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Carboliva lleva el hueso de aceituna al asfalto de Barcelona

La empresa sevillana suministra biochar para un proyecto de la UPC que busca reducir hasta un 76% la huella de carbono del pavimento

Carboliva lleva el hueso de aceituna al asfalto de Barcelona
Publicado a 21/09/2026 16:40 | Actualizado a 21/09/2026 17:01

Barcelona probará entre octubre y diciembre una mezcla asfáltica que sustituye el relleno mineral convencional por biocarbón procedente, entre otras materias, de huesos de aceituna. La empresa sevillana Carboliva suministra uno de los materiales que investiga la UPC en una tecnología que ya ha reducido un 72,5% la huella de carbono en ensayos, pero que todavía debe demostrar su comportamiento a largo plazo en la calle.

¿Puede un residuo de la industria del olivar terminar formando parte del asfalto de una gran ciudad? Barcelona se dispone a comprobarlo. El proyecto Biochar, seleccionado por el Ayuntamiento dentro del reto de innovación urbana «La sección de calle del siglo XXI», plantea sustituir completamente el filler mineral utilizado habitualmente en determinadas mezclas bituminosas por biocarbón obtenido de biomasa, como huesos de aceituna y restos de pino.

La propuesta, presentada por Agustí y Masoliver (AMSA) y Asfaltos y Construcciones ELSAN con la colaboración de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), persigue una reducción estimada del 75% de las emisiones finales de CO₂ de la solución planteada. BIMSA sitúa en el 76% el ahorro de CO₂ asociado al proceso de fabricación con la incorporación del biochar. No son exactamente la misma métrica, pero ambas apuntan al potencial que la Administración barcelonesa ve en el material.

Detrás de parte de ese biocarbón aparece una pequeña compañía española: Carboliva. La sociedad, especializada en valorizar biomasa procedente principalmente del olivar, suministra biochar elaborado a partir de la pirólisis de huesos de aceituna para las investigaciones vinculadas a esta tecnología. La UPC la identifica expresamente entre las empresas colaboradoras de ZeroCarbonPave, su proyecto para estudiar la incorporación de biochar a pavimentos bituminosos.

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La historia, por tanto, va bastante más allá de construir “carreteras con aceitunas”. Lo que Barcelona está poniendo a prueba es si un residuo agroindustrial puede convertirse en una nueva materia prima para una de las industrias más intensivas en materiales de cualquier ciudad: la construcción y conservación de sus calles.

Del residuo del olivar a una carretera

El asfalto no está compuesto únicamente por betún y áridos gruesos. Las mezclas incorporan también partículas minerales muy finas conocidas como filler, que tienen una función importante en el comportamiento final del material.

Biochar pretende intervenir precisamente ahí. La solución seleccionada por Barcelona propone sustituir el filler convencional por un material rico en carbono obtenido mediante la transformación termoquímica de biomasa. Según BIT Habitat, ese biocarbón puede proceder tanto de huesos de aceituna como de restos de pino y presenta capacidad para almacenar carbono dentro de la propia mezcla.

A escala de laboratorio, el Ayuntamiento señala que las formulaciones ensayadas han mostrado prestaciones equivalentes a las mezclas convencionales.

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Ese último matiz es importante. Barcelona todavía no ha demostrado que el nuevo pavimento vaya a durar más años que el tradicional ni que vaya a comportarse mejor después de millones de vehículos circulando sobre él. Eso es precisamente parte de lo que falta por comprobar.

El calendario municipal prevé finalizar entre diciembre de 2025 y septiembre de 2026 la fase de investigación y prototipado. La instalación del piloto está prevista entre octubre y diciembre de 2026 y, posteriormente, el material deberá permanecer doce meses en monitorización, entre enero y diciembre de 2027. Los informes finales y la transferencia de los resultados están programados para comienzos de 2028.

El proyecto seleccionado puede recibir una subvención equivalente a hasta el 80% de sus gastos computables, con un máximo de 90.000 euros. La lógica del programa municipal no es únicamente financiar investigación, sino llevar soluciones experimentales hasta una obra pública real y medir después su funcionamiento.

Ahí se jugará buena parte de la historia.

