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L. Navarro, Manc Recyclaplast: «La burocracia resta recursos a la innovación empresarial»

La CEO de la compañía aborda el relevo generacional de la empresa familiar, el coste de la presión normativa, el potencial de los residuos plásticos complejos y la importancia de ejercer un liderazgo basado en la confianza

Lidia Navarro: «La burocracia resta recursos a la innovación empresarial»
Publicado a 20/09/2026 8:00

El reciclaje forma parte de la vida de Lidia Navarro desde mucho antes de convertirse en una prioridad para empresas y administraciones. Creció entre conversaciones sobre plásticos, polímeros y nuevas formas de aprovechar los residuos junto a su padre, Miguel Ángel Navarro. Hoy, como CEO de Manc Recyclaplast, recoge aquel legado con respeto, pero también con una mirada propia: más tecnológica, innovadora y consciente de que detrás de cualquier transformación siempre están las personas.

– ¿Cómo ha sido tu trayectoria profesional hasta llegar a la dirección de Manc Recyclaplast?

El reciclaje no llegó a mi vida en un momento concreto, sino que ha vivido conmigo desde siempre. Mi padre, Miguel Ángel Navarro, se dedica a este sector desde hace muchísimos años y, cuando yo era pequeña, jugaba conmigo a distinguir los diferentes tipos de plástico.

Quienes trabajan en este mundo saben que se puede reconocer un polímero por el olor que desprende al quemarse o por cómo se comporta al estirarlo. Dependiendo de cómo reaccione, puedes saber si contiene talco, fibra u otros materiales. Mi padre me enseñaba todo esto como quien enseña a caminar.

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También lo acompañaba en el coche y escuchaba sus conversaciones profesionales. Siempre que veía un material, comenzaba a pensar cómo podía reciclarse o qué nueva aplicación podía tener. Esa forma de observar las cosas fue calando en mí.

El reciclaje, la sostenibilidad y el desarrollo de nuevos proyectos son ámbitos que me apasionan. Mi llegada a la dirección se produjo de manera natural. Mi padre fue creciendo profesionalmente y yo crecí con él hasta que llegó un momento en el que me dijo: «Lidia, es tu turno. Yo me retiro y tú ya estás preparada».

Acepté el reto con mucha ilusión. He recogido la batuta, pero quiero desarrollar el proyecto a mi manera. Cada persona tiene su momento y su propia visión. Mi padre construyó una etapa y ahora me corresponde a mí desarrollar la siguiente, manteniendo los valores y la filosofía de la empresa.

Llevo más de 25 años vinculada a Manc Recyclaplast y tengo 48. Para mí, la empresa es también como un hijo.

Una nueva etapa para Manc Recyclaplast

– La empresa se aproxima a sus 30 años de trayectoria. ¿Cómo ha evolucionado hasta llegar a la actual Manc Recyclaplast?

–Manc Recyclaplast cumplirá 30 años en 2027, aunque nuestra historia comenzó antes. Mi padre empezó como comercial de plásticos y vendiendo bolsas. Posteriormente, detectó una oportunidad en Alemania.

En aquel momento, Alemania disponía de buenos sistemas de recogida, pero apenas contaba con plantas de reciclaje. Mi padre comenzó a recoger allí esos residuos y a trasladarlos a las plantas de la Comunitat Valenciana, que estaban entre las más avanzadas de Europa en tecnología para reciclar plástico.

Primero pusimos en marcha una empresa comercial en Alemania y después establecimos en Barcelona nuestro centro neurálgico de distribución. Con el tiempo, mi padre decidió regresar a la terreta y montar aquí la planta industrial. Manc Recyclaplast nació entre 1996 y 1997.

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Comenzamos con una nave de unos 2.000 metros cuadrados dentro de un terreno de grandes dimensiones. Posteriormente, ampliamos las instalaciones hasta los 4.000 y después hasta los 6.000 metros, incorporamos nuevas licencias y sumamos diferentes líneas de producción.

Recoger el testigo supone una gran responsabilidad y un enorme respeto por todo lo que hizo mi padre. Mi hermana, Sandra Navarro, y yo queremos mantener la cercanía con los clientes y proveedores, la flexibilidad y la capacidad de ofrecer soluciones. Creo que nuestro principal valor es ayudar a quienes tienen un problema con un residuo a encontrar una salida para él.

