FC Barcelona: cuánto futuro ha vendido Laporta para reconstruir sus cuentas
El FC Barcelona mejoró las cuentas y pasó de perder 481 millones en 2020/21 a cerrar 2024/25 con 994 millones de ingresos y dos millones de beneficio ordinario. La deuda se redujo hasta 469 millones y la masa salarial bajó al 54% de los ingresos, pero la recuperación ha exigido vender derechos, jugar en Montjuïc y financiar el nuevo Camp Nou.
Joan Laporta regresó a la presidencia del FC Barcelona en marzo de 2021 con un patrimonio neto negativo de 451 millones de euros, 533 millones de deuda bancaria, 63 millones de tesorería disponible y una plantilla cuyo coste no era compatible con los ingresos que el club podía generar después de la pandemia.
Cuatro años más tarde, el Barça cerró 2024/25 con 994 millones de ingresos, un beneficio ordinario de dos millones, deuda de 469 millones y un coste salarial equivalente al 54% de los ingresos ordinarios. Lo hizo después de pasar dos temporadas completas en el Estadi Olímpic Lluís Companys y antes de recuperar toda la capacidad comercial del Spotify Camp Nou.
La diferencia parece una recuperación rápida. Sin embargo, una parte del camino no se financió únicamente mediante beneficios y flujo de caja ordinario. El club vendió porcentajes de derechos audiovisuales, monetizó activos vinculados al negocio digital, refinanció deuda y estructuró una financiación específica para Espai Barça.
La información financiera utilizada en este artículo ha sido ofrecida por Infonif a partir de fuentes oficiales y registrales, y se ha contrastado con las cuentas consolidadas, memorias, presupuestos y presentaciones económicas publicadas por el FC Barcelona.
Tres entregas esta semana analizan la historia económica de uno de los mejores equipos del mundo: «FCB Guardiola y Laporta: cómo el mejor equipo del mundo convirtió el fútbol en una máquina de ingresos», «FC Barcelona, Rosell y Bartomeu: cómo el club de los 1.000 millones terminó con 481 millones de pérdidas» y «FC Barcelona y las palancas de Laporta: cuánto futuro ha vendido el club para reconstruir sus cuentas».
La pregunta no es si las palancas aportaron dinero: lo hicieron. La cuestión es qué recibió el club, qué cedió a cambio y cuánto depende la recuperación definitiva del regreso al nuevo Camp Nou.
Laporta recibió una emergencia de liquidez, no una reconstrucción normal
El balance de 2020/21 impedía actuar como si el Barça atravesara una mala temporada convencional.
La pérdida de 481 millones había dejado el patrimonio neto en negativo. La deuda bancaria ascendía a 533 millones y los compromisos deportivos incluían salarios elevados, amortizaciones y pagos pendientes.
El primer objetivo fue ganar tiempo.
La Asamblea aprobó en junio de 2021 una nueva financiación de hasta 525 millones de euros. En agosto se emitieron instrumentos de deuda destinados a reestructurar obligaciones financieras y aportar liquidez.
Una refinanciación no reduce automáticamente la deuda. Cambia vencimientos, condiciones, garantías y disponibilidad de tesorería. Su valor está en evitar que los pagos de corto plazo obliguen a vender activos precipitadamente o impidan atender la actividad ordinaria.
El club también debía reducir el coste de la plantilla. Algunas remuneraciones fueron renegociadas o diferidas y se produjeron salidas de jugadores. La marcha de Lionel Messi en agosto de 2021 fue la expresión más visible de la incapacidad para inscribir una renovación dentro de las restricciones económicas aplicables.
La salida reducía compromisos futuros, pero también eliminaba al mayor activo deportivo y comercial del equipo. Ahorrar salario no equivale automáticamente a mejorar el negocio si el jugador también produce ingresos, audiencia y competitividad.
La dirección tuvo que reconstruir simultáneamente la cuenta de resultados y el rendimiento deportivo.
La pérdida de 2020/21 no se podía revertir únicamente recortando
Reducir salarios era necesario, pero insuficiente.
Un patrimonio negativo de 451 millones no se corrige con un ahorro puntual de veinte o treinta millones. El Barça necesitaba recuperar ingresos, generar beneficios y reconocer operaciones extraordinarias capaces de reconstruir fondos propios.
La dificultad era que la actividad ordinaria todavía no se había normalizado por completo. La temporada 2021/22 comenzó con restricciones y con una plantilla deportiva debilitada.
