Nuria Castellar, Leader Comunitat Valenciana en Claire Joster Executive
Vaya por delante que mi conocimiento sobre fútbol es limitado, pero como desde Economía 3 nos preguntamos constantemente qué podemos aprender de los modelos de negocio que funcionan y cómo podemos trasladar esas enseñanzas al tejido empresarial, hoy en mi tribuna reflexiono sobre como podría crecer el negocio del fútbol español.
Al observar fenómenos como los conciertos de Shakira y Bad Bunny o la forma en que la NFL convierte cada partido en una experiencia que va mucho más allá del deporte, resulta inevitable preguntarse qué podría aprender de ellos el fútbol español. Porque, muchas veces, innovar no consiste en inventar algo completamente nuevo, sino en mirar qué está funcionando en otros sectores y saber adaptarlo.
Shakira y Bad Bunny han conseguido algo que va mucho más allá de llenar estadios: han logrado que el público entienda que la experiencia empieza mucho antes de que se enciendan los focos y termina bastante después de la última canción.
En sus conciertos, el asistente no compra únicamente una entrada, compra una jornada. Viaja, come, consume, visita espacios de marca, adquiere merchandising y permanece durante horas alrededor del recinto. Esa capacidad para convertir un espectáculo de dos horas en una experiencia de prácticamente un día tiene una traducción económica evidente.
Y quizá el fútbol español podría mirar con más atención a ese modelo.
No hace falta irse muy lejos para encontrar ejemplos. Bad Bunny convirtió el Metropolitano en Madrid en una residencia de diez conciertos, mientras que Shakira ha llevado todavía más lejos el concepto de gran evento con varias fechas consecutivas y una infraestructura concebida alrededor del espectáculo.
La cuestión que me planteo es que, si conseguimos que un espectador llegue tres horas antes a un concierto, ¿por qué seguimos aceptando que buena parte del público de un partido de fútbol llegue apenas media hora antes y abandone el estadio en cuanto termina?
En Estados Unidos llevan años trabajando precisamente sobre esa idea.
La NFL no entiende el partido únicamente como el tiempo que transcurre entre el saque inicial y el final. Alrededor de los estadios se organizan zonas de ocio, restauración, música, merchandising, actividades familiares y espacios patrocinados.
La lógica económica es conseguir que el aficionado permanezca más tiempo dentro del ecosistema del estadio.
Y ahí está probablemente una de las mayores oportunidades para nuestro fútbol.
LaLiga superó los 11,6 millones de espectadores en Primera División durante la temporada 2025-2026. Si cada uno de esos asistentes gastara solo cinco euros adicionales gracias a una mejor oferta gastronómica, comercial o de entretenimiento, estaríamos hablando de cerca de 60 millones de euros de gasto añadido.
Lo cierto es que en España el nuevo Santiago Bernabéu es probablemente el mejor ejemplo de que algo está cambiando. El Real Madrid ha multiplicado los ingresos vinculados al estadio respecto a los años anteriores a su remodelación, gracias a una estrategia que incluye hospitality, restauración, museo, tienda, eventos y nuevas experiencias.
El Spotify Camp Nou avanza también en esa dirección, con una apuesta especialmente intensa por las zonas premium y los nuevos servicios.
El estadio ya no quiere vivir únicamente unas pocas horas cada dos semanas, quiere ser un activo explotable todos los días del año.
Pero todavía queda un paso adicional: transformar también el propio día de partido.
¿Por qué no abrir grandes zonas gastronómicas y de ocio tres horas antes, crear actividades para familias, desarrollar productos intermedios entre la entrada convencional y el palco VIP o programar actividades después del partido para evitar que 50.000 personas abandonen simultáneamente el recinto?
El fútbol tiene además una ventaja enorme frente a cualquier concierto, no necesita convencer al público para que acuda, el público ya está allí.
Es cierto que el fútbol europeo tiene una cultura propia y una de sus grandes virtudes es precisamente la continuidad del juego, no se trata de llenar nuestros partidos de cheerleaders, actuaciones constantes o interrupciones artificiales.
Pero sí de aprender de la lección americana, que no está en copiar el espectáculo, sino en copiar la mentalidad empresarial.
Shakira y Bad Bunny han entendido que el valor económico de un espectador no termina cuando compra su entrada y la NFL tampoco.
Cada asistente puede consumir restauración, merchandising, servicios premium, experiencias, ocio y contenidos alrededor del evento.
Durante décadas en España hemos medido el éxito de un estadio por su capacidad y, después, por su ocupación.
Quizá el siguiente indicador sea otro: cuánto tiempo conseguimos que permanezca cada espectador dentro y cuánto valor somos capaces de ofrecerle durante esas horas.
Porque el negocio del fútbol seguirá estando en los 90 minutos, pero buena parte de su crecimiento puede estar precisamente en todo lo que ocurre antes y después del partido.
Nuria Castellar, Leader Comunitat Valenciana en Claire Joster Executive
Elisa Valero, Socia-directora de Economía 3
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