Sin embargo, no quiero limitarme a continuar lo que ya existe. Mi padre construyó su etapa y ahora nos corresponde construir la siguiente. Sandra participa como codirectora y ambas queremos mantener una gestión muy cercana, pero también transformar MANC Recyclaplast en una empresa más tecnológica e innovadora.

Los retos son cada vez mayores y todo evoluciona muy rápido. Debemos avanzar al mismo ritmo. Para mí, el relevo generacional consiste en respetar la historia, aprender de ella y, al mismo tiempo, tener la oportunidad de escribir la nuestra.

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El coste de cumplir con la regulación

– La industria del reciclaje afronta una creciente presión normativa y necesita invertir en tecnología, trazabilidad y nuevos procesos. ¿El marco actual ayuda realmente a avanzar hacia una economía circular?

– La legislación es necesaria. Las empresas que hacemos las cosas bien necesitamos reglas claras de trazabilidad, control y garantías. Cumplirlas debería permitirnos permanecer en el mercado y diferenciarnos de quienes no actúan correctamente.

El problema aparece cuando la regulación deja de ser una herramienta para impulsar la economía circular y comienza a restar competitividad a las empresas que intentamos hacer las cosas bien.

Europa tiene algunas de las exigencias ambientales más elevadas del mundo, lo cual es positivo. Sin embargo, pierde sentido si esas obligaciones solo se aplican a las empresas europeas y, al mismo tiempo, se permite la entrada de mercancías fabricadas en otros países bajo condiciones distintas.

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Cumplir una normativa exigente tiene un coste muy elevado y encarece nuestras materias primas. Cuando salimos al mercado, nos encontramos en desventaja frente a productos procedentes de países con menores costes laborales y mucha menos presión regulatoria.

Está bien establecer normas, pero debemos competir todos bajo las mismas condiciones. No podemos aspirar a ser los más sostenibles del mundo si, por el camino, provocamos el cierre o la deslocalización de las empresas europeas.

– ¿Cuánto puede representar esa carga administrativa para una empresa como la vuestra?

En algunos casos, los costes pueden aumentar entre un 30% y un 40% únicamente por las obligaciones burocráticas. Actualmente tenemos dos personas dedicadas exclusivamente a esta área.

Ese incremento no implica necesariamente que el producto final tenga más calidad. Seguimos reciclando algunos materiales de la misma manera que hace 25 años, con las mismas fuentes de suministro e incluso para los mismos clientes. La calidad continúa siendo la misma.

Las certificaciones permiten acreditar que hacemos las cosas correctamente y diferenciarnos, pero su coste es muy elevado y no siempre se traduce en un mayor valor del material cuando vuelve al mercado.

En ocasiones, además, la regulación avanza por delante de las herramientas necesarias para cumplirla. Las empresas debemos formar al personal, contratar plataformas e invertir sin saber exactamente cómo se articularán después los procedimientos. Cuando el sistema cambia o se aplaza, es necesario volver a realizar ajustes.

Los recursos son limitados. Si tenemos que destinarlos principalmente a cumplir obligaciones burocráticas, dejamos de invertirlos en I+D+i, tecnología y nuevos procesos, que es donde realmente podríamos avanzar y ser más competitivos.

También ocurre con el impuesto al plástico. Si lo recaudado revirtiera directamente en el propio sector para ayudarnos a desarrollar nuevas soluciones, tendría otro sentido. Sin embargo, estos costes terminan trasladándose a toda la cadena y, en último término, al consumidor.

El gran reto de los residuos complejos

– El sector sostiene que ya no basta con reciclar más, sino que es necesario recuperar residuos que actualmente tienen pocas salidas. ¿Cuáles son los más difíciles de tratar?

Los residuos complejos son uno de los grandes retos del reciclaje de plástico. Hablamos, por ejemplo, de envases formados por numerosas capas de polímeros y aditivos diferentes.

Una bandeja de alimentación puede incorporar un film multicapa diseñado para conservar mejor la carne o impedir el paso de los rayos ultravioletas. Esa solución cumple perfectamente su función, pero después resulta muy difícil de reciclar porque combina materiales distintos que no pueden separarse fácilmente.

Una botella de PET, en cambio, es relativamente sencilla de tratar mediante reciclaje mecánico. Aunque el tapón esté fabricado con otro polímero, puede separarse y obtenerse una fracción de PET bastante pura.

