Logotipo de Mujeres al Timón Mujeres al Timón
Club Alcatí
Martes, 08 de Septiembre de 2026
Pulsa ENTER para buscar
Infonif Club Empresas Podcast Rankings Eventos Revistas
Agencia SEO BEOS

Rusia crece solo un 0,6% y su economía civil empieza a detenerse

El PIB ruso apenas creció un 0,6% durante el primer semestre. Massimo Cermelli, profesor de Deusto Business School, advierte de que el gasto militar sostiene las cifras, pero debilita la inversión, el consumo y la capacidad productiva futura

Rusia crece solo un 0,6% y su economía civil empieza a detenerse
Publicado a 08/09/2026 18:21

La economía rusa no se encuentra ante un colapso inmediato, pero comienza a mostrar síntomas de un desgaste cada vez más difícil de ocultar. Después de crecer con fuerza durante los primeros años de la guerra en Ucrania, impulsada por el gasto militar, Rusia se enfrenta ahora a una combinación especialmente complicada: actividad prácticamente estancada, tipos de interés elevados, inflación persistente, escasez de trabajadores y debilidad de la economía civil.

El director general de Sberbank, Guerman Gref, uno de los empresarios más influyentes del país, ha descrito la situación con una expresión gráfica: la economía rusa se está «congelando» y habría entrado ya en un estado de «hipotermia».

Rentbis

Sus palabras llegan después de que el producto interior bruto ruso creciera únicamente un 0,6% interanual durante el primer semestre de 2026, según la estimación de Rosstat. El dato es muy inferior a las tasas superiores al 4% registradas en 2023 y 2024, cuando la movilización industrial y el aumento del gasto público relacionado con la guerra dispararon la actividad.

Rusia ha pasado, por tanto, del sobrecalentamiento provocado por el gasto bélico a un enfriamiento forzado por los elevados tipos de interés.

Culb deportivo empresarial Alcatí

Massimo Cermelli, profesor de Economía y Ética Empresarial de Deusto Business School, considera que, por el momento, se trata de una desaceleración coyuntural, aunque advierte de que ya se están creando las condiciones para que se convierta en un problema estructural.

«Ahora mismo registramos un dato coyuntural, pero la tendencia apunta a un deterioro de la economía. Si la guerra y las sanciones continúan, este desgaste podría transformarse lentamente en un estancamiento económico», explica a Economía 3.

El verdadero riesgo está en la caída de la inversión

El crecimiento del 0,6% evidencia la pérdida de velocidad de la economía rusa, pero Cermelli señala que el dato más preocupante no es necesariamente el PIB actual, sino la evolución de la inversión.

«Lo realmente alarmante no es tanto el crecimiento del 0,6%, sino la caída de la inversión real. Menos inversión hoy significa menos capacidad productiva, menos productividad y un menor crecimiento potencial mañana», advierte.

Sistemarq Reformas integrales

Esta diferencia resulta fundamental. Una economía puede mantener temporalmente su actividad mediante el gasto público, pero si las empresas reducen sus inversiones en maquinaria, tecnología, instalaciones o nuevos proyectos, disminuye su capacidad para crecer durante los siguientes años.

Rusia continúa destinando una gran cantidad de recursos a la defensa y a las industrias vinculadas con la guerra. Esta demanda pública sostiene la producción armamentística, la metalurgia, determinados segmentos industriales y parte del empleo. Sin embargo, no implica necesariamente que el conjunto de la economía esté funcionando de manera saludable.

finanedi

«Una parte importante del crecimiento se debe al propio gasto militar. El problema es que ese impulso no llega de la misma forma a la economía doméstica, al consumo, a la inversión privada o a la industria civil», señala Cermelli.

El resultado es una economía cada vez más dividida. Por un lado, las empresas relacionadas con la defensa reciben contratos y recursos públicos. Por otro, numerosas compañías orientadas al consumidor afrontan créditos caros, mayores costes, dificultades para importar tecnología y una pérdida de poder adquisitivo de los hogares.

Acelerador fiscal y freno monetario

Cermelli resume la contradicción rusa mediante una imagen: el país conduce con el acelerador y el freno pisados al mismo tiempo.

