Castellón vuelve a mirar al gas: Ormuz amenaza los costes de la cerámica
La crisis de Ormuz vuelve a tensionar el gas y pone el foco en la cerámica de Castellón, que todavía soporta costes energéticos muy superiores a 2019
La crisis energética vuelve a llamar a la puerta de Castellón. Y lo hace antes de que la industria cerámica haya conseguido regresar completamente a la situación anterior al gran shock energético que comenzó a transformar sus costes hace cuatro años.
El nuevo foco está a más de 5.000 kilómetros de distancia, en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, sus consecuencias pueden terminar llegando directamente a los hornos de las fábricas castellonenses.
El encarecimiento internacional del gas y la electricidad provocado por las tensiones en Oriente Próximo ha llevado a la Alianza por la Competitividad de la Industria Española a estimar que la industria manufacturera española podría afrontar cerca de 7.400 millones de euros de sobrecostes energéticos acumulados desde el inicio del conflicto en el Golfo Pérsico y hasta final de 2026.
De ellos, aproximadamente 4.220 millones procederían del gas y 3.175 millones de la electricidad. La organización calcula, además, que el 70% del impacto previsto se concentraría en el último cuatrimestre del año.
La cifra es una estimación de las organizaciones industriales, no un coste ya soportado por las compañías. No obstante, pone nuevamente el foco sobre uno de los principales puntos débiles de la industria castellonense: su dependencia energética.
La cerámica todavía soporta el doble de coste energético por m² que antes de la crisis
La cerámica permite observar con especial claridad el impacto que una crisis internacional de la energía puede tener sobre una economía local.
Alrededor del 94% de la producción española de baldosas cerámicas está concentrada en la provincia de Castellón, que reúne aproximadamente el 80% de las empresas del sector.
El sector cerámico español genera cerca de 16.000 empleos directos y cerró 2025 con una facturación de 4.834 millones de euros, de los que 3.484 millones procedieron de las exportaciones, según ASCER.
Además, existe otra cifra que ayuda a entender la exposición del sector. La factura energética de la industria cerámica española alcanzó los 813,9 millones de euros en 2025, un 2,8% más que un año antes.
Y pese a que las empresas han reducido consumos específicos y los precios energéticos se habían alejado de los máximos de la anterior crisis, fabricar cada metro cuadrado de baldosa continuaba soportando en 2025 un coste energético aproximadamente dos veces superior al de 2019.
Es decir, la nueva crisis no llega a una industria que haya recuperado completamente su estructura de costes anterior. Al contrario. Llega a un sector que ya produce con una energía estructuralmente más cara.
¿Por qué el gas importa tanto para una baldosa?
La especial vulnerabilidad de Castellón no se explica únicamente porque sus empresas consuman mucha energía.
La cuestión fundamental es para qué necesitan esa energía. Una fábrica cerámica requiere procesos térmicos continuos de secado y cocción. Los hornos necesitan alcanzar temperaturas muy elevadas y el gas natural continúa desempeñando un papel fundamental.
Esto diferencia a la cerámica de otros sectores que pueden electrificar con mayor facilidad parte de sus consumos.
Una oficina puede instalar paneles solares y reducir significativamente la electricidad que compra a la red. Una fábrica azulejera también puede hacerlo para determinados consumos eléctricos, pero sustituir el gas necesario para alimentar sus hornos supone un reto tecnológico y económico considerablemente mayor.
Por eso cada nueva tensión sobre el mercado europeo del gas termina teniendo una derivada directa en Castellón.
La industria consume menos para fabricar más
El sector no ha permanecido inmóvil ante este problema. Las empresas cerámicas llevan años tratando de reducir la cantidad de energía necesaria para fabricar cada baldosa.
En 2025, la producción española aumentó un 1,7%, hasta los 423 millones de metros cuadrados. El consumo de gas natural creció un 1% y el consumo eléctrico un 3%. Sin embargo, gracias a las mejoras de eficiencia, el consumo específico de gas por metro cuadrado se redujo un 5%, mientras el consumo específico de electricidad cayó otro 2%.