El club buscó nuevas fuentes de financiación y explotación comercial. El acuerdo con Spotify proporcionó un patrocinador principal para la camiseta y los derechos de denominación del estadio. La operación reforzó ingresos recurrentes, aunque las cifras individualizadas de todos los componentes no se publicaron con el mismo nivel de detalle.
También se intensificó el control del coste deportivo. Las cuentas de 2021/22 reflejaron gastos de la primera plantilla inscribible de 314,2 millones, frente a 366,1 millones en 2020/21. La ratio definida para ese indicador pasó del 60% al 33%, favorecida también por el fuerte incremento de los ingresos relevantes.
La reducción fue significativa, pero la mejora del denominador incluía operaciones extraordinarias. Por eso la ratio no debe interpretarse como si todo el cambio procediera de una rebaja salarial estructural.
Las palancas: ingresar hoy a cambio de compartir ingresos futuros
En 2022, el Barça activó las operaciones conocidas como palancas económicas.
La más importante consistió en vender porcentajes de los derechos audiovisuales de LaLiga durante un periodo prolongado. En 2021/22, la cuenta de resultados incorporó 266 millones vinculados a la venta de un 10% de esos derechos.
Posteriormente se realizaron operaciones adicionales sobre derechos televisivos y activos relacionados con Barça Studios.
Desde un punto de vista financiero, una palanca transforma un flujo futuro en recursos presentes. El club recibe dinero y puede reconocer un resultado según la estructura de la operación. A cambio, deja de percibir durante años una parte de los ingresos cedidos o comparte el valor del activo con un tercero.
No es un préstamo tradicional porque no siempre existe una devolución fija del principal. Tampoco es ingreso operativo ordinario: no procede de vender entradas, camisetas o retransmisiones de esa temporada.
La ventaja es inmediata. Refuerza patrimonio, tesorería y capacidad de inscripción. Permite invertir en plantilla y evitar que toda la reconstrucción deportiva quede aplazada.
El coste es intertemporal. Los presidentes futuros dispondrán de una parte menor de determinados ingresos. Para que la operación cree valor, los recursos recibidos deben utilizarse de forma que el crecimiento posterior compense lo cedido.
La decisión se parece a vender una participación en una carretera de peaje: entra dinero ahora, pero una parte de los cobros futuros pertenece a otro inversor.
El beneficio de 2021/22 no fue todo ordinario
El Barça cerró 2021/22 con una mejora radical respecto a la pérdida de 481 millones del ejercicio anterior.
Sin embargo, la lectura debe separar la actividad recurrente de las operaciones extraordinarias. La venta de derechos audiovisuales contribuyó de forma decisiva al resultado y al restablecimiento patrimonial.
Eso no invalida la recuperación. El club necesitaba corregir el balance y utilizó activos que podían monetizarse sin cambiar su forma jurídica ni vender directamente la propiedad de la entidad.
Pero tampoco significa que el negocio ordinario hubiera quedado saneado en un solo año.
La prueba real era volver a generar beneficios sin repetir continuamente ventas de derechos. Para ello había que reducir la masa salarial, recuperar ingresos comerciales y mejorar el estadio.
En paralelo, el club volvió a invertir en jugadores. Las incorporaciones pretendían restaurar competitividad y, con ella, ingresos de competiciones, televisión, estadio y patrocinio.
El riesgo era utilizar una operación irrepetible para financiar costes recurrentes. Si el dinero extraordinario se destinaba a salarios que se repetirían cada temporada, la presión reaparecería cuando se agotara la entrada inicial.
2022/23: el estadio demostró cuánto podía producir antes de desaparecer
La temporada 2022/23 fue importante porque combinó recuperación deportiva y explotación completa del Camp Nou antes del traslado a Montjuïc.
El club afirmó que recuperó el 95% de los ingresos recurrentes de 2018/19 y alcanzó un récord histórico de 229 millones de euros en ingresos de estadio.
El dato mostraba la potencia del activo. El Camp Nou podía generar entradas, abonos, hospitalidad, museo, restauración y actividad comercial en una escala difícil de sustituir.
También explicó el problema de la temporada siguiente. Para acometer la remodelación, el primer equipo debía abandonar temporalmente el estadio y jugar en el Olímpic Lluís Companys.
Montjuïc tenía menor aforo, menos localidades premium y una capacidad comercial inferior. El Barça aceptaba perder ingresos durante la obra con la expectativa de obtener después un recinto mucho más rentable.
Financieramente, el proyecto combinaba dos presiones:
- menor facturación mientras el equipo estaba fuera
- nueva deuda destinada a financiar la construcción.
La reconstrucción económica y la reforma del estadio se solapaban. El club debía reducir deuda ordinaria mientras asumía una financiación específica de gran tamaño para Espai Barça.