El problema aparece cuando un único envase contiene capa sobre capa de materiales distintos. Esos residuos no son productos estandarizados que puedan reciclarse e introducirse fácilmente de nuevo en el mercado. Una parte muy importante termina en vertederos o se destina a valorización energética, pero no regresa a la cadena de valor.

También encontramos grandes dificultades en la automoción. Una pieza aparentemente pequeña, como un faro, puede incluir cuatro o cinco materiales diferentes. Separarlos manualmente ya es complicado y todavía lo es más cuando el vehículo pasa por una fragmentadora. El metal puede recuperarse con relativa facilidad, pero queda una mezcla de plásticos muy difícil de aprovechar.

Lo mismo sucede con los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Contienen numerosos materiales y solo conseguimos valorizar una parte reducida. Por eso, uno de nuestros grandes retos es aumentar el porcentaje que podemos recuperar.

De residuo sin salida a producto con diseño

– ¿Cómo nació el proyecto R-Mob y qué nuevas oportunidades puede generar?

– R-Mob nació dentro de nuestra propia línea de producción. Durante muchos años he guardado muestras de las mermas para estudiar qué podía hacer con ellas. Cuando observas esos plásticos, te das cuenta de que siguen conteniendo mucho valor y resulta difícil aceptar que terminen convertidos en basura.

El proyecto busca desarrollar nuevos procesos de reciclaje mecánico para separar y recuperar al menos una fracción adicional de esos residuos. Tal vez no podamos aprovecharlos completamente desde el principio, pero sí recuperar un porcentaje que actualmente se pierde.

También hemos cambiado la forma de plantear el proceso. Habitualmente, la industria decide fabricar un determinado producto y después busca el material más adecuado. Nosotros hacemos el camino inverso: obtenemos un material reciclado y, a partir de sus características, estudiamos qué aplicación nueva podemos darle.

Nuestro objetivo es lograr un material lo más homogéneo posible dentro de la heterogeneidad de los residuos con los que trabajamos y encontrar una salida para él.

R-Mob también me ha permitido unir dos grandes pasiones: el reciclaje y el diseño. Desde hace años pensaba que podíamos fabricar mobiliario con residuos difíciles de aprovechar y ofrecerles un destino diferente.

Queremos alejarnos de la imagen habitual del mobiliario reciclado y demostrar que algo aparentemente feo y condenado a convertirse en basura puede transformarse en una pieza bonita, funcional y con mucho diseño. Si una butaca pesa siete kilos, significa que hemos evitado que esos siete kilos de residuos terminen en un vertedero.

Actualmente nos encontramos en una segunda fase y estamos explorando nuevas aplicaciones más allá del mobiliario. También trabajamos en soluciones para el packaging y la construcción.

– ¿Desarrolláis estas soluciones junto con otras empresas?

– R-Mob es un proyecto propio, pero nos apoyamos en empresas especializadas. En el caso del mobiliario, por ejemplo, colaboramos con profesionales que conocen muy bien la madera y otros procesos que nosotros no dominamos.

Para desarrollar nuevas aplicaciones, estamos formando consorcios con empresas que quieren incorporar materiales sostenibles a sus productos. Ellas aportan su conocimiento sobre la aplicación final y nosotros estudiamos cómo adaptar el material reciclado a sus necesidades.

Siempre partimos de residuos que actualmente no se están aprovechando. Huimos de utilizar materiales reciclados estandarizados que ya tienen una salida consolidada en el mercado.

No tendría sentido retirar un material reciclado que ya se utiliza para fabricar una caja, un tablero o el parachoques de un coche para destinarlo a otro producto. No estaríamos resolviendo ningún problema, únicamente trasladando el material de una aplicación a otra.

La disponibilidad de materias primas recicladas es limitada. Nuestra filosofía consiste en partir de aquello que actualmente se considera basura, recuperar su valor y encontrarle una nueva utilidad.

Un liderazgo basado en la confianza

– ¿Cómo definirías tu manera de liderar una empresa industrial?

Una empresa no existe sin las personas. Mi forma de dirigir se basa en un liderazgo consciente, un ámbito en el que llevo años formándome y que me apasiona.

Una de las principales lecciones que he aprendido es que el liderazgo comienza por una misma. Cuando aprendes a liderarte, todo lo demás empieza a fluir de una manera más natural.

