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El negocio del caballo español galopa hacia el mercado internacional

El sector ecuestre mueve 7.393 millones de euros en España, aporta el 0,59% del PIB y sostiene cerca de 150.000 empleos

El negocio del caballo español galopa hacia el mercado internacional

Imagen cedida por la Ganadería Francisco Santiago

Publicado a 14/09/2026 18:21

El caballo es mucho más que tradición, deporte o patrimonio cultural. Alrededor de su cría y explotación se articula una industria que mueve cerca de 7.393 millones de euros en España, sostiene casi 150.000 empleos y genera actividad para ganaderos, veterinarios, jinetes, herradores, transportistas, fabricantes de alimentación y organizadores de competiciones. Dentro de esta economía, el Pura Raza Española (PRE) se ha convertido en uno de los principales activos internacionales.

El último balance del Libro Genealógico del PRE refleja el creciente alcance exterior de la raza. Durante 2025 se inscribieron 12.747 nuevos ejemplares y se dieron de alta 2.835 ganaderías. Al cierre del ejercicio, el censo alcanzaba los 291.138 caballos, pertenecientes a 51.354 ganaderías activas distribuidas en 71 países.

El 41% de los nuevos ganaderos registrados durante el año procedía del extranjero, especialmente de Italia, Estados Unidos y Alemania. Un dato que confirma el avance internacional de una raza que representa el 70% de los équidos inscritos en España, según ANCCE.

Sin embargo, el aumento del interés no elimina una de las grandes dificultades del sector: transformar el reconocimiento internacional del caballo español en una actividad rentable. La alimentación, la reproducción, los cuidados veterinarios y la preparación deportiva elevan la inversión mucho antes de que la ganadería pueda vender el animal.

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Una industria de casi 7.400 millones

El II Estudio del Impacto Económico del Sector Ecuestre en España, presentado en 2022, estimó en 7.392,6 millones de euros el movimiento económico anual relacionado con el caballo. Esta cifra representaba entonces el 0,59% del PIB español.

El impacto directo e indirecto se cifró en 5.777 millones, a los que se añadían otros 1.615 millones de impacto inducido, generado por el consumo asociado a las rentas de los trabajadores y empresas del sector. La actividad aportaba, además, más de 1.138 millones de euros a las arcas públicas y contribuía al mantenimiento de 149.863 empleos.

El estudio contabilizó 722.158 caballos y 188.286 explotaciones. Son cifras referidas al periodo analizado y, por tanto, no constituyen una fotografía actualizada de 2026, pero continúan siendo la estimación económica integral más reciente publicada por la Real Federación Hípica Española.

La cadena de valor comienza antes incluso del nacimiento del potro. Comprende la selección de los progenitores, la adquisición de semen, la inseminación, la gestación y los cuidados de la yegua. Después llegan la alimentación, el alojamiento, los controles veterinarios, el herraje, la doma, el entrenamiento, el transporte y, si el caballo alcanza el nivel suficiente, las competiciones.

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Una ganadería orientada al mercado internacional

María Fernández, representante y gestora de Ganadería Francisco Santiago, explica que la rentabilidad depende en gran medida del modelo elegido por cada criador y del tipo de caballo que produce.

«Es muy subjetivo. Depende de cada ganadería, del tipo de crianza que tenga y de cómo seleccione su producto», señala. En su caso, la explotación está especializada en caballos PRE destinados a la doma clásica y dirige buena parte de su comercialización hacia Europa, América y Brasil.

María Fernández aprecia diferencias entre la demanda nacional y la internacional. «Los extranjeros piden más caballo de deporte. Aquí en España se vende más el caballo orientado al ámbito morfológico, en el que se valora especialmente la belleza del animal», explica.

No obstante, la representante de la Ganadería Francisco Santiago observa que un número creciente de criadores españoles está orientando su selección hacia el deporte internacional. Ese cambio responde, en parte, a la demanda de compradores extranjeros que viajan a España buscando caballos con cualidades para la doma clásica.

La ganadería, liderada por Francisco Santiago Ruiz, cuenta actualmente con unas 130 cabezas y obtiene entre 25 y 30 potros al año, principalmente de capa castaña y negra. Lleva cerca de medio siglo criando caballos españoles y ha alcanzado una notable proyección deportiva internacional.

Uno de sus ejemplares llegó a competir en los Juegos Olímpicos de París. Alcanzar ese nivel, recalca María Fernández, es el resultado de muchos años de selección, entrenamiento e inversión, y no únicamente de disponer de un caballo con buenas condiciones iniciales.

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Imagen cedida por la Ganadería Francisco Santiago

El coste comienza antes del nacimiento

Poner un precio medio a un PRE resulta complicado porque intervienen la edad, la genealogía, la conformación, la doma, el estado sanitario y el potencial deportivo. También influye el reconocimiento de la ganadería y, sobre todo, la trayectoria competitiva del ejemplar.

María Fernández calcula que el coste inicial de un potro puede situarse ya entre 3.500 y 4.000 euros durante su primer año, contando la gestación y los principales gastos asociados. En esa cantidad entran el mantenimiento de la yegua, la inseminación, el semen, los cuidados veterinarios y la alimentación.

