Latinoamérica busca tecnología para el agua y España quiere estar ahí
Brasil, Chile y Colombia buscan soluciones para modernizar sus sistemas hídricos mientras sensores, telelectura, inteligencia artificial y control de fugas convierten la gestión del agua en un nuevo mercado tecnológico
El agua sigue circulando por tuberías, embalses, depuradoras y plantas desaladoras, pero una parte creciente del negocio ya no está bajo tierra. En la actualidad está en los sensores, los algoritmos, los contadores inteligentes y las plataformas capaces de saber en tiempo real dónde se consume cada litro, dónde se pierde y cómo puede reutilizarse.
De esta forma, España quiere aprovechar su experiencia en gestión hídrica para exportar esa tecnología a mercados con enormes necesidades de inversión, especialmente Latinoamérica.
Tres grandes operadores latinoamericanos han venido estos días a España con una cuestión eminentemente empresarial sobre la mesa: cómo gestionar más agua, con menos pérdidas y con mayor eficiencia.
La brasileña Sabesp, la chilena Esval y Empresas Públicas de Medellín (EPM), de Colombia, se han reunido con compañías españolas dentro de una misión organizada por ICEX coincidiendo con Smart Water Summit, que se celebra en Madrid entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre. El objetivo declarado por ICEX es conectar directamente a las empresas españolas con entidades latinoamericanas que contratan soluciones para el ciclo del agua.
Además, detrás del encuentro hay un mercado de grandes dimensiones. El Banco Interamericano de Desarrollo calcula que América Latina y el Caribe necesitarán movilizar 1,596 billones de dólares en infraestructuras entre 2025 y 2030 para avanzar hacia sus objetivos de desarrollo. El agua y el saneamiento concentran aproximadamente el 25% de esas necesidades. Es decir, del orden de uno de cada cuatro dólares de inversión estimada en infraestructuras tiene relación con el agua.
Es por ello que la oportunidad ya no consiste únicamente en construir tuberías.
El negocio pasa de la obra al dato
Ingeniería, construcción y operación siguen formando la base tradicional de esta industria, pero alrededor de ellas está creciendo una segunda capa de negocio: sensorización, Internet de las Cosas, telelectura, análisis de datos, detección automática de fugas, monitorización de la calidad, inteligencia artificial, reutilización, eficiencia energética o mantenimiento predictivo.
ICEX incluye expresamente entre las áreas con oportunidades internacionales la ingeniería y consultoría, construcción, operación y mantenimiento de redes, equipos para tratamiento de agua y manipulación de fluidos y, cada vez más, las soluciones inteligentes y la digitalización de la gestión urbana.
Por ello, una empresa de aguas que conoce prácticamente en tiempo real cuánto entra en su red, cuánto llega a los clientes y dónde se están produciendo anomalías puede reducir pérdidas, anticipar averías, optimizar el bombeo y gastar menos energía.
El BID ha señalado, en sus programas para impulsar empresas tecnológicas aplicadas al agua, que la transformación digital puede traducirse en reducciones de hasta el 25% en los gastos operativos de las utilities.
Ahí aparece una oportunidad para una industria española que cuenta con experiencia internacional en prácticamente toda la cadena de valor. ICEX destaca especialmente el posicionamiento de las compañías españolas en desalación, reutilización, operación de grandes plantas y soluciones digitales, con presencia internacional en Estados Unidos, Latinoamérica y los países árabes.
El tamaño de algunos de los potenciales clientes explica también el interés.
Sabesp, uno de los tres operadores que participan en la misión de ICEX, abastece de agua a 30,7 millones de personas y presta servicios de alcantarillado a 27,8 millones en 376 municipios del Estado de São Paulo. Su plan contempla aproximadamente 70.000 millones de reales de inversión entre 2024 y 2029 para ampliar las infraestructuras y alcanzar la universalización del saneamiento.
En Colombia ocurre algo parecido. EPM ha aprobado para 2026 un presupuesto global de 29,8 billones de pesos colombianos. Cuatro billones se destinan a proyectos de infraestructura y entre las actuaciones previstas figuran nuevas redes de acueducto y alcantarillado y la modernización de plantas de producción de agua potable.
