Nordstream

Alguien ha saboteado el Nordstream, sin gas la UE podría entrar en recesión

Camino de cumplirse ocho meses de una guerra que amenaza con cambiar Europa, el conflicto sigue escalando hacia posiciones maximalistas. Sobre el terreno, los ucranianos continúan presionando y recuperando enclaves frente a un ejército ruso tan desgastado que parece incapaz de aferrarse al terreno. Putin está perdiendo su «guerra contra el Oeste» y la presión creciente hace temer una escalada nuclear. La semana pasada el gas comenzaba a brotar en el mar báltico; se habían detectado hasta cuatro fugas en los gasoductos Nordstream 1 y 2.

Se queman las naves y se sabotean los gasoductos. O eso, al menos, opinan desde Berlín; cuyo gobierno acusa a Moscú de estar detrás del sabotaje del que ha eliminado del tablero toda posibilidad de retomar el suministro de gas ruso a través del Nordstream tras una eventual paz negociada.

También desde el Ejecutivo francés señalan a un posible sabotaje que ha abierto de nuevo la puerta a la idea del MidCat. Desde la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advertía de que la Unión Europea (UE) responderá de la forma «más fuerte posible» en el caso de que se demuestre.

Invierno europeo

La guerra, sin embargo, no le está saliendo gratis a la UE. Alemania, la locomotora industrial europea, era hasta la fecha totalmente dependiente de la llegada del barato gas ruso. La apuesta rusa pasa ahora por desestabilizar y abrir grietas en la Unión mediante la carestía energética. El invierno se acerca y los socios almacenan reservas y recortan el gasto energético ante la perspectiva de un problema que va para largo.

Los disparados precios de la energía, suma del progresivo cierre del grifo de las exportaciones rusas y de las políticas de contracción de la demanda energética, dejan un bajón récord del 10% en la demanda de gas en Europa. Estos datos son previos al sabotaje del Nordstream, por lo que la situación es susceptible de empeorar.

Este es el panorama que describe la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su informe trimestral sobre el mercado del gas en el que, reconociendo un alto grado de incertidumbre, revisa a la baja sus propias previsiones y estima que en 2023 la demanda en Europa volverá a disminuir un 4 % más.

El precio a pagar

Moscú está convencida de que el punto débil de Europa es su bolsillo y que es cuestión de tiempo que una coyuntura económica difícil haga retroceder a sus gobiernos. Tratando de evitarlo, los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona debatían este lunes en Luxemburgo cómo hacer frente a una inflación récord del 10 %. Al mismo tiempo que se encarece la factura de la luz, crece el temor a una recesión si empeoran los problemas de suministro de energía tras el sabotaje del Nordstream.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) cree que en 2023 el PIB de la eurozona crecerá un escaso 0,3 % y advierte de que, si se produce un desabastecimiento de gas, muchas economías se verían abocadas a la recesión. Una imagen similar a la que pinta el Banco Central Europeo (BCE), que proyecta un crecimiento del 0,9 % el año que viene, pero una caída de la misma magnitud si Rusia cierra totalmente el grifo del gas.

El Eurogrupo es «consciente de la gravedad de las circunstancias», pero cree que los fundamentos de la economía europea son sólidos y «podrán superar la crisis». El problema más inmediato, apunta un alto funcionario europeo, es lidiar con la escalada de precios para evitar que se convierta en permanente.

Una respuesta a la crisis

Aún es pronto para activar la alarma. El consenso es que, de momento, la situación no justifica una política de ayudas masivas y universales como durante la pandemia y tanto la CE como el BCE han pedido a los Gobiernos que apuesten por ayudas selectivas para los más vulnerables. El objetivo es que la política fiscal no dé un estímulo a la demanda que acabe alimentando la inflación y anulando el efecto de las subidas de tipos con las que el BCE quiere enfriar la economía.

Se espera que los ministros adopten una declaración que confirme que las medidas serán cada vez más temporales y selectivas, aunque políticamente esta estrategia podría resultar difícil de aplicar si se tiene en cuenta, por ejemplo, que Alemania aprobó esta misma semana un paquete de 200.000 millones de euros para abaratar la factura de la luz, el equivalente a un cuarto del fondo de recuperación europeo.

Tras el debate sobre la situación económica, el Eurogrupo preparará las reuniones de otoño del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial con la vista puesta en las turbulencias en el mercado de divisas, dónde el euro se ha depreciado fuertemente frente al dólar, aumentando las presiones inflacionistas en la eurozona.

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