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Ganadería Francisco Santiago no suele comercializar sus ejemplares inmediatamente después del nacimiento. «Me gusta esperar aproximadamente hasta los dos años para saber por dónde puede ir el animal», expresa su representante.

Cuando el caballo se acerca a los tres años y comienza su preparación para la doma, un ejemplar de nivel medio puede necesitar un precio de entre 15.000 y 16.000 euros simplemente para cubrir los costes acumulados, según los cálculos de la ganadería. A partir de ahí, el importe puede aumentar sustancialmente en función de la calidad y de la evolución deportiva.

La dimensión de la explotación también condiciona las cuentas. Criar entre 25 y 30 potros anuales representa actualmente un volumen considerable. María Fernández cree que las grandes ganaderías tradicionales tenderán a perder peso frente a un modelo más extendido internacionalmente: numerosos criadores, pero con producciones de dos, tres o cuatro animales al año.

«Cada vez están desapareciendo más las ganaderías tan grandes», sostiene. Entre las razones señala el aumento de los costes y la dificultad de encontrar salida comercial para todos los ejemplares producidos. La alimentación constituye, en su caso, una de las partidas más importantes.

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La carrera para fabricar un caballo de élite

El salto desde la cría hasta la competición internacional multiplica la inversión. Un caballo de alto rendimiento requiere un jinete especializado, seguimiento veterinario frecuente, herradores, alimentación adaptada, suplementos, desplazamientos y participación continuada en concursos.

«Hay que hacerse a la idea de que es como un futbolista de alto rendimiento», resume María Fernández. La comparación ayuda a entender por qué el valor de un caballo internacional no depende únicamente de su genética o de su apariencia.

Solo el transporte a una competición en Alemania o Bélgica puede costar entre 7.000 y 8.000 euros, según su experiencia. A esa factura hay que sumar el desplazamiento y los honorarios del jinete, el alojamiento, la manutención del equipo, las inscripciones, los cuidados veterinarios y el resto de servicios necesarios.

Ganadería Francisco Santiago trabajó durante cinco años con el jinete olímpico José Daniel Martín Dockx para desarrollar uno de sus caballos hasta la máxima competición. Este recorrido ejemplifica el tiempo y los recursos necesarios para que un potro con condiciones llegue a convertirse en un caballo de élite.

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Imagen cedida por el jinete Guillermo García Ayala, de la Ganadería Susaeta

El PRE mejora sus movimientos

Desde la perspectiva deportiva, Guillermo García Ayala, jinete de Yeguada Susaeta, considera que el Pura Raza Española ha experimentado una evolución «muy positiva» durante los últimos 15 años.

La mejora resulta especialmente visible en los aires básicos del caballo: paso, trote y galope. «Cada vez tenemos caballos jóvenes con mayor proyección. Se ha mejorado bastante la calidad de los aires«, explica.

Este avance responde a los programas de selección impulsados por la Real Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (ANCCE) y por los propios ganaderos, pero también al trabajo realizado por los jinetes. El resultado son caballos que se desplazan con mayor amplitud y mejores mecánicas, dos cualidades fundamentales para competir en doma clásica.

Sin embargo, un movimiento llamativo cuando el caballo está en libertad no garantiza por sí solo su rendimiento deportivo. García Ayala destaca otros factores, como el equilibrio natural, la fuerza del dorso y la capacidad para transportar al jinete sin perder soltura ni alterar los movimientos.

«No vale con ver un caballo en libertad o trabajando a la cuerda que se mueve maravillosamente bien si después le pones un jinete y no es capaz de transportarlo con una cierta soltura natural», advierte.

A partir de estas aptitudes iniciales, el programa de entrenamiento permite desarrollar aspectos como la relajación, el equilibrio y la impulsión. La calidad natural fija el potencial, pero la evolución final depende también de la preparación y de la capacidad del jinete para llevar al caballo progresivamente hacia ejercicios de mayor dificultad.

La competición transforma el valor del caballo

Además de medir el rendimiento, la competición funciona como una herramienta comercial para las ganaderías. Los resultados permiten diferenciar a un ejemplar, demostrar sus cualidades y construir un palmarés verificable ante compradores, criadores e inversores.

«Un caballo se diferencia de los demás cuando comienza a exponerse y a obtener resultados», afirma García Ayala. Cuando un semental destaca, otras explotaciones pueden interesarse por utilizar su genética. Crecen entonces las posibilidades de vender semen y aumenta también la valoración de sus descendientes.

El reconocimiento deportivo puede impulsar simultáneamente el precio del propio caballo, de sus hijos y de otros ejemplares emparentados dentro de la ganadería. La competición se convierte así en una inversión de promoción y no solo en un objetivo deportivo.

García Ayala considera trascendental situar los caballos en manos de jinetes capaces de mostrar su potencial, junto con inversores y patrocinadores que permitan sostener su trayectoria competitiva.

Un ejemplar puede reunir grandes condiciones, pero, si no entra en el circuito y no construye un palmarés, resulta más difícil que el mercado reconozca todo su valor. La exposición en los cuadrilongos de doma clásica o en disciplinas emergentes como la equitación de trabajo permite llegar también a compradores aficionados que descubren los caballos en competiciones nacionales e internacionales.

Firma
Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
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