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El euro se desploma a mínimos históricos frente al dólar tras el corte del gas ruso

La dependencia de las economías europeas del gas y el petróleo ruso ha hecho que, durante los casi siete meses que dura ya el conflicto, Moscú haya podido financiar sus esfuerzos bélicos en parte gracias a los ingresos por la venta de sus recursos energéticos a la zona euro. Con la intención de poner fin a esta situación, el pasado 2 de septiembre el G-7 decidió poner un tope «urgente» al precio del gas ruso. La respuesta del Kremlin no se hizo esperar y, unas horas después de la noticia, Gazprom anunciaba el cierre del gaseoducto Nord Stream que suministra a Europa.

Para Moscú, el conflicto se disputa en diversas dimensiones y la energética es tan sólo un arma más. La razón oficial del consorcio gasístico ruso para haber cortado el suministro de gas a los países del euro es la existencia de «una fuga de aceite». Según la narrativa rusa, son las propias sanciones internacionales las que hacen imposible la reparación y, por tanto, las responsables del corte. Para la Unión Europea (UE), estas son tan sólo «pretextos falaces».

Los efectos de un conflicto que dura ya más de medio año, el recrudecimiento de la crisis energética y la proximidad del invierno, han reavivado la amenaza de una recesión en la zona euro. Como consecuencia, el euro cayó a principios de semana a su valor mínimo desde hace casi veinte años frente al dólar, por debajo de 0,99 dólares.

La zona euro quiere cortar con Rusia

Llegados a este punto, el objetivo de la UE, en palabras de la presidente de la Comisión, Ursula von der Leyen, es «trabajar a medio plazo para cambiar la estructura del mercado eléctrico; es decir, desvincular los precios del gas del precio general de la electricidad».

Para Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, las acciones de Gazprom ponen de manifiesto la necesidad de lograr cuanto antes la ansiada soberanía energética europea. Además, en un mensaje en Twitter, reafirmaba el apoyo de la UE al gobierno ucraniano y «nuestra obligación es proteger a nuestros ciudadanos y apoyar la libertad de Ucrania».

La propuesta española

Mientras dicha soberanía energética se materializa, los gobiernos europeos se preparan para pasar un invierno que se prevé complicado. En este contexto, el Ejecutivo español ha visto una buena oportunidad para rescatar del olvido el proyecto MidCat, un gasoducto que conecta el norte de España con Francia y mediante el cual la Península podría suministrar de gas a la UE. El proyecto ha permanecido abandonado desde 2018, debido a su alto coste, unos 3.000 millones de euros, y lo barato del gas ruso.

Sin embargo, la propuesta se ha topado con el rechazo francés; el presidente de Francia, Emmanuel Macron, afirmaba este lunes que no hacen falta nuevas interconexiones de gas con España porque las actuales están muy lejos de la saturación, y que el proyecto de gasoducto MidCat no se justifica por motivos energéticos o ambientales.

Durante una conferencia de prensa sobre energía, explicó que los gasoductos que unen actualmente los dos países, por el País Vasco y Navarra, están «infrautilizados». Así pues, desde febrero se estarían utilizando al 53 % y en agosto ha sido la propia Francia la que ha exportado gas a España.

Alianza hispano-germana

Para vencer la oposición gala, España y Alemania parecen haber firmado una alianza energética, que escenificaron el paso martes el presidente español, Pedro Sánchez, y el canciller germano, Olaf Scholz, en el palacio de Meseberg. Alemania necesita encontrar una alternativa al gas ruso y rápido, pues el invierno está a la vuelta de la esquina. España busca mejorar su posición estratégica como proveedor energético de la UE y Francia, por su parte, aduce razones económicas, técnicas y medioambientales, para seguir bloqueando las pretensiones de sus socios europeos.

Mientras tanto, está cercana a cumplirse una semana de ofensiva ucraniana en el oblast ocupado de Jersón, al sur del país. La batalla, que puede convertirse en la más decisiva en lo que va de guerra, tiene visos de recrudecer todavía más un conflicto para el que aún no se atisba un final. La magnitud y duración de las consecuencias económicas de la guerra en la zona euro, actuales y por venir, son todavía impredecibles.

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