo. CoreWeave representa el lado más agresivo y apalancado del nuevo ecosistema. Equinix y Digital Realty muestran cómo la infraestructura física se convierte en activo estratégico. Y las utilities empiezan a asumir una presión inversora que pocos anticipaban hace solo tres años.
En definitiva, la IA sigue prometiendo transformar la economía global. Pero antes tendrá que demostrar algo más básico: que toda la deuda que está levantando alrededor puede convertirse realmente en caja.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con máster en Marketing y Comunicación Corporativa. Especializado en redacción y gestión de redes sociales.








