Entrevista Santos M. Ruesga, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid

“La situación del sistema de pensiones no es insoportable y se puede abordar”

Santos M. Ruesga señala que el gasto aumentará hasta el 14% del PIB y que es una cuestión política que se garanticen unas prestaciones suficientes

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Manifestantes reclamando en València pensiones dignas. | Efe (M. Bruque)

Las pensiones son un tema recurrente en el espacio político-mediático español actual. Hace pocas semanas veíamos como la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo era incapaz de consensuar unas recomendaciones para mantener y mejorar el sistema de pensiones. Un hecho que no ocurría desde su creación en 1995.

Santos M. Ruesga, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.

El debate sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones lleva en vilo desde hace 25 años. Según datos del Banco de España, el déficit de la Seguridad Social se situó en el 1,6% del PIB en 2017, en contraste con el superávit promedio del 1,2% del PIB en los años previos a la crisis. Además, el aumento de la esperanza de vida y la jubilación de los baby boomers presionarán al alza el gasto en pensiones durante las próximas décadas.

De todo ello hablamos con Santos M. Ruesga, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los coordinadores del libro ‘¿Cobraremos la pensión?’. Fue, además, fue el único de los 12 miembros del comité de expertos que votó en contra del informe en el cual se basó el Ejecutivo para reformar las pensiones en 2013.

-Aumento del envejecimiento, ralentización del crecimiento económico, un mercado de trabajo que afectará previsiblemente a las bases de cotización… ¿Qué escenario se vislumbra para el sistema de pensiones español?

-No tiene porque ralentizarse el crecimiento, la productividad puede aumentar. El reto de la economía española es contar con una reserva de mano activa cualificada y aumentar la productividad.

La tendencia es que va a haber más población envejecida sobre la potencialmente activa, aunque la parte activa aún tiene un margen de recorrido. En términos económicos hay que tener en cuenta que pasa con la productividad. Si el cambio demográfico significa que la productividad crece porque hemos cambiado la estructura productiva no tiene porque producirse una caída tan intensa de los ingresos como se podría estar planteando.


El gasto público en pensiones seguirá en ascenso hasta el año 2050

En todo caso, posiblemente como apuntan las proyecciones, la tasa de actividad no va a crecer significativamente en los próximos años. El ratio activos-pasivos va a caer y en principio no se esperan grandes alegrías en materia de crecimiento de la productividad. Todo este conjunto de situaciones llevarían a que el gasto público, sino se alteran esos parámetros, seguiría en ascenso hasta el año 2050.

El problema de cierta entidad se sitúa entre el año 2025 y 2050 que es la entrada de la generación del baby boom. A partir de ahí estaríamos en un nivel de gasto mayor que en el momento actual de aproximadamente 3- 3,5 puntos de PIB superior al que tenemos ahora, pasaríamos a un gasto entorno al 13,5-14% del PIB. Esa sería la situación. Desde mi punto de vista, no es una situación insoportable y se puede abordar.

-Hace varias semanas asistíamos a la rotura de las negociaciones del Pacto de Toledo, ¿qué implica que no se haya alcanzado ningún consenso?

-Supone que estamos en el punto de salida. Un escenario en el que inciden las reformas del 2011 y del 2013 que, en ambos casos, significan una reducción a medio plazo de la pensión media. La relación entre lo que aportamos en financiación y lo que recibiremos en pensiones paulatinamente irá cayendo.

Si no hay cambios legislativos el resultado será que, a partir de 2050, el esfuerzo de pago de pensiones será similar al actual, pero con cinco millones más de pensionistas. Lo cual significa que en términos de poder adquisitivo las pensiones habrían perdido de media en torno a un 40%.

Lo que ocurre estos años es que aparte del problema demográfico está incidiendo el efecto alargado de la crisis y de algunas reformas que han afectado a la evolución de los ingresos del sistema. Los ingresos no acompañan al crecimiento del gasto porque han caído los salarios que son la base de las cotizaciones, representan el 90% de los ingresos de la Seguridad Social.

Este es el problema que a corto plazo estamos teniendo, que no es demográfico. El problema demográfico todavía no se ha materializado de manera intensa. La previsión de los demógrafos es que sea en el año 2025 aproximadamente.

-En varias de sus publicaciones cita el artículo 50 de la Constitución en el cuál se habla de la suficiencia de las prestaciones de jubilación, ¿qué deberíamos entender por suficiencia?

-Tal como esta el artículo, habla de una revalorización suficiente o adecuada. Mi interpretación es que al menos eso significa mantener el poder adquisitivo de las pensiones. Podríamos llevarlo un poco más allá, y decir que mantener el poder adquisitivo es que crezcan con el nivel de precios.