«La economía rusa funciona con el acelerador fiscal y el freno monetario activados simultáneamente. El Gobierno mantiene elevado el gasto asociado a la guerra, mientras el Banco Central utiliza unos tipos de interés del 14% para contener la inflación generada, en parte, por ese mismo gasto», afirma.

El aumento del gasto militar introduce más dinero y demanda en la economía, pero Rusia no dispone de suficiente capacidad productiva, trabajadores y suministros para responder sin generar presiones sobre los precios. Ante esa inflación, el Banco Central encarece el crédito para reducir el consumo y la inversión.

El Banco de Rusia mantiene como prioridad devolver la inflación hacia su objetivo del 4%. Su última encuesta macroeconómica refleja que los analistas han elevado hasta el 6,6% su previsión de inflación para 2026, mientras esperan un crecimiento del PIB próximo al 0,5%.

La autoridad monetaria se encuentra así ante un difícil equilibrio. Si mantiene los tipos elevados, puede seguir debilitando la inversión y la economía civil. Si los reduce demasiado deprisa, corre el riesgo de reavivar la inflación y acelerar la depreciación del rublo.

¿A quién beneficia una bajada de tipos?

Gref sostiene que la economía rusa no recuperará un crecimiento estable hasta que los tipos de mercado bajen al entorno del 10% o el 12%. El máximo responsable de Sberbank reclama, por ello, una política que facilite nuevamente el crédito y la inversión empresarial.

Cermelli reconoce que el diagnóstico contiene una parte de verdad, pero recomienda interpretar las palabras del banquero teniendo en cuenta los intereses de la entidad que dirige.

«Gref tiene razón al advertir del daño que los tipos están provocando sobre la inversión. Pero el Banco Central también tiene razón al temer que una bajada rápida agrave la inflación y la depreciación del rublo», matiza.

El profesor recuerda que Sberbank es el mayor banco ruso y se beneficiaría directamente de una recuperación del crédito. La entidad, además, espera alcanzar un beneficio récord en 2026, superior a los 1,7 billones de rublos obtenidos el pasado ejercicio.

«Sberbank es parte interesada. No está alertando de una posible quiebra del banco, porque la entidad espera beneficios récord. Su intervención forma parte de una disputa sobre quién debe soportar el coste del ajuste», sostiene Cermelli.

Una reducción rápida de los tipos facilitaría la concesión de préstamos y ayudaría al negocio bancario, pero el posible repunte de la inflación recaería principalmente sobre los hogares.

«Bajar los tipos podría trasladar una parte mayor del coste desde el sector financiero hacia la ciudadanía a través de la inflación. No existe una solución gratuita: alguien termina soportando ese ajuste», añade.

Debilitar el rublo tampoco sale gratis

Otra de las opciones defendidas por algunos sectores empresariales consiste en permitir una mayor depreciación del rublo. Una moneda más débil favorecería a los exportadores rusos, ya que recibirían más rublos por sus ventas de petróleo, gas y otras materias primas en el exterior. También elevaría los ingresos públicos cuando esos recursos se convirtieran a la moneda nacional.

Sin embargo, la medida tendría una importante contrapartida. «Debilitar el rublo beneficia a los exportadores y aumenta los ingresos públicos, pero encarece las importaciones. La maquinaria y la tecnología procedentes del exterior cuestan más, alimentan la inflación y reducen el poder adquisitivo de los ciudadanos», argumenta Cermelli.

La depreciación podría ofrecer un alivio presupuestario a corto plazo, pero incrementaría el coste de los equipos, componentes y tecnologías que Rusia todavía necesita comprar fuera del país. Esta dificultad se ha intensificado por las sanciones occidentales y por la reorientación del comercio ruso hacia China y otros mercados asiáticos.

Las sanciones provocan una «corrosión lenta»

Las sanciones impuestas por la Unión Europea, Estados Unidos y otros países no causaron el derrumbe inmediato de la economía rusa que algunos pronosticaron al comienzo de la invasión. Moscú consiguió redirigir una parte de sus exportaciones energéticas, sustituir algunas importaciones y mantener la actividad mediante un fuerte aumento del gasto público.

Sin embargo, que la economía no se haya hundido no significa que las sanciones carezcan de efectos.

