Bombas Gens | "Herencias. Las alquerías de la huerta de València"

Descubre los secretos de las alquerías del extrarradio de València

La exposición, visitable hasta el 13 de octubre, muestra a través de la arqueología el uso de los espacios dentro de estas casas y de sus cambios a lo largo del tiempo

Si les apetece explorar el mundo de las alquerías del extrarradio de València, la Fundació Per Amor a l’Art cuenta, en su centro de arte de Bombas Gens, con la exposición “Herencias. Las alquerías de la huerta de València” que explora este mundo hasta el próximo  13 de octubre  y que está comisariada por la arqueóloga, Paloma Berrocal. Poniendo el foco en aspectos relacionados con la microhistoria y la etnología se muestran conocimientos adquiridos a través de la arqueología acerca del uso de los espacios dentro de estas casas y de sus cambios a lo largo del tiempo. Igualmente se exploran los diferentes aspectos que tenían sus exteriores en tiempos remotos, sobre los trabajos que se hacían en sus dependencias y algunos de los secretos que escondían en su interior.

Las alquerías, emblemas de un modo de vida tradicional relacionado con la economía agraria, fueron más que meras viviendas de huertanos, llegando a constituir, junto a las barracas, los edificios emblemáticos de un paisaje cultural centenario.

En esta muestra se ha puesto el foco en aspectos relacionados con la microhistoria y la etnología, mostrando conocimientos adquiridos a través de la arqueología acerca del uso de los espacios en el interior de estas casas y de sus cambios a lo largo del tiempo, sobre los diferentes aspectos que tenían sus exteriores en tiempos remotos, sobre los trabajos que se hacían en sus dependencias y sobre algunos de los secretos que escondían en su interior.

Los materiales expuestos provienen de excavaciones arqueológicas de València y su entorno. Son un pequeño grupo de piezas cerámicas, algunas de ellas destinadas a ser usadas en la mesa, otras a auxiliar en la elaboración de materias primas y otras que, con su sencillez, nos muestran vivencias de sus moradores en momentos muy concretos de nuestra historia.

La alquería, un modo de vida inherente a la huerta

En el paisaje de huerta que envolvía a la ciudad de València, desde la época medieval hasta principios del siglo XX, hubo un elemento distintivo de la forma de habitar: la alquería. La alquería era, junto a la barraca, la vivienda por excelencia, la casa labriega, el centro de gestión de las parcelas de cultivo, el motor de una economía de proximidad, un lugar de vivencias y continuos cambios que fue evolucionando a lo largo del tiempo, adecuándose a las exigencias de cada etapa histórica.

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La alquería no era solo una arquitectura, era el punto de convivencia de una familia extensa, un lugar de sociabilidad esencial entre vecinos, un edificio de producción y administración de cosechas y un suministrador de materia prima para la elaboración de algunas de las manufacturas más importantes de la economía de la ciudad. En su interior se elaboraba vino y se producía seda y estas actividades dejaron su huella en las paredes y en el suelo. Aunque no fueron las únicas; muchas otras cosas dejaron su impronta en estas casas que salpicaban los campos. Los buenos tiempos vistieron sus interiores de pavimentos lujosos, de ricas estancias y suculentas viandas y los malos tiempos obligaron a rehacer paredes tumbadas por las riadas y las prepararon para defenderse de bandoleros y asaltantes.

Las alquerías son nuestro legado, son la herencia de un pasado no tan ajeno a nosotros, de un modo de vida inherente a la huerta. A ellas nos acercamos en esta exposición con la mirada del que descubre un mundo complejo, cercano y a la vez desconocido, capaz de generar admiración cuando llega a nosotros en forma de evidencias tan reales como los restos arqueológicos de la bodega medieval de la Alquería de Comeig que son visitables en el jardín de Bombas Gens Centre d’Art.

La bodega medieval de la alquería de Bombas Gens

En el transcurso de las obras de rehabilitación de la antigua fábrica de Bombas Gens, se localizaron los restos de una antigua alquería situada en la parte posterior de la parcela, junto a la actual calle Dr. Machí. Esta alquería, conocida como la Casa Comeig, formaba parte del caserío disperso del antiguo Camino de Marxalenes, inserto en un centenario paisaje de Huerta periurbana de València y que perduró, sin apenas cambios, hasta el siglo XX.

En este mismo contexto de edificaciones rurales, pueden observarse hoy en el vecino Parque de Marxalenes algunos ejemplos en pie, como la alquería de Félix o la de Barrinto, muy parecida a lo que debió ser nuestra vivienda.

La alquería de Bombas Gens fue un edificio de grandes dimensiones que empezó a construirse a finales del siglo XIV y que vivió un momento de esplendor tras una reforma integral que se llevó a cabo entre finales del s. XV y principios del s. XVI. En este momento se dotó de elementos suntuarios como pavimentos de azulejos de estilo manisero, buena parte de los cuales han sido recuperados durante la excavación arqueológica del verano de 2016. No obstante, el elemento más destacable de esta casa es una bodega subterránea construida durante esta misma reforma y que se ha conservado completa.

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Esta bodega es una amplia habitación abovedada a la que se accede a través de una escalera de obra de ladrillo. Una vez en su interior, se pueden apreciar determinados elementos constructivos propios de un lugar de almacenamiento de vino como por ejemplo bancos corridos sobre los que colocar las tinajas y los toneles y una pequeña balsa para recoger el mosto que debía llegar desde las balsas de pisado de uva, de las cuales se ha conservado una. Además, se han preservado en sus paredes algunos vestigios difíciles de encontrar, por su gran antigüedad, puestos en su sitio, como el caso de una alcayata que permanece en su lugar de origen, donde fue clavada para sujetar, posiblemente, el jarro con el que se sacaba el vino de las tinajas.

Además de todo esto, uno de los hechos más destacables es el hallazgo de una de las tinajas originales encontrada en su sitio, circunstancia esta que añade singularidad al recinto y ayuda a dotarlo de un gran valor histórico, por cuanto su localización exacta en el interior de la bodega nos remite al momento inicial de esta sala. Esta tinaja se ha recuperado casi entera y ha sido restaurada.

Igualmente, la bodega en sí se ha restaurado y acondicionado para su apertura a visitas guiadas. La puesta en valor de este elemento patrimonial de primer orden cuenta con el proyecto de construcción de una sala diseñada por Ramón Esteve Arquitectura y Diseño para proteger los restos arqueológicos y exponer un conjunto de piezas cerámicas y azulejos recuperados durante la excavación arqueológica.

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