El Espai Barça separa otra vez deuda ordinaria y deuda de proyecto
El nuevo Camp Nou se financió mediante una estructura específica respaldada por los ingresos futuros del estadio.
Como en el caso del Bernabéu, conviene evitar dos extremos. No es correcto sumar toda la financiación de la obra a la deuda ordinaria y concluir que la actividad diaria está igualmente apalancada. Tampoco es correcto excluirla de cualquier análisis como si no fuera una obligación real.
La financiación del estadio debe pagarse con los recursos generados por el proyecto. Si los ingresos premium, comerciales, de museo, restauración y eventos cumplen las previsiones, la deuda tendrá una fuente específica de servicio.
Si el retorno se retrasa, la presión terminará trasladándose al conjunto del club.
La obra también exige analizar el calendario. Cada mes de retraso puede mantener al equipo en un estadio menos rentable o limitar durante más tiempo el aforo del nuevo recinto.
El Camp Nou no es únicamente una inversión inmobiliaria. Es el activo que debe sustituir parte de los ingresos cedidos y sostener una plantilla competitiva sin volver a elevar el endeudamiento ordinario.
Montjuïc puso a prueba la recuperación
La temporada 2023/24 fue la primera completa fuera del Camp Nou.
A pesar de la pérdida de capacidad del estadio, el Barça cerró con un beneficio ordinario positivo de 12 millones de euros. La cifra indicaba que la actividad ordinaria había dejado de destruir valor, al menos antes de determinadas partidas extraordinarias.
El resultado era modesto, pero tenía más calidad que un beneficio basado principalmente en una nueva venta de derechos.
La dirección también destacó una reducción importante de la masa salarial y nuevos máximos de patrocinio. La memoria de 2023/24 señala que se habían asegurado ingresos recurrentes superiores a 100 millones anuales en determinados acuerdos comerciales y que los patrocinios alcanzaron un récord histórico.
Sin embargo, el ejercicio incorporó un problema en Barça Vision. Las operaciones vinculadas al negocio digital no produjeron todos los cobros previstos y obligaron a reconocer deterioros o ajustes.
El episodio reveló otro riesgo de las palancas: el valor contable de una participación depende de la capacidad real de los inversores para pagar y del rendimiento futuro del activo.
Un acuerdo anunciado no equivale a tesorería disponible. Mientras el pago no se materializa, existe riesgo de crédito, renegociación y deterioro.
2024/25: 994 millones pese a una segunda temporada en Montjuïc
El cierre de 2024/25 mejoró la fotografía ordinaria.
El FC Barcelona obtuvo 994 millones de euros de ingresos, por encima de los 893 millones presupuestados, y cerró con un beneficio ordinario de dos millones. El resultado se produjo durante una segunda temporada completa en Montjuïc.
La deuda se redujo en 90 millones, hasta 469 millones. El coste salarial quedó en el 54% de los ingresos ordinarios, dos puntos menos que el ejercicio anterior y claramente dentro de los límites regulatorios señalados por el club.
Las tres cifras —994 millones de ingresos, 469 millones de deuda y una ratio salarial del 54%— muestran una estructura muy distinta de la de 2021.
El Barça ya no necesita dedicar una proporción próxima al 70% de los ingresos a la masa salarial. Dispone de más espacio para amortizaciones, gastos operativos, intereses e inversión.
Pero el beneficio ordinario de dos millones sigue siendo estrecho. El margen sobre ingresos apenas supera el equilibrio. Una desviación pequeña puede devolver el resultado a pérdidas.
La recuperación está bajo control, pero todavía no presenta una holgura comparable a la de un club con patrimonio positivo elevado y deuda ordinaria reducida.
Beneficio ordinario no significa flujo de caja libre suficiente
El resultado contable positivo es una señal necesaria, pero no permite concluir por sí solo que el Barça haya completado su saneamiento.
La cuenta de resultados incorpora amortizaciones que no son pagos del ejercicio y puede reconocer ingresos antes de su cobro. El flujo de caja depende además de:
- cobros pendientes
- pagos de fichajes anteriores
- inversión en plantilla
- intereses
- circulante
- aportaciones al estadio
- vencimientos financieros
Un club puede ganar dos millones y consumir tesorería si paga inversiones realizadas en temporadas anteriores. También puede generar efectivo aunque el beneficio sea reducido, porque las amortizaciones no requieren una salida inmediata.
La deuda bajó 90 millones en 2024/25, lo que constituye una señal tangible de mejora financiera. Sin embargo, el análisis debe continuar cuando se publiquen varios ejercicios con el Camp Nou operativo.