También ha avanzado el autoconsumo. La energía fotovoltaica generada por las propias empresas ya cubre aproximadamente el 12% del consumo eléctrico del sector, frente al 9% del ejercicio anterior.
Pero estas mejoras tienen un límite frente a un shock internacional. Una empresa puede consumir menos gas por cada metro cuadrado producido. Lo que no puede controlar es cuánto cuesta ese gas en el mercado internacional.
Un problema de márgenes, pero también de exportaciones
El impacto tampoco termina en la factura energética. Castellón alberga una industria eminentemente exportadora. Aproximadamente siete de cada diez euros facturados por el sector proceden de mercados exteriores.
Eso significa que una subida energética no puede trasladarse automáticamente al precio de las baldosas.
Las empresas castellonenses compiten con fabricantes de Italia, Turquía, India, China y otros grandes productores internacionales.
Si una compañía repercute íntegramente el incremento energético en sus clientes, corre el riesgo de perder competitividad.
Si decide absorberlo, reduce sus márgenes. Y si la situación se prolonga, puede terminar afectando a decisiones de producción, inversión o empleo.
Ahí reside la verdadera dimensión económica de Ormuz para Castellón.
No se trata únicamente de cuánto sube el gas, sino de si las empresas castellonenses pueden soportar esa subida mejor o peor que sus competidores internacionales.
El CO2 añade otros 56 millones a la ecuación
La presión energética coincide además con otro coste creciente.
Las empresas cerámicas desembolsaron durante 2025 alrededor de 56 millones de euros en derechos de emisión de CO₂, un 53% más que el ejercicio anterior.
El incremento responde tanto al encarecimiento medio de los derechos como a la reducción progresiva de las asignaciones gratuitas.
Energía y CO₂ forman así dos caras del mismo problema. Las empresas necesitan invertir para descarbonizar sus procesos, pero esas inversiones llegan precisamente cuando los costes energéticos y regulatorios absorben una parte importante de sus recursos.
El recuerdo de 2022 sigue muy presente
Para Castellón, hablar de una nueva crisis del gas tiene además una dimensión diferente a la de otros territorios.
La anterior crisis energética obligó a las compañías cerámicas a ajustar producción, utilizar mecanismos como los ERTE y revisar sus estrategias de inversión.
El sector aprendió entonces hasta qué punto su competitividad podía depender de una variable decidida a miles de kilómetros de sus fábricas.
Desde entonces ha mejorado su eficiencia, aumentado el autoconsumo y reducido la cantidad de energía necesaria para fabricar cada metro cuadrado. Los datos de 2025 muestran una reducción del 5% en el consumo específico de gas y del 2% en el eléctrico.
Pero la dependencia del gas no ha desaparecido. Y precisamente por eso la evolución de Ormuz vuelve a observarse con especial atención desde Castellón.
De Ormuz a l’Alcora: miles de kilómetros que recorre el precio del gas
La Alianza por la Competitividad calcula que el nuevo escenario energético podría añadir cerca de 7.400 millones de euros a los costes de la industria manufacturera española desde el inicio del conflicto en el Golfo Pérsico y hasta final de año.
No existe todavía una estimación específica sobre qué parte de esa cantidad recaería sobre la cerámica de Castellón.
Además, sería incorrecto trasladar proporcionalmente los 7.400 millones al sector. Sin embargo, los datos disponibles permiten identificar claramente dónde se encuentra la vulnerabilidad.
Castellón concentra prácticamente toda la producción azulejera española; el sector necesita gas para procesos térmicos difíciles de sustituir a corto plazo; exporta aproximadamente el 72% de su facturación y, antes incluso del nuevo shock, su factura energética ya alcanzaba los 813,9 millones de euros anuales.
La crisis de Ormuz vuelve así a plantear una pregunta que la industria castellonense conoce demasiado bien: cuánto puede encarecerse la energía antes de que deje de ser únicamente un problema de costes y vuelva a convertirse en un problema de competitividad.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.









