Incluye el gasto en atención sanitaria y en cuidados de larga duración

El 25% del PIB ya se dedica a pensiones y gastos asociado al envejecimiento

El BCE advierte de la necesidad de reformas para no colapsar el sistema público

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El Banco de España ha difundido hoy el Informe Anual 2018 del Banco Central Europeo. Un documento que repasa desde el crecimiento económico, a la inflación, pasando por las políticas monetarias o financieras. Uno de los aspectos a los que presta especial atención el informe es al envejecimiento de la población.

Para el BCE el envejecimiento de la población constituye un reto para la sostenibilidad de las finanzas públicas de la zona del euro, tanto por lo que se refiere a pensiones, como al gasto asociado al envejecimiento que ya en 2016 ascendía al 25% del PIB y alcanzará el 28% en 2040, según las proyecciones del informe The 2918 Ageing Report.

Según las proyecciones de Eurostat, la ratio entre población activa y jubilados se incrementará desde el 31 % de 2016 hasta el 52 % en 2070 en la zona del euro en su conjunto. El grueso de este aumento se materializará en las dos próximas décadas, a medida que la generación del baby boom entre en la edad de jubilación.

Una evolución que no es homogénea. Por ejemplo, el aumento del gasto en Luxemburgo se evalúa en casi 13 puntos del PIB, mientras que en Grecia descenderá 6,4 puntos porcentuales. Países como Francia, Ialia y España verán disminuir los gastos derivados del envejecimiento en 2070.


Pensiones, atención sanitaria y cuidados de larga duración conforman el gasto público afectado por el envejecimiento


El gasto público afectado por el envejecimiento incluye, en particular, el destinado a las pensiones, así como a la atención sanitaria y los cuidados de larga duración. Hay que considerar una reducción de cotizantes y un aumento de beneficiarios, situación que causará tensiones en los sistemas públicos.

Uno de los escenarios contempla un aumento de los costes relacionados con la atención sanitaria y los cuidados de larga duración, debido a un incremento en el uso de equipos médicos de alto coste y una mayor convergencia al alza de los niveles de vida.

El informe del BCE recoge que la mayoría de los países de la zona del euro han acometido reformas de los sistemas de pensiones en los últimos años, complementándolas en algunos casos con reformas de carácter más limitado de los sistemas de atención sanitaria y de cuidados de larga duración.

Sin embargo, las reformas se han estancado e incluso hay casos de reversión, lo que aumenta el riesgo de sostenibilidad de las pensiones.

Por ello, el BCE recomienda que, de cara al futuro, los países que ya presentan niveles de deuda pública elevados, se protejan frente a los próximos desafíos demográficos con reformas adicionales en caso de que “no constituyan colchones fiscales, mientras que se deberían evitar reversiones en las reformas”.

Unas reformas que estarían en función de las preferencias de cada país, desde potenciar los sistemas privados de pensiones a vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida. Otras podrían elevar los tipos de cotización, si bien supondrá una mayor carga para las generaciones más jóvenes. Opciones que no son excluyentes.

El BCE advierte que el diseño de las reformas debe tener en cuenta su impacto sobre la oferta de trabajo y el funcionamiento de la economía. “Las reformas de los sistemas de pensiones deberían complementarse con reformas del mercado laboral que promuevan, en particular, la participación de los trabajadores de más edad”.

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