Solo entonces podrá comprobarse si el estadio genera suficiente flujo libre después de inversiones e intereses.
La masa salarial vuelve a una zona manejable
El descenso de la ratio salarial hasta el 54% es probablemente la mejora estructural más importante.
En los últimos años de Bartomeu, el coste deportivo absorbía una parte mucho mayor de los ingresos. Esto dejaba poco margen para afrontar caídas, amortizaciones o inversión.
Una ratio del 54% no convierte al Barça en un club barato. La masa salarial absoluta sigue siendo enorme. Lo que mejora es su relación con la capacidad ordinaria de facturación.
La disciplina deberá mantenerse cuando aumenten los ingresos del nuevo estadio. El riesgo es que la recuperación del Camp Nou produzca otra inflación interna: más facturación, nuevas renovaciones y más gasto deportivo hasta volver a consumir el margen.
La historia anterior enseña que el problema no aparece cuando el club no puede pagar un contrato, sino cuando demasiados contratos dependen de que todos los ingresos continúen creciendo.
El nuevo Camp Nou debe sustituir parte del futuro vendido
La gran promesa financiera de la segunda etapa de Laporta es el Espai Barça.
El nuevo estadio debería incrementar:
- localidades VIP;
- hospitalidad;
- restauración;
- museo;
- comercio;
- patrocinio;
- eventos;
- explotación durante todo el año.
Estos ingresos tienen una función adicional. No solo deben pagar la financiación del proyecto. También deben compensar la parte de los derechos audiovisuales cedida mediante las palancas.
El club adelantó recursos de futuras temporadas para afrontar la emergencia de 2021 y reconstruir la plantilla. Ahora necesita crear nuevas líneas de negocio que sustituyan esos flujos.
Por eso, el retorno del Camp Nou no puede medirse únicamente contra el coste de la obra. También debe analizarse frente a los ingresos futuros que ya no estarán íntegramente disponibles.
Si el estadio añade margen suficiente, las palancas habrán funcionado como un puente hacia un modelo de mayor escala. Si no lo hace, el Barça habrá trasladado parte del problema a presidentes y ejercicios posteriores.
¿Ha terminado la crisis?
Las cifras permiten responder que la fase más aguda ha quedado atrás, pero no que la reconstrucción esté terminada.
El club ha pasado de 481 millones de pérdidas a beneficio ordinario. La deuda se ha reducido hasta 469 millones. La masa salarial representa el 54% de los ingresos ordinarios. Y la facturación alcanzó 994 millones pese a jugar en Montjuïc.
Estas mejoras son reales y están respaldadas por documentación oficial.
Pero permanecen cuatro riesgos:
- la baja rentabilidad ordinaria
- la necesidad de completar y explotar el Camp Nou
- los derechos futuros cedidos
- la presión permanente por invertir en plantilla
El Barça ha recuperado control sobre el gasto, pero todavía necesita que el estadio produzca el salto de generación de caja prometido.
Laporta ha comprado tiempo; el Camp Nou debe convertirlo en margen
La segunda presidencia de Joan Laporta no puede juzgarse únicamente por fichajes, títulos o ventas de activos.
Su primera tarea fue impedir que la falta de liquidez condicionara toda la actividad. La segunda, reconstruir el patrimonio y reducir salarios. La tercera es crear un modelo ordinario capaz de financiarse sin nuevas palancas.
Hasta 2024/25, la recuperación ha avanzado más de lo que sugería la fotografía de 2021. El club vuelve a aproximarse a los 1.000 millones de ingresos, reduce deuda y mantiene una ratio salarial manejable.
Sin embargo, una parte del saneamiento se obtuvo adelantando ingresos futuros. La operación permitió competir y ganar tiempo, pero no eliminó el coste: lo distribuyó durante años.
La prueba definitiva comienza con el regreso al Camp Nou.
Si el nuevo estadio genera más margen del necesario para atender su financiación, el Barça habrá utilizado sus activos futuros para superar una crisis y construir una plataforma más rentable.
Si la explotación queda por debajo de las expectativas, el club tendrá menos derechos audiovisuales disponibles, deuda de proyecto y una presión deportiva que no admite largos periodos de austeridad.
La reconstrucción, por tanto, todavía no se decide en el resultado de dos millones de 2024/25. Se decidirá en la capacidad del Camp Nou para convertir ingresos en flujo de caja libre.
Laporta ha conseguido que el Barça vuelva a controlar el presente. Ahora debe demostrar que no lo ha hecho hipotecando una parte excesiva del futuro.
Ana SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.







