El boom solar: Enrique Riquelme ya habló con Economía 3 en 2020
La visión de Enrique Riquelme y Cox Energy sobre la energía solar cobra fuerza en plena transformación energética europea
La historia de Cox Energy parece escrita para el contexto actual. Lo que comenzó como una aventura empresarial tras la crisis financiera de 2008 hoy encaja de lleno con las grandes prioridades económicas y geopolíticas de Europa: independencia energética, transición verde y seguridad del suministro.
En 2010, mientras España sufría el desplome inmobiliario y miles de empresas constructoras desaparecían, Enrique Riquelme decidió salir de la zona de confort. Viajó a América Latina buscando oportunidades ligadas al hormigón y las infraestructuras, pero terminó descubriendo un negocio mucho más estratégico: la energía solar.
Aquella intuición de que «un país con tanto sol debía apostar por la fotovoltaica» se ha convertido hoy en uno de los pilares del nuevo modelo energético mundial.
De Panamá al auge renovable
La trayectoria de Cox Energy nació lejos de los despachos financieros tradicionales. Riquelme hipotecó un piso familiar en Torrevieja para invertir 115.000 euros en una fábrica de hormigón en Panamá. Después llegaron las canteras vinculadas a la ampliación del Canal de Panamá y, poco después, el gran giro: la energía solar.
En apenas unos años, la compañía desarrolló algunos de los mayores parques fotovoltaicos de América Latina, especialmente en Guatemala, Chile y México. En aquel momento, hablar de miles de megavatios solares parecía casi una locura empresarial. Hoy es la norma del mercado.
La diferencia es que Cox llegó antes que muchos competidores.

La actualidad le da la razón
El discurso que defendía la empresa en 2020 -cuando alertaba sobre la especulación y defendía contratos energéticos estables a largo plazo- cobra especial sentido en 2026.
Europa vive todavía las consecuencias energéticas derivadas de la guerra de Ucrania, la volatilidad del gas y la necesidad de reducir la dependencia exterior. En ese escenario, las empresas renovables han dejado de verse únicamente como compañías «verdes» para convertirse en actores estratégicos.
Además, España atraviesa un momento decisivo:
- El autoconsumo sigue creciendo entre hogares y empresas.
- Los fondos internacionales continúan comprando activos renovables.
- El mercado exige ahora rentabilidad real y no solo expectativas especulativas.
- La red eléctrica necesita modernización para soportar el enorme crecimiento solar.
Precisamente sobre esto advertía Cox Energy años atrás: demasiados proyectos nacían sin contratos sólidos de venta de energía y dependían de precios volátiles del mercado. Hoy, tras la corrección del sector renovable europeo y la caída de muchas valoraciones infladas, esa visión parece haber sido premonitoria.
El gran debate: solar frente a eólica
Una de las frases más llamativas de Enrique Riquelme en la entrevista a Economía 3 en 2020 fue: «El sol ganará la batalla a la eólica».
En 2026, aunque la energía eólica sigue siendo fundamental, la fotovoltaica vive un crecimiento mucho más acelerado gracias a varios factores:
- El coste de los paneles solares ha caído drásticamente.
- La instalación es más rápida y flexible.
- El autoconsumo empresarial se ha disparado.
- Las baterías empiezan a hacer viable almacenar energía solar a gran escala.
Sin embargo, el reto ahora ya no es solo producir electricidad barata, sino gestionar el exceso de producción en horas solares, algo que está provocando precios extremadamente bajos -e incluso negativos- en algunos mercados europeos.
Es exactamente el escenario que Cox anticipaba cuando hablaba del riesgo de saturación y de la importancia de los PPAs (contratos de suministro a largo plazo).

De empresa emergente a actor estratégico
Lo que diferencia hoy a Cox Energy de muchas firmas nacidas durante el boom renovable es que su modelo no dependía únicamente de construir plantas y venderlas rápido. Apostó por controlar parte de la cadena de valor y asegurar ingresos estables mediante acuerdos energéticos de largo plazo.
Ese enfoque encaja perfectamente con la nueva etapa del sector: menos especulación financiera y más infraestructura estratégica.
En un momento en el que Europa busca consolidar su soberanía energética y acelerar la descarbonización, empresas como Cox representan una evolución del empresario español tradicional: menos ladrillo, más tecnología energética y visión internacional.
Y quizá ahí está la verdadera noticia: una compañía nacida tras la crisis inmobiliaria española terminó adelantándose al gran negocio energético de la década.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.