Podríamos llevarlo un poco más allá, en el sentido de entender que la suficiencia es mantener la relación que hay entre pensión y salario que se percibía antes de jubilarse. Mantener eso significa que las pensiones tendrían que subir lo que suben los precios y lo que suben los salarios en términos reales.

La cuestión es que en estos momentos, la pensión media en España está aproximadamente en un 55% del salario medio. Si todo sigue como está, perdería 15 puntos porcentuales la pensión con respecto al salario medio. Ese es el resultado de no haber aplicado medidas correctoras a las reformas.

-¿Por dónde pasaría para usted la reforma del sistema de pensiones?

Yo creo que al menos hay que garantizar la adecuación con el IPC. Incluso se podrían tomar reformas paramétricas que pudieran alterar la relación entre cotización y prestación, como puede ser alargar la edad jubilación una vez se llegue al límite de los 67 años en el 2027 que es lo que establecía la reforma de 2011. Probablemente habría que planteárselo con carácter discriminatorio, no para todo el mundo, sino para determinados segmentos de la población ocupada.

Es decir, que podríamos introducir algunos elementos correctores vía paramétrica, y no alterar la parte estructural. Con eso, en mi opinión, llegamos a un entorno del gasto del 13% del PIB, es más que ahora, pero es razonable.


“Necesitamos más ingresos para cubrir dos gastos sociales que van a crecer, que son las pensiones y la sanidad”

Tenemos que asumir que vamos a tener población más mayor y eso significará más gasto en pensiones y en sanidad. Pero no es tan grave en un país donde la presión fiscal está 5-6 puntos por debajo de la media de la Unión Europea.

Se pueden añadir otras fuentes que no necesariamente sean las cotizaciones. Mi opinión es que es mejor recaudar con los mecanismos tributarios que ya tenemos. Necesitamos más ingresos para cubrir dos gastos sociales que van a crecer, que son las pensiones y la sanidad.

-El sistema de pensiones español es un sistema profesional, de reparto y de prestación definida. Hay voces que señalan la pertinencia de avanzar hacia un modelo de capitalización. ¿Es viable y deseable?

-Es muy complicado porque pasar a un sistema de capitalización total de golpe requerirá un esfuerzo financiero impensable. Prácticamente debiéramos doblar durante una serie de años el gasto en pensiones. La transición es muy complicada.

Un sistema de beneficio definido como es el nuestro, de reparto con beneficio definido como es el nuestro, es muy eficiente en términos de cohesión social. En un sistema de capitalización sería todo lo contrario. La cohesión social es un elemento importante que en alguna medida está en el espíritu del modelo genérico que define la constitución de pensiones suficientes y adecuadamente revalorizadas. Este sería uno de los problemas derivados del paso a un sistema de capitalización.

-Preguntarle también por el papel que juega el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, ¿es una herramienta efectiva para garantizar la sostenibilidad del sistema?

-No es una herramienta muy efectiva. Es una herramienta que si existe está bien porque puedes tener un colchón sobre todo para eventualidades cíclicas.

¿Qué papel juega? Yo creo que es más el de evitar posibles alarmas sociales de que estamos siempre en crisis, pero claro, al mismo tiempo tiene mucha manipulación en términos políticos.

-La Seguridad Social se concibió como una cuenta aparte de la del Estado, ¿tiene sentido esa doble contabilidad?

-Desde mi punto de vista, y en términos de política económica pues no tiene mucho sentido. No le veo diferencia que lo paguen las cuentas de las administraciones públicas a que lo paguen las cuentas de la seguridad social.

-¿Qué opina de reformar las pensiones de viudedad?

-El debate está si siguen siendo pensiones contributivas o lo podemos pasar a una pensión complementaria. Pero en el camino se pueden hacer cosas, cabe una reordenación interna importante pensando en ampliar criterios de incompatibilidad y pensando sobre todo en el objetivo original de las pensiones de viudedad que era cubrir a las mujeres que no habían trabajado en su vida y que se quedaban viudas.

-Por último, ¿es posible mantener el sistema de pensiones sin reducción y deterioro de las prestaciones?

-Yo creo que sí. Todo lo que le he contado va en función de eso. Es decir, se pueden mantener. Hay que aportar algo más de ingresos y se podría mantener razonablemente bien la suficiencia de la pensión en los términos en los que nos movemos ahora, cerca del 50% del salario medio. En términos generales creo que es posible.

Pero eso son decisiones políticas. De hecho el que no se hayan aprobado estos días los acuerdos del Pacto de Toledo pues da una pauta de cómo van las cosas. Que hay una parte del espectro político y en definitiva de la población que no parecen estar animados a avanzar hacia una mayor dotación de recursos al sistema para que pueda cubrir con suficiencia los escenarios demográficos y económicos que puedan pasar en el futuro.

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