FTX

Auge y caída del fundador de FTX, de criptomillonario al tribunal por estafa

El brillante porvenir que el futuro parecía deparar al joven fundador de la plataforma de criptomonedas FTX, Sam Bankman-Fried, se ha estrellado contra la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. El conocido gurú de las criptomonedas, que había logrado amasar una fortuna de 32.000 millones de dólares, llegó a Nueva York en la noche del miércoles para ser juzgado de los ocho cargos que le atribuyen las autoridades estadounidenses tras la quiebra de su empresa.

Su apuesta, exitosa hasta hace unas semanas, había sido arriesgada pero meticulosa. Cultivando una imagen pública de joven genio, capaz de levantar un impero en el novedoso y confuso mundo de las criptomonedas. También supo dotarse de un carácter más comprometido y social, se presentaba como un filántropo que aportaba cantidades millonarias a partidos políticos, organizaciones civiles, causas solidarias y centros deportivos.

Sin embargo, para John Ray, el director ejecutivo designado al frente de FTX después de que la compañía se declarara en bancarrota el pasado 11 de noviembre Bankman-Fried era «simplemente, un fraude a la vieja usanza, en el que tomó dinero de los clientes para su propio beneficio, sin ninguna sofisticación».

Ha nacido una estrella

Sam Bankman-Fried, popularmente conocido como SBF, nace en 1992, en el seno de una familia acomodada de California. Hijo de dos profesores de derecho de la prestigiosa Universidad de Stanford, el joven comenzó a interesarse desde temprana edad por las matemáticas.  Estudió la carrera en el prestigioso Instituto de Tecnología de Masachussets (MIT), donde se licenció en 2014 en Física con una especialidad en matemáticas.

Fue ese mismo año entró a trabajar en la firma Jane Street que se dedicaba a operaciones de arbitraje de fondos bursátiles, que consiste en la compra de activos en un mercado y su venta inmediata por un precio mayor en otro.

En 2017 dio el salto a las criptomonedas con la fundación de Alameda Research, que se acabaría convirtiendo en el brazo inversor de FTX, que creó dos años después y donde puso en práctica sus conocimientos, pero aplicados ahora al todavía fresco mercado de las criptomonedas.

A partir de entonces, su ascenso se convirtió en una pompa triunfal, y su rostro quedó esculpido en revistas de prestigio económico como Forbes o Fortune, que el pasado agosto se preguntaba en una portada si Bankman-Fried sería el siguiente John Pierpont Morgan o Warren Buffet.

El principio del fin

Durante el invierno de las criptomonedas, que vio la meteórica caída de divisas como Terra-Luna y se cobró de víctimas al fondo Three Arrows Capital (3AC), que llegó a manejar 10.000 millones de dólares, o Celsius; FTX se mostró como un faro en la oscuridad, llegando a rescatar alguna de estas firmas. Fue precisamente esta espiral inversora, junto a la ambiciosa agenda regulatoria que estaba empujando en Washington, lo que hizo crecer la inquietud acerca del gigante de las criptos.

El principio del fin de FTX comienza con un informe. El pasado 2 de noviembre una filtración al portal especializado en criptomonedas CoinDesk hacía saltar las alarmas: se había detectado una cantidad anormalmente alta de tokens FTT en posesión de una compañía llamada Alameda Research, tras la cual estaba el propio Bankman-Fried. Estas revelaciones motivaron que, cuatro días después, Binance anunciase su intención de deshacerse de todos los tokens con los que contaba.

La situación empeoró rápidamente y cundió el pánico. Los inversores de la empra salieron despavoridos y, en cuestión de tres días, FTX tuvo que hacer frente a una retirada masiva de fondos por valor de más de 6.000 millones de dólares.

Un castillo de naipes

En cuestión de pocos días, SBF vio como su compañía, que había llegado a liderar la industria de las criptomonedas y a estar valorada en 32 billones de dólares, caía en la bancarrota.

Su fortuna personal, que se había visto afectada por la volatilidad de las divisas digitales, pero que todavía rondaba los 16.000 millones de dólares, se esfumó en una semana. La madrugada del jueves SBF aterrizaba en Nueva York, extraditado por el gobierno de las Bahamas, para defenderse de los 8 cargos que le imputa la fiscalía.

Poco se ha sabido estas semanas de lo que pasaba por la mente del criptogurú. En una entrevista concedido al New York Times, SBF admitía que su error había sido «gastar muy rápido sin ser capaz de ver las señales de alarma». Entre los delitos que se le imputan están los de fraude electrónico, lavado de dinero y violación de las leyes de financiación de campañas políticas.

Un fraude histórico

Sam Bankman-Fried, ha aterrizado este jueves de regreso a Estados Unidos tras ser extraditado desde Bahamas, en donde tenía su domicilio y en donde fue detenido, tras aceptado ser enviado de regreso a Nueva York para ser juzgado.

De momento, las autoridades estadounidenses sólo han imputado a Bankman-Fried por los manejos de FTX una empresa en la que, según el actual director ejecutivo de la compañía, reinaba una «ausencia total de controles corporativos» y una falta de «información financiera fiable».

En manos de la justicia estadounidense está ahora determinar si Bankman-Fried, solo o junto a su círculo, fue el responsable de lo que el fiscal del tribunal federal del sur de Nueva York, Damian Willias, calificó como «uno de los mayores fraudes financieros en la historia de Estados Unidos».

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