Imbisa, la empresa pública que imprime los billetes de euro sin buscar grandes beneficios
El Banco de España controla el 80% de IMBISA, una sociedad mercantil estatal que fabrica los billetes de euro asignados a España dentro del Eurosistema y opera bajo derecho privado
Imbisa tiene apariencia de empresa privada, pero naturaleza pública. Su denominación completa -Imprenta de Billetes, SA, Medio Propio del Banco de España- contiene las dos piezas necesarias para entenderla: es una sociedad anónima, pero también una sociedad mercantil estatal controlada por instituciones públicas.
El Banco de España posee el 80% de su capital social, valorado en 220 millones de euros al cierre de 2025. La documentación oficial histórica identifica a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre como titular del 20% restante. No hay, por tanto, accionistas privados participando en el negocio de imprimir los billetes de euro asignados a España.
La pregunta sobre si Imbisa es pública o privada exige, sin embargo, un matiz. Es pública por su propiedad y control, pero adopta la forma jurídica de una empresa mercantil y actúa, con carácter general, sometida al derecho privado. El BOE la define expresamente como una sociedad mercantil estatal y como medio propio y servicio técnico del Banco de España.
Esta estructura permite fabricar billetes con organización empresarial, personal especializado y maquinaria industrial, pero bajo el control de las instituciones responsables de la moneda. Su finalidad no es competir abiertamente en el mercado ni maximizar el dividendo para accionistas privados. Su misión esencial consiste en producir los billetes de euro que el Banco de España le encarga dentro de la planificación del Eurosistema.
La información financiera analizada procede de las cuentas públicas del Banco de España y de Infonif con origen oficial y registral.
Una sociedad anónima que pertenece al sector público
La confusión nace principalmente de las siglas «SA». Una sociedad anónima puede ser privada, pública o contar con una combinación de ambas clases de accionistas. Lo que determina su naturaleza económica no es solo la forma societaria, sino quién posee el capital y quién ejerce el control.
En Imbisa, el Banco de España mantiene una participación del 80%, valorada en 176 millones de euros. El capital social total asciende a 220 millones. La inversión aparece recogida en el balance del propio banco central, que identifica a la imprenta como su medio propio y confirma que su objeto es fabricar billetes en euros.
El concepto de «medio propio» resulta decisivo. Significa que el Banco de España puede encomendarle trabajos directamente dentro de los límites establecidos legalmente, porque ejerce sobre la sociedad un control equivalente al que mantiene sobre sus propios servicios. Imbisa no es simplemente un proveedor externo elegido en cada ocasión mediante una licitación ordinaria.
El BOE señala además que, aunque se trata de una sociedad mercantil estatal y está sujeta al derecho privado, también debe cumplir determinadas reglas propias del sector público. Por tanto, no funciona como una empresa convencional que decide libremente qué clientes atender o en qué mercados competir. Su actividad está vinculada a una función pública especialmente sensible: garantizar la producción segura de dinero físico.
La compañía se constituyó el 30 de octubre de 2015 y comenzó su actividad en noviembre de ese año. Su creación permitió separar la producción de billetes de otras actividades de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y adaptarla al modelo de fabricación establecido por el Banco Central Europeo. El objetivo oficial era conservar en España el conocimiento técnico especializado y el empleo asociado a la impresión de billetes.
Un negocio diseñado para quedar prácticamente en equilibrio
Las cuentas de Imbisa muestran un modelo financiero muy distinto al de una empresa industrial privada. En 2024 registró una cifra de negocio de 58,47 millones de euros, frente a 61,22 millones en 2023. La facturación disminuyó aproximadamente un 4,5%, pero la sociedad terminó el ejercicio prácticamente sin beneficio ni pérdida.
Su resultado de explotación fue negativo en apenas 5.424 euros. Los ingresos financieros compensaron esa pequeña pérdida y dejaron el resultado antes de impuestos en equilibrio. La ausencia de un beneficio significativo no representa necesariamente un problema: encaja con una empresa cuya actividad se organiza para cubrir sus costes mediante los encargos de sus propietarios públicos.
En una sociedad privada, un margen cercano a cero podría indicar falta de rentabilidad. En Imbisa, la lectura es diferente. El Banco de España paga por los billetes encargados y la imprenta ajusta su facturación a los costes necesarios para cumplir el servicio. El objetivo principal no es generar rentabilidad sobre ventas, sino fabricar con seguridad, calidad y continuidad.
Esta lógica puede observarse en su cuenta de resultados. En 2024, los aprovisionamientos absorbieron 17,73 millones, los gastos de personal alcanzaron 16,94 millones, otros gastos de explotación sumaron 10,29 millones y las amortizaciones ascendieron a 12,44 millones.
Las cuatro partidas consumen prácticamente toda la actividad generada. La producción de billetes exige materias primas específicas, trabajadores cualificados, fuertes controles de seguridad y una inversión industrial elevada. No se trata de una imprenta comercial convencional: fabrica un producto cuyo error, pérdida o falsificación podría afectar directamente a la confianza en la moneda.
Un balance con 220 millones de patrimonio y sin deuda relevante
La principal fortaleza financiera de Imbisa está en su balance. Al cierre de 2024 contabilizaba activos por 227,26 millones de euros, de los que 169,05 millones correspondían a inmovilizado material. La cifra refleja el peso de sus instalaciones, maquinaria y equipos especializados.
