La UE busca una defensa creíble y menos dependiente de EE.UU. y China
La autonomía estratégica europea sigue siendo más una aspiración que una realidad y exige más coordinación política, inversión sostenida, base industrial propia y menor dependencia militar y tecnológica de terceros
Marina Pina, Diego López Garrido y Carlos Martí
La autonomía estratégica europea sigue siendo, hoy, más una aspiración que una realidad. La Unión Europea ha avanzado en coordinación desde la invasión rusa de Ucrania, pero continúa dependiendo en gran medida de Estados Unidos en materia militar y de proveedores externos en tecnologías críticas, materias primas y cadenas de suministro. Esa es una de las principales conclusiones del informe El camino a una Europa más autónoma y soberana. Propuestas para reducir su dependencia militar y tecnológica, elaborado por Carlos Martí y presentado por la Fundación Alternativas.
El documento revisa la actual arquitectura de seguridad europea y analiza hasta qué punto la UE está preparada para convertirse en un actor más autónomo y soberano en defensa. El informe aborda los factores políticos, institucionales, operativos, económicos, tecnológicos e industriales que condicionan esa autonomía y señala las principales debilidades que impiden avanzar con mayor rapidez.
Durante la presentación, Diego López Garrido, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas, recordó que la Unión Europea nació en el siglo XX como un proyecto de paz y reconstrucción económica tras las guerras mundiales. La defensa, explicó, quedó durante décadas en manos de la OTAN, mientras Europa concentraba sus esfuerzos en la integración económica, la seguridad y el bienestar social.
Ese equilibrio, sin embargo, se ha visto alterado por la invasión rusa de Ucrania, la creciente rivalidad entre grandes potencias, la inestabilidad en Oriente Medio, el ascenso tecnológico y militar de China y las dudas sobre el papel futuro de Estados Unidos como garante de la seguridad europea. En este nuevo escenario, la defensa europea ha dejado de ser un debate teórico para convertirse en una prioridad estratégica.
Una Europa dependiente en defensa
Uno de los puntos centrales del debate fue la dependencia europea respecto a Estados Unidos. López Garrido resumió esta situación con una comparación clara: mientras Estados Unidos compra prácticamente todo su material de defensa en su propio mercado, Europa sigue adquiriendo buena parte de sus capacidades militares fuera del continente.
Esta dependencia plantea una cuestión de fondo: qué estructura militar, tecnológica e industrial necesita Europa para defenderse por sí misma en un contexto internacional más incierto. La respuesta, según el informe, no pasa por romper la cooperación transatlántica, sino por construir una capacidad europea más sólida, creíble y menos vulnerable.
Carlos Martí subrayó que Europa tiene carencias importantes para defenderse sin apoyo externo. La UE dispone de organismos e iniciativas en materia de defensa, pero estos siguen funcionando de forma fragmentada y con una coordinación limitada entre Estados. Todavía no existen unas fuerzas armadas europeas integradas y los intentos de avanzar hacia capacidades comunes han sido lentos.
El caso de Ucrania ha demostrado cierta capacidad de coordinación europea, pero también ha puesto de manifiesto los límites del modelo actual. Europa ha sido capaz de reaccionar, apoyar a Kiev y mantener una posición común en muchos ámbitos, pero sigue encontrando obstáculos para actuar con una sola voz y con capacidad operativa suficiente.
El problema de la unanimidad
Uno de los principales frenos institucionales es la regla de la unanimidad en decisiones clave de política exterior y defensa. López Garrido señaló que este sistema dificulta la respuesta europea ante crisis urgentes y permite que un solo Estado miembro bloquee decisiones relevantes para el conjunto de la Unión.
El vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas puso como ejemplo los bloqueos en la ayuda a Ucrania y defendió la necesidad de superar este mecanismo si Europa quiere disponer de una política de defensa creíble. A su juicio, una opción podría ser avanzar hacia un tratado europeo de defensa entre los países dispuestos a integrarse más, sin que todas las decisiones dependan de una mayoría imposible o del veto de un solo Estado.
La ampliación futura de la Unión Europea añade complejidad a este debate. Países como Moldavia o Montenegro aspiran a incorporarse al proyecto europeo, lo que puede hacer todavía más difícil mantener sistemas de decisión basados en unanimidad. Para López Garrido, Europa no puede seguir aplazando una reforma de su arquitectura de defensa si aspira a responder con eficacia a amenazas como Rusia o a cambios en la política exterior estadounidense.
Inversión, industria y tecnología
El informe insiste en que la autonomía estratégica no puede construirse solo con declaraciones políticas. Requiere inversión sostenida, coordinación del gasto, planificación industrial y desarrollo tecnológico propio. Martí advirtió de que la UE tiene tendencia a aprobar documentos ambiciosos que después tardan demasiado en materializarse.
La brecha tecnológica es uno de los grandes desafíos. Estados Unidos invierte más en I+D militar y también en desarrollos civiles que acaban incorporándose al ámbito de la defensa. China, por su parte, avanza rápidamente y se acerca a Europa en gasto militar e innovación aplicada, con ventajas de escala y costes laborales más bajos en determinados perfiles técnicos.