También he comprendido que no se puede dirigir desde el control. Si lo haces, creas personas que necesitan constantemente tu validación para avanzar y la organización termina estancándose. Intento liderar desde la confianza y el acompañamiento.

Con todos los proyectos que estamos desarrollando, procuro entregar una parte a cada persona del equipo para que pueda hacerla suya y crecer profesionalmente. Aunque inicialmente algunas personas sienten que reciben demasiada responsabilidad, cuando empiezan a trabajar se implican, se motivan y descubren la satisfacción de desarrollar algo propio.

Muchas veces estamos acostumbrados a limitarnos a cumplir instrucciones y no tenemos la oportunidad de comprobar cómo nos sentimos cuando participamos realmente en la construcción de un proyecto. Por eso es importante delegar poco a poco, sin abrumar, y preguntar: «¿Cómo lo harías tú? ¿Qué opinas?».

Somos una pyme de 15 personas que está creciendo. No solo crece el equipo; yo también crezco con él. Aprendemos juntos mediante la prueba y el error.

Cada vez intento frustrarme menos cuando algo no sale como esperaba. Ya no percibo esas situaciones simplemente como errores, sino como oportunidades para analizar qué ha sucedido, entender si estaba en nuestras manos evitarlo y prepararnos mejor para la próxima vez.

Una industria que nació de la necesidad

– La Comunitat Valenciana fue pionera en el reciclaje de plástico mucho antes de que se hablara de economía circular. ¿Cómo surgió aquella industria?

El reciclaje se ha convertido ahora en un asunto prioritario, pero ya se practicaba hace muchos años. Entonces no se hablaba tanto de sostenibilidad: se reciclaba principalmente por necesidad.

La Comunitat Valenciana fue pionera en Europa en el reciclaje de plástico gracias, entre otros factores, al peso de las industrias del juguete y del calzado. Eran sectores muy potentes que generaban numerosos residuos de producción.

Las empresas cercanas comenzaron a comprar esas mermas para fabricar otros productos. Si sobraba goma del calzado, otra compañía podía utilizarla para elaborar juntas. Si un juguete salía defectuoso, su plástico podía convertirse en una maceta o en una caja.

La propia industria transformadora comenzó a buscar soluciones para aprovechar sus residuos. El reciclaje se desarrolló inicialmente por necesidad y por interés económico. Ahora debemos aprovechar toda esa experiencia y combinarla con la tecnología para responder a los nuevos retos.

Visibilidad y referentes para abrir camino

– Como mujer al frente de una empresa industrial, ¿has encontrado dificultades añadidas durante tu trayectoria?

Nunca me he planteado dejar de hacer algo por ser mujer. He vivido algunas situaciones desagradables, pero han terminado ocupando un lugar secundario. Mi atención debía continuar puesta en el objetivo que quería alcanzar.

Si quieres sacar adelante un proyecto, tienes que trabajar por él y no permitir que esas situaciones te hagan perder el foco. Ser mujer no debe convertirse en un prejuicio ni en una limitación que nos impongamos de antemano.

Tenemos los mismos recursos y capacidades para plantearnos un reto y trabajar hasta conseguirlo. Los hombres no suelen preguntarse si podrán llegar a un determinado puesto por el hecho de ser hombres. Nosotras tampoco deberíamos hacerlo.

– ¿Qué significa para ti formar parte de la Fundación Mujeres al Timón?

Formar parte de Mujeres al Timón me permite sumar, compartir experiencias y dar visibilidad a trayectorias que pueden ayudar a niñas y mujeres que están comenzando o se encuentran en pleno proceso de crecimiento profesional.

Es fundamental crear referentes. Yo misma he tenido referentes masculinos y femeninos que me han ayudado a avanzar. Visibilizar a mujeres que han asumido responsabilidades permite que quienes vienen detrás comprendan que ellas también pueden hacerlo.

Debemos apoyar, acompañar y transmitir confianza para que cada mujer se marque un objetivo y vaya a por él sin pensar que su género puede impedirle alcanzarlo.

Los encuentros de Mujeres al Timón también nos permiten compartir experiencias y comprobar que no estamos solas. Esa sensación de comunidad, apoyo y acompañamiento tiene muchísimo valor.

Firma
Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
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