Pepe Juan Pons y Paco Pons, codirectores de Point

100 años y 3 generaciones dedicados al arte y oficio del mueble para exterior de diseño

Entrevista a los codirectores de la firma alicantina Point, Pepe Juan Pons y Paco Pons

Video: Joaquín P. Reina

Con 14 años, José Pons emigró a Argentina y aprendió allí el oficio de la cestería. Su destreza y carácer emprendedor le llevó a establecerse por su cuenta en Buenos Aires y Montevideo. Seis años después regresó a Gata de Gorgos, su tierra natal, donde montó una fábrica de productos de mimbre que pronto llegó a tener 100 trabajadores. Así nació, en 1920, Point, una empresa centenaria ubicada hoy en Xaló que ha sabido capear épocas y modas distintas sin perder su esencia artesanal. Entre sus clientes están los mejores resorts del mundo.

La tradición del mimbre en Gata de Gorgos viene de nuestro abuelo. Lo llamaban ‘el maestro’. Hoy se habla mucho de emprendedores. Pues él lo fue hace un siglo, aunque empujado por inquietudes distintas. Entonces había mucha gente que emigraba por pura necesidad. Es una realidad que el hambre agudiza el ingenio”, relata Paco Pons, copropietario –junto a sus tres hermanos– de la empresa de muebles de exterior Point. El próximo año cumplen cien años desde su creación. Una vida larga que difícilmente lo sería si las tres generaciones que han dirigido su rumbo no hubieran sido capaces de adaptarse a los cambios de época, gustos y características del mercado.

El origen fue el mimbre y los productos artesanales que se fabricaban con él: costureros, pequeños sillones, cestas, bolsos, lámparas o papeleras, entre otros elementos trenzados a mano muy de moda en la primera mitad del siglo XX. “Ya en tiempos de nuestro abuelo innovábamos porque había productos en los que se mezclaban materiales”, recuerda Pepe Juan Pons.
La Guerra Civil truncó, como tantas otras cosas, el exitoso rumbo de una empresa que, en apenas una década de existencia, había llegado a contar con un centenar de trabajadores. Tras la travesía del desierto que supuso su reconversión en cooperativa, Juan Bautista Pons, hijo del fundador, recompró la empresa en los años 60 para lanzarla por un nuevo camino que estrenaría la vocación exportadora que sigue activa desde entonces.

La época americana

“España era, en la segunda mitad del siglo XX, un país de mano de obra barata y en los años 60 los americanos empiezan a interesarse por las empresas manufactureras que, como la nuestra, había en la provincia de Alicante”, relata Paco Pons. En aquel momento, Point contaba con dos divisiones: el mueble y los pequeños productos de cestería, una línea que supuso, gracias al mercado americano, “una oportunidad de negocio impresionante”, subraya Paco Pons. “Había más de 500 personas empleadas y todo el trabajo era manual. Artesanía pura y dura”, recuerda.

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Algunos ejemplos de la firma Point. | Foto: Joaquín P. Reina

Sin embargo, su capacidad de adaptación a los cambios volvería a ser sometida a prueba. Los pequeños objetos de mimbre como los bolsos o cestas dejaron de estar de moda a finales de los 60 y Point hubo de virar las velas hacia la fabricación de otros productos como estanterías y muebles de baño “muy baratos”. Empezaron a incorporar en esa época -tímidamente al principio- uno de los elementos bandera de Point: el diseño. “Puede decirse que en ese momento, entramos en un mundo, el de la decoración, que ya no abandonamos”, afirma.

La década de los 80 supuso para Point una nueva prueba. La mano de obra en España se encarece en torno a un 15 % que se repercute en el precio de los productos y les resta competitividad con respecto a otros mercados competidores como lo fue Filipinas primero, e Indonesia y China después. “Nuestra relación con los americanos se acabó de la noche a la mañana porque nosotros competíamos por precio. No había alternativa”, relatan. Todo fin supone, de una u otra manera, un principio, aquella ruptura con su principal línea de negocio les hizo abandonar la cestería y concentrarse en la división del mueble. “Éramos los mejores del mercado en muebles del segmento de calidad alta” explica Pepe Juan Pons.

Pero los 80 fueron años de crisis. Hubo despidos, tensiones laborales y Juan Bautista Pons fallece. Fueron tiempos de reconversión. El primero en empezar a hacerse cargo de la empresa fue Pepe Juan, seguido de Paco y, con posterioridad se incorporaron los dos restantes hermanos: Vicente y Antonio. Los cuatro ejercen la dirección de forma colegiada.

La nueva Point

“Cuando cogimos el testigo cambiamos completamente el concepto del producto. Apostamos a tope por el diseño y dimos el paso de ir a fabricar a Asia. Empezamos en Filipinas e Indonesia hasta que, finalmente, optamos por Vietnam”, explica Paco Pons. La producción se traslada a Asia pero en aquellos años se seguía fabricando en Xaló una parte importante de los muebles, así como la tapicería y la pintura, dos aspectos que actualmente se siguen realizando en las instalaciones de la empresa de manera artesanal. Aunque la fabricación se ha externalizado hoy en día en su totalidad, en las fábricas de Vietnam se trabaja bajo unos rigurosos estándares de calidad, según los hermanos Pons, y aún así, cada pieza se desembala y revisa cuando llega a los almacenes de Xaló antes de ser enviada al cliente.

La siguiente adaptación importante a los tiempos y a los siempre volátiles mercados vino de la mano de los materiales. Pasaron del mimbre al ratán de origen asiático, según Pepe Juan Pons, “más fácil e trabajar y más resistente”. A finales de los años 90 se introdujo el ratán sintético y, posteriormente, el aluminio para dar respuesta a las nuevas tendencias del mercado.