«Las sanciones no han generado el colapso inmediato que se esperaba, pero sí están provocando un desgaste acumulativo», sostiene Cermelli.

Ese impacto se manifiesta a través de unos mayores costes comerciales y financieros, una menor competencia, dificultades para acceder a tecnología avanzada y una creciente dependencia de un número reducido de socios.

«Lo que están provocando es una corrosión lenta», añade el economista de Deusto Business School. «Rusia soporta mayores costes comerciales, una mayor dependencia tecnológica y una pérdida progresiva de competitividad».

El efecto puede resultar menos visible que una caída brusca del PIB, pero compromete la modernización industrial y la capacidad de las empresas rusas para competir internacionalmente durante los próximos años.

El bajo desempleo esconde una falta de trabajadores

Uno de los datos que aparentemente reflejan una mayor fortaleza es el desempleo, situado alrededor del 2,3%, uno de los niveles más bajos de la historia reciente de Rusia. Sin embargo, Cermelli considera que debe interpretarse con cautela.

«Si se observa únicamente el número, parece un dato extraordinariamente positivo. Cuando se analiza con mayor profundidad, lo que refleja es una grave escasez de mano de obra», asegura.

La movilización militar, la emigración de trabajadores desde el inicio de la guerra, el envejecimiento de la población y la absorción de empleados por parte de la industria de defensa han reducido la disponibilidad de profesionales para el resto de las empresas.

«Rusia tiene un problema de absorción laboral por parte del sector militar. La falta de trabajadores no está disminuyendo, sino que continúa creciendo. Algo que parece una fortaleza puede convertirse en un serio obstáculo a medio y largo plazo», explica.

Esta escasez presiona los salarios al alza sin que necesariamente aumente la productividad. Las compañías compiten por una cantidad limitada de empleados y trasladan una parte de esos mayores costes a los precios, complicando aún más la lucha contra la inflación.

El consumo será el primero en notar el estancamiento

Si Rusia mantuviera durante 2027 un crecimiento próximo al 0,6%, los primeros sectores afectados serían aquellos más dependientes del gasto de las familias.

«El estancamiento no se está produciendo en la industria armamentística, sino en los sectores de la economía doméstica: el consumo diario, el textil, los viajes, el turismo y las actividades que dependen directamente de las decisiones de los hogares», afirma Cermelli.

La alimentación resistiría mejor por tratarse de un gasto imprescindible, aunque tampoco quedaría completamente protegida ante la pérdida de poder adquisitivo. Los hogares reducirían primero las compras de ropa, productos no esenciales, ocio y viajes.

Esta divergencia puede permitir que las cifras generales del PIB continúen en terreno positivo mientras empeora la situación de numerosas empresas y consumidores. El gasto militar sostiene la producción agregada, pero no evita necesariamente la pérdida de bienestar de la población.

Una economía que paga el coste de la guerra

La economía rusa no está al borde de un hundimiento repentino. Conserva importantes ingresos energéticos, un bajo nivel de deuda pública y una elevada capacidad de intervención estatal. El propio Vladímir Putin ha defendido que el creciente déficit presupuestario no representa una amenaza crítica y ha respaldado la política destinada a controlar la inflación.

Pero el debate ya no gira únicamente alrededor de si Rusia puede continuar financiando la guerra. La cuestión es cuánto deterioro económico puede acumular mientras lo hace.

«No estamos ante un colapso inmediato, -resume Cermelli- sino ante una erosión lenta y progresiva de la economía civil y, sobre todo, de la capacidad de crecer en el futuro».

Una resolución del conflicto aliviaría parte de las presiones fiscales, monetarias y comerciales, aunque sus efectos no desaparecerían inmediatamente. La inversión perdida, la dependencia tecnológica, la emigración y la reducción de la capacidad productiva tardarían tiempo en recuperarse.

Firma
Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
Artículos relacionados
CEU ECO MARKETING
Toros ÀPunt 8 septiembre
toros septiembre ÀPunt
Últimas Noticias
CEU ECO MARKETING
Plan 2026-2030
Agencia SEO BEOS
¿Sabías que...?
toros septiembre ÀPunt
Culb deportivo empresarial Alcatí
Pla 2026-2030