El patrimonio neto ascendía a 220 millones, equivalente a casi el 97% del total del balance. La sociedad no registraba deuda financiera a largo plazo y mantenía únicamente unos 278.000 euros de deuda a corto plazo. Su pasivo total era muy reducido en relación con el tamaño de sus activos.
También disponía de 47,63 millones de euros en efectivo y activos líquidos equivalentes, frente a 36,96 millones un año antes. La tesorería aumentó cerca de 10,7 millones durante el ejercicio.
Estos datos permiten hablar de una estructura financiera prácticamente desapalancada. No obstante, la fortaleza no puede interpretarse del mismo modo que en una empresa privada. Imbisa cuenta con un accionariado público, un cliente principal vinculado a ese accionariado y una actividad respaldada por las necesidades del Eurosistema. Su riesgo comercial es, por ello, muy distinto al de una compañía obligada a competir continuamente por nuevos contratos.
La cifra de empleados disponible en la información registral asciende a 286 trabajadores. El gasto de personal de 16,94 millones representó aproximadamente el 29% de los ingresos de explotación de 2024.
El Banco de España pagó 61 millones por los billetes de 2025
La relación económica entre ambas entidades aparece con claridad en las cuentas de 2025 del Banco de España. Durante el ejercicio, el banco central pagó a Imbisa 61,13 millones de euros por la adquisición de 427,3 millones de billetes.
La producción estuvo compuesta por 336 millones de billetes de cinco euros y 91,3 millones de billetes de cincuenta. La división entre el gasto y las unidades facturadas arroja un coste medio aproximado de 14,3 céntimos por billete.
Ese promedio no permite conocer el precio exacto de cada denominación. Tampoco representa todos los costes del sistema de efectivo, ya que no incorpora necesariamente su transporte, distribución, clasificación, almacenamiento, retirada o destrucción. Es una media obtenida del importe pagado específicamente por la adquisición de los billetes.
El gasto total fue un 10,6% inferior al de 2024, cuando había alcanzado 68,40 millones. Sin embargo, el Banco de España reconoce que el precio medio aumentó. La factura disminuyó porque la producción pasó de 610,4 millones de billetes en 2024 a 427,3 millones en 2025.
Aquí aparece una diferencia importante entre la facturación anual de Imbisa y el gasto registrado por el Banco de España. Las cuentas societarias disponibles reflejan 58,47 millones de ventas en 2024, mientras las cuentas del banco central recogen 61,13 millones pagados en 2025. No deben compararse como si pertenecieran al mismo ejercicio ni como si midieran exactamente la misma fase contable.
Por qué no imprime todo el dinero que quiere
Imbisa no decide cuántos billetes fabricar ni puede ponerlos en circulación por iniciativa propia. La producción se integra en la planificación conjunta del Eurosistema.
El Banco Central Europeo calcula las necesidades anuales, distribuye la fabricación entre los bancos centrales nacionales y asigna determinadas denominaciones a distintas
imprentas acreditadas. Los billetes producidos pasan después a formar parte del sistema común y no tienen por qué circular exclusivamente en el país donde fueron fabricados.
Esta separación es esencial. Imbisa fabrica los billetes, pero no crea por sí misma el dinero. La emisión monetaria y la contabilización de los billetes corresponden al BCE y a los bancos centrales nacionales del Eurosistema.
El valor facial tampoco se convierte en ingreso de la imprenta. Aunque los billetes fabricados en 2025 representaban conjuntamente 6.245 millones de euros -1.680 millones en unidades de cinco y 4.565 millones en unidades de cincuenta-, Imbisa recibió por su producción 61,13 millones.
La diferencia no es un margen empresarial. Los 6.245 millones son el valor monetario representado por los billetes; los 61,13 millones son el coste pagado por fabricarlos. Imbisa vende un servicio industrial, no el dinero que aparece impreso sobre el papel.
Una empresa estratégica más que rentable
El análisis financiero deja una conclusión clara: Imbisa no está diseñada para convertirse en una gran generadora de beneficios. Está diseñada para asegurar que España mantiene capacidad industrial propia para producir billetes de euro.
Sus cuentas muestran ingresos suficientes para cubrir aprovisionamientos, personal, servicios y amortizaciones. Su resultado se mantiene prácticamente en cero, mientras el balance descansa sobre 220 millones de patrimonio neto, una tesorería elevada y una deuda financiera irrelevante.
En una compañía privada, los accionistas podrían exigir mayores márgenes, dividendos o rentabilidad sobre el capital. En Imbisa, la utilidad económica se mide de otra forma: continuidad del suministro, seguridad, conservación del conocimiento técnico y cumplimiento de los estándares europeos.
La forma de sociedad anónima le aporta una organización mercantil, pero no altera quién manda ni para qué existe. El Banco de España controla el 80% y actúa como su principal cliente y entidad de referencia. La participación restante también se encuentra vinculada al sector público.
Por tanto, la respuesta no admite demasiada ambigüedad: Imbisa es una empresa pública, aunque funcione mediante una sociedad anónima y esté sometida en buena parte al derecho privado.
No imprime billetes para ganar dinero con su valor facial. Los fabrica para que el Eurosistema pueda convertir un soporte físico de pocos céntimos en dinero seguro, reconocible y aceptado en toda la zona euro.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.