Las tecnologías críticas identificadas durante la presentación incluyen semiconductores, inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología, conectividad, navegación digital, tecnologías espaciales, propulsión, robótica y sistemas autónomos. Sin una base industrial y tecnológica propia en estos ámbitos, Europa corre el riesgo de sustituir una dependencia militar por otra dependencia tecnológica.
Martí insistió en que la autonomía estratégica exige tanto capacidades militares como capacidades industriales. Si Europa no dispone de una base productiva suficiente, deberá seguir adquiriendo equipos, sistemas y componentes fuera, lo que genera nuevas vulnerabilidades en momentos de tensión geopolítica.
Más gasto, pero mejor coordinado
La defensa europea no solo necesita más recursos, sino una mejor coordinación del gasto. Los Estados miembros invierten cantidades muy distintas en función de su PIB, su percepción de amenaza, su cultura estratégica y sus prioridades políticas. Alemania, Francia y Reino Unido figuran entre los países con mayor capacidad de gasto, pero no existe todavía un verdadero factor común europeo que ordene esas inversiones.
El informe advierte de que reducir las carencias militares europeas requerirá inversiones sostenidas en el tiempo. No basta con incrementos puntuales del presupuesto: hacen falta programas de largo plazo, especialización industrial, adquisición conjunta de capacidades y una visión compartida sobre qué necesita Europa para actuar de forma autónoma.
La fragmentación actual genera duplicidades, reduce economías de escala y dificulta la interoperabilidad. Frente a ello, Alternativas plantea la necesidad de reforzar los mecanismos de coordinación, reducir dependencias externas en tecnologías y materias primas, y orientar el gasto hacia capacidades realmente estratégicas.
España ante la defensa europea
España también tiene un papel relevante en esta discusión. Según Martí, nuestro país debería asumir un papel más activo en la estrategia de defensa de la UE y colaborar con otros Estados en la obtención de capacidades comunes. En su opinión, España podría especializarse en determinados ámbitos y reforzar así su contribución al conjunto europeo.
López Garrido defendió que España está en una buena posición política para impulsar una mayor autonomía estratégica europea. Aunque es una potencia media dentro de la Unión, cuenta con experiencia en misiones internacionales y puede actuar como puente con países del sur de Europa y con socios no pertenecientes a la UE, como Noruega o Islandia.
Además, el sur de Europa percibe la defensa europea de forma distinta a los países más próximos a Rusia. Mientras los Estados del este tienden a valorar de forma más intensa el paraguas estadounidense por su exposición directa a la amenaza rusa, en el sur existe mayor consenso sobre la posibilidad de avanzar hacia una defensa europea más autónoma. Esa diferencia de culturas estratégicas es uno de los retos que la UE deberá gestionar.
Sin cultura común de defensa
Otro de los obstáculos señalados por el informe es la falta de una cultura de defensa común. La defensa sigue siendo uno de los componentes esenciales de la soberanía nacional y cada Estado miembro arrastra experiencias históricas, prioridades y percepciones de amenaza diferentes.
Esa diversidad explica por qué la integración europea ha avanzado mucho más en ámbitos económicos, comerciales o regulatorios que en defensa. La cesión de soberanía en esta materia sigue siendo políticamente delicada, aunque el contexto actual está empujando a los Estados a replantearse sus posiciones.
Para López Garrido, la amenaza rusa y la actitud más incierta de Estados Unidos obligan a Europa a construir una defensa seria y creíble. No se trata de abandonar la OTAN ni de romper la cooperación transatlántica, sino de evitar que la seguridad europea dependa exclusivamente de decisiones tomadas fuera del continente.
Cooperación transatlántica, pero con más autonomía
El informe concluye que la autonomía estratégica europea será un proceso lento, costoso y gradual. Europa no puede aspirar a una independencia absoluta en un mundo globalizado e interdependiente, pero sí puede reducir vulnerabilidades, asegurar suministros críticos, reforzar su base industrial y disponer de mayor capacidad de decisión.
Martí diferenció entre autonomía estratégica, soberanía estratégica e independencia. Esta última, señaló, resulta prácticamente imposible en un mundo en el que todos los actores dependen de otros en materias primas, tecnologías, cadenas de suministro o mercados. La clave está en elevar el grado de autonomía y reducir los riesgos derivados de dependencias excesivas.
La cooperación con Estados Unidos seguirá siendo necesaria, pero el equilibrio debe cambiar. Europa necesita ser un socio más capaz, no un actor subordinado. Para lograrlo, deberá superar la fragmentación institucional, invertir mejor, coordinar sus capacidades, reforzar su industria y sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia del gasto en defensa.
La autonomía estratégica europea, por tanto, no es solo una cuestión militar. Es también un debate económico, tecnológico, industrial y político. Y, según la Fundación Alternativas, será uno de los grandes desafíos de la Unión Europea en los próximos años.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.