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La UPC ya ha conseguido reducir un 72,5% la huella de fabricación

Barcelona no parte completamente de cero. El grupo de investigación RIIS de la UPC desarrolla desde septiembre de 2024 el proyecto ZeroCarbonPave, financiado por la Agencia Estatal de Investigación y dotado con un presupuesto de 121.875 euros. Su objetivo es estudiar la viabilidad de sustituir el filler o parte de la fracción fina de los áridos de las mezclas bituminosas por distintos tipos de biochar.

Los primeros resultados son los que explican buena parte del interés. La UPC asegura que ha conseguido reducir en un 72,5% la huella de carbono asociada a la fabricación de mezclas bituminosas utilizando biochar procedente de la pirólisis de huesos de aceituna. Los resultados se han publicado en Journal of Cleaner Production.

Pero el proyecto científico continúa abierto hasta agosto de 2027 porque la huella de carbono es solo una parte de la ecuación.

Los investigadores deben estudiar también resistencia frente al agua, deformación permanente, fisuración, fatiga, durabilidad y comportamiento del material a lo largo del tiempo. También están previstos estudios de lixiviación y análisis de ciclo de vida para valorar posibles impactos ambientales y comprobar cuánto tiempo permanece almacenado el carbono incorporado al pavimento.

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Esto obliga a moderar una de las afirmaciones que más fácilmente puede acompañar a esta tecnología: hoy es demasiado pronto para asegurar que este asfalto “dura más” o “resiste mejor” que el convencional en condiciones urbanas reales.

De hecho, investigaciones académicas de la propia UPC sobre biochar de hueso de aceituna han encontrado propiedades mecánicas comparables al filler mineral, pero también aspectos que deben seguir estudiándose, como la sensibilidad al agua o al envejecimiento dependiendo de la formulación.

La prueba de Barcelona servirá precisamente para sacar el material del laboratorio.

Carboliva, la empresa que busca negocio detrás del hueso de aceituna

El proyecto tiene también una lectura empresarial. Carboliva es una sociedad constituida en 2017 y domiciliada registralmente en Osuna, Sevilla. Su objeto social está relacionado con la valorización sostenible de biomasa, principalmente procedente del olivar. Las últimas cuentas depositadas disponibles en Infonif corresponden al ejercicio 2025 y han sido auditadas por KPMG.

La compañía afirma que el biochar que se empleará en la solución de Barcelona procede de carbón vegetal obtenido a partir de biomasa de hueso de aceituna. Su papel encaja además con ZeroCarbonPave: la UPC cita a Carboliva, junto a otras compañías, como suministradora de diferentes tipos de biochar utilizados en la investigación.

Y aquí aparece una cuestión especialmente interesante: convertir una innovación técnicamente viable en un negocio industrial rentable.

Las cuentas disponibles muestran que Carboliva sigue siendo una compañía pequeña y en fase de desarrollo. Según la información registral recogida por Infonif, las ventas crecieron un 4,09% en 2025, mientras que el EBIT mejoró un 18,59% y el resultado neto avanzó un 18,23% respecto al ejercicio anterior.

La mejora, sin embargo, no significa que la empresa haya entrado todavía en beneficios. La rentabilidad económica permaneció en terreno negativo, en el -11,51%, aunque mejoró frente al -13,41% de 2024. Además, el patrimonio neto disminuyó un 31,63% y el endeudamiento aumentó un 8,03% durante el ejercicio.

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La información financiera utilizada procede de fuentes públicas y de Infonif con origen registral.

Estas cifras introducen una lectura que no aparece cuando la historia se presenta únicamente como innovación medioambiental. Carboliva todavía tiene por delante el reto de demostrar que la valorización de los residuos del olivar puede convertirse no solo en una solución técnicamente interesante, sino también en un negocio sostenible económicamente.

Barcelona puede ayudar a responder esa pregunta.

El verdadero salto está en pasar del laboratorio a la obra pública

En tecnologías de construcción, llegar al laboratorio es solo una primera barrera. La siguiente es bastante más difícil: fabricar a escala, mantener prestaciones, cumplir normativa, controlar costes y convencer a administraciones y constructoras de que sustituir un material convencional no introduce nuevos riesgos.