La propia compañía colombiana está avanzando además en la digitalización de sus servicios y en la modernización de las redes de distribución de agua.
Son precisamente este tipo de operadores los que ICEX ha sentado ahora frente a empresas españolas.
España también está construyendo su propio laboratorio
La internacionalización tiene, además, un banco de pruebas dentro de España.
El PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua había movilizado hasta mayo de este año unos 1.200 millones de euros entre operadores urbanos, comunidades de regantes, comunidades autónomas y organismos de cuenca. Su finalidad es introducir tecnología en prácticamente todas las fases del ciclo: desde el abastecimiento hasta el saneamiento, la depuración o el regadío.
No se trata simplemente de sustituir contadores analógicos por digitales. El programa contempla monitorización en tiempo real, sistemas de información hidrológica, teledetección, control de vertidos, big data, analítica avanzada e imágenes procedentes de drones y satélites.
Y la Comunitat Valenciana ofrece un ejemplo muy claro de hacia dónde está evolucionando el sector.
El proyecto SHINE-AMV, desarrollado en el área metropolitana de València, tiene un presupuesto total superior a 14 millones de euros y reúne a EPSAR, Aguas de Valencia, el Ayuntamiento de València, Emimet, Emivasa y Global Omnium.
Su objetivo es sensorizar y digitalizar el sistema hidráulico desde la captación hasta la depuración. Incluye telelectura, contadores inteligentes, monitorización de fugas, sensores de fibra óptica y algoritmos de inteligencia artificial capaces de detectar incidencias y optimizar procesos.
La plataforma asociada procesa ya más de 1,9 millones de datos diarios procedentes de más de 2.000 sensores IoT.
No es el único proyecto. DIGAR-CV, impulsado por EPSAR, cuenta con un presupuesto de 12,5 millones y pretende monitorizar en tiempo real 467 estaciones depuradoras de aguas residuales de la Comunitat Valenciana, controlando caudales, calidad del agua y vertidos.
Lo que antes requería inspecciones periódicas empieza así a convertirse en una fuente continua de información. De esta forma, el dato pasa a tener valor económico.
Un mercado en el que ya no basta con vender una planta
La transformación también modifica el modelo empresarial. Una desaladora, una depuradora o una red de abastecimiento requieren una inversión inicial importante. Pero la digitalización introduce servicios recurrentes: mantenimiento del software, análisis de datos, renovación de sensores, ciberseguridad, plataformas de control, algoritmos de optimización o servicios de operación.
Ese cambio favorece la aparición de empresas tecnológicas especializadas que pueden entrar en un sector históricamente dominado por grandes constructoras, ingenierías y operadores.
También permite que una solución desarrollada para controlar una red española pueda escalar a una compañía de aguas en Brasil, Colombia, Chile, Oriente Medio o Australia sin necesidad de replicar íntegramente una gran infraestructura.
De hecho, la estrategia internacional de ICEX para el sector no se limita a Latinoamérica. Durante los últimos ejercicios ha organizado actuaciones para conectar compañías españolas con proyectos de agua financiados por instituciones como el Banco Mundial, el BID, el Banco Asiático de Desarrollo o el BERD, además de misiones comerciales en mercados como Australia.
Para Latinoamérica, sin embargo, el encaje parece especialmente claro: enormes necesidades de inversión, grandes operadores públicos y privados y una presión creciente para extender el saneamiento y mejorar la eficiencia de sistemas ya existentes.
La misión que esta semana ha traído hasta España a Sabesp, Esval y EPM es, en ese sentido, algo más que un encuentro sectorial.
Refleja el cambio que está experimentando un negocio tradicionalmente asociado al hormigón y las tuberías. El agua continúa necesitando grandes obras. Pero también empieza a necesitar programadores, especialistas en inteligencia artificial, empresas de telecomunicaciones, fabricantes de sensores y analistas de datos.
La infraestructura sigue siendo física. Su próxima capa de valor será, cada vez más, digital.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.