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Pepe Juan Pons y Paco Pons, codirectores de Point. | Foto: J.P.Reina

A punto de cumplir un siglo de vida, con todo lo que ello supone de evolución y cambio, los hermanos Pons se definen como “editores de productos de diseño para exteriores caracterizados por una calidad y garantía acordes con el segmento medio-alto del mercado”. Y, todo ello, “sin perder el carácter artesano de nuestros orígenes. Es nuestra esencia“, aseguran. Según Pepe Juan Pons, si tuviera que resumir en tres palabras la actividad empresarial de Point, serían “diseño, artesanía e innovación”.

Tal y como se reitera hoy en día en cualquier foro de expertos en economía, innovar es una premisa sin la cual difícilmente las empresas van a poder competir en un mercado tan globalizado como el actual. Pero empresas como Point llevan aplicando este axioma desde los tiempos de su fundación. “Somos camaleónicos. Sabemos adaptarnos”, afirma Paco Pons. Tienen claro que no es recomendable bajar la guardia y que hay que estar preparados para reinventarse en cualquier momento. “Debemos estar innovando constantemente porque la experiencia nos ha demostrado que lo único que no cambia es el cambio. Es lo único constante y, en nuestro caso, hemos comprobado que las tendencias no duran más allá de cinco años. No hay que esperar, sino estar siempre al tanto de lo que ocurre en tu mercado para poder ir incorporando nuevas tendencias no solo en cuanto a diseño, sino también a nivel tecnológico”, asegura Pepe Juan Pons.

En estos momentos, afirman, lo que prima es el eclecticismo, es decir, la mezcla de materiales y estilos. La oferta de Point se caracteriza, además, por la gran variedad de acabados de sus muebles de exterior, “Somos muy flexibles. Intentamos que nuestros productos sean prácticamente a la carta en función de los gustos de los clientes. Una silla, por ejemplo, la ofrecemos en diez colores y 50 telas diferentes”, explica Paco Pons.

Rumbo al mundo digital
El próximo gran reto que los hermanos Pons ya han puesto sobre su mesa de dirección colegiada tiene que ver con la digitalización. Son conscientes de que las velas han de virar cuanto antes en esa dirección. El primer paso ha sido la reciente apertura de la tienda online en cinco idiomas dirigida a particulares y profesionales. Lejos de ser futuro, el presente ya reclama poder contar con herramientas y servicios distintos a los tradicionales. “Nos estamos encontrando, por ejemplo, con estudios de diseño y centrales de compra que no quieren catálogos físicos de productos sino que lo prefieren todo en formato digital. O das respuesta a esa demanda o estás fuera”, asegura Paco Pons.

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Instalaciones de Point en Xalò. | Foto: JP Reina

Entre el 65 y el 80 % de la facturación anual -depende del año- procede del sector contract. No siempre ha sido así. Hace apenas 15 años, aseguran los hermanos Pons, era justo al revés. El sector retail sigue funcionando pero, según Paco Pons, ha cambiado la manera de vender a particulares. “Hoy en día se vende a través de decoradores frente a la tienda tradicional. Las pautas de consumo del mueble en el mundo, a excepción de Italia, han dejado a un lado a las tiendas. O se compra a través de internet o, si hablamos del segmento medio-alto, suelen hacerlo a través de decoradores. La crisis de 2008 supuso en este sentido la criba definitiva”, asegura.

Además de avanzar por el camino de la digitalización, el segundo reto importante que los hermanos Pons se han marcado para Point es hacerse un hueco en el mercado americano: “Queremos conquistar EE.UU. De hecho tenemos una oficina en Florida hace ahora cuatro años y al frente se encuentra una persona de la cuarta generación de la empresa”, afirma Pepe Juan Pons.
Según explica, “es un mercado muy agresivo que te obliga a serlo también, donde hay mucho consumo y, en consecuencia, mucha competencia, lo que implica un riesgo. No obstante, nuestra intención es ir creciendo poco a poco desde la seguridad. Y en ello estamos”.

Diseños que permanecen un siglo después

El carácter familiar de la empresa ha cultivado en el ánimo de las dos generaciones que sucedieron a la primera -y fundadora- un profundo interés por mantener “el poso” -como define Paco Pons- de lo que fueron sus orígenes.

Prueba de ello, por ejemplo, es encontrar en sus catálogos actuales, como rescatadas intactas de la memoria y del pasado, algunas piezas cuyo diseño se remonta a los comienzos de Point. Es el caso del modelo hoy llamado “Alga”. Está compuesto por un silloncito de corte clásico de mimbre natural trenzado – muy de moda antaño- y una mesa redonda con tapa de cristal a juego.

Los hermanos Pons conservan un antiguo catálogo del año 1924 en el que aparece este mismo modelo entonces sin nombre y referenciado con el número 4.082. En el listado de precios puede leerse cuánto costaba la pieza hace un siglo: 49,50 pesetas. “Hoy, el mimbre o el ratán naturales ha llegado a ser prácticamente insignificante en el volumen de fabricación y ventas de la empresa. No llega al 3 % del total”, afirma Pepe Juan Pons. Y, sin embargo, no lo han desechado. Su propia experiencia y la de sus antepasados –empezando por el ejemplo vital de su abuelo emigrante– les han demostrado que en la vida nada se va ni se queda del todo para siempre. Lo que hoy percibimos como pasado de moda, mañana podría tener, –¿por qué no?– más valor que cuando lo dejamos atrás.

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