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Por eso el piloto barcelonés tiene una relevancia que supera el tamaño de la subvención.

Si una solución basada en biochar consigue superar doce meses de monitorización en una calle sometida a tráfico, humedad, oscilaciones térmicas, mantenimiento y envejecimiento reales, las posibilidades de replicación aumentan.

Eso no significa que Barcelona vaya a sustituir inmediatamente el asfalto convencional de toda la ciudad, ni mucho menos que el biochar de hueso de aceituna esté destinado a convertirse automáticamente en un estándar europeo.

Significa que la tecnología entra en una fase diferente. Hasta ahora, el argumento principal procedía de probetas, cálculos de huella ambiental y ensayos de laboratorio. A partir del último trimestre de 2026 debería empezar a existir también evidencia obtenida de una obra real.

Para AMSA y ELSAN, el interés está en disponer de una nueva formulación con menor impacto ambiental para contratos de infraestructuras. Para la UPC, en validar científicamente su comportamiento. Para Barcelona, en comprobar si puede reducir la huella de carbono de sus futuras actuaciones de pavimentación.

Y para Carboliva la oportunidad es distinta: demostrar que el residuo de uno de los cultivos más característicos de España puede encontrar mercados de mayor valor añadido fuera de los usos tradicionales de la biomasa.

El hueso de aceituna busca una segunda vida industrial

España dispone de una materia prima que otros países difícilmente pueden replicar a la misma escala: los residuos generados por la cadena del aceite de oliva.

La economía circular intenta precisamente que esos subproductos dejen de entenderse únicamente como un coste de gestión y puedan volver al sistema económico convertidos en materias primas.

Carboliva está probando esa lógica en varios frentes. Además de los asfaltos, la compañía colabora en investigaciones sobre el empleo de biochar de hueso de aceituna en hormigones y materiales para la construcción. La UPC, por ejemplo, ha estudiado su utilización como sustituto parcial del árido fino en hormigón estructural.

La posibilidad económica es evidente: si el biochar consigue sustituir materiales de origen mineral manteniendo prestaciones y reduciendo emisiones, el residuo agrícola pasa a competir en mercados completamente distintos del que lo originó.

Pero todavía faltan dos preguntas fundamentales.

La primera es técnica: cómo envejecen esas mezclas durante años de servicio real.

La segunda es económica: cuánto cuesta fabricar el biochar, transportarlo e incorporarlo al pavimento cuando el proceso salga de proyectos demostradores y tenga que competir con soluciones convencionales a gran escala.

El proyecto de Barcelona no responderá por sí solo a toda esa ecuación, pero sí puede aportar una de las piezas que faltaban: experiencia real de uso.

¿Son entonces las aceitunas el futuro del asfalto?

Todavía es pronto para decirlo. Lo que sí puede afirmarse es que el hueso de aceituna ha dejado de ser únicamente un residuo de la industria agroalimentaria para convertirse en objeto de investigación como materia prima para infraestructuras.

Barcelona probará en los próximos meses una solución que aspira a reducir alrededor de tres cuartas partes de la huella de carbono asociada a la fabricación o a las emisiones finales consideradas en la solución, dependiendo de la métrica utilizada. La UPC ha obtenido ya una reducción del 72,5% en sus primeros resultados de laboratorio y durante 2027 llegará la prueba decisiva: comprobar cómo responde el material en el espacio público.

Para Carboliva, además, el reto es doble. Sus cuentas muestran una actividad que mejora pero que todavía no ha alcanzado rentabilidad positiva. Convertir la innovación en pedidos recurrentes podría cambiar la escala del negocio, pero el piloto de Barcelona todavía no permite anticipar que eso vaya a suceder.

Esa es precisamente la historia detrás del experimento.

No se trata de que Barcelona vaya a pavimentar sus calles con aceitunas. Se trata de comprobar si un residuo del olivar puede convertirse en un material industrial suficientemente fiable, competitivo y bajo en carbono como para acabar formando parte de las ciudades.

Y esa respuesta ya no se buscará solo en un laboratorio. Se buscará bajo las ruedas de los coches.

Firma
Fotografía de Rafa DasíRafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.
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