La hora de la reconstrucción económica

Profesora del Dpto. de Economía y Empresa
UCH-CEU
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La crisis económica a la que nos enfrentamos por la COVID-19 va a ser la mayor crisis mundial desde la Segunda Guerra Mundial. Las decisiones en materia de política económica serán claves para situar a unos países más cerca de la recuperación que a otros.

La doble contracción consecutiva de oferta y demanda, que comenzó por la paralización de los mercados internacionales, finaliza con una crisis de demanda que afectará a los países según su estructura productiva.

Lo hará en mayor medida a España: por la dependencia del sector turístico y por la previsión de caída interna de la demanda al disminuirse las rentas nacionales. De hecho, en el primer trimestre de 2020, el PIB español ya experimentó una caída del 5,2 % respecto al trimestre anterior y recordemos que las medidas de confinamiento comenzaron a mediados de marzo.


Necesitamos menos política y más técnica para dirigir la recuperación

Pero, además, uno de los principales problemas a los que se enfrenta la economía española a la hora de superar esta crisis es su elevado endeudamiento público. Las reformas estructurales, necesarias para mantener un crecimiento sostenido a medio y largo plazo, no se llevaron a cabo en su momento y ahora la economía española se va a resentir.

El Gobierno prevé que el déficit público supere el 10 % este año (muy lejos del máximo del 3 % que establecía el pacto de estabilidad) y que la deuda pública alcance el 115,5 % del PIB. Hay que tener en cuenta que a los Estados les cuesta obtener financiación cuando sus niveles de déficit público superan el 10 %, lo que les sitúa al borde del rescate.

En este contexto, la política monetaria llevada a cabo por el BCE va a ser fundamental. El BCE ha actuado con más rapidez que con la crisis de 2008 y en marzo, su Consejo de Gobierno anunció un nuevo programa excepcional de compras de activos para hacer frente a la crisis generada por la pandemia por un importe de 750 millones de euros.

Sin embargo, una reciente Sentencia del Tribunal Constitucional alemán cuestionaba la compra de deuda pública llevada a cabo por el BCE en la pasada crisis. El tribunal exigía al gobierno de dicho país que justificara que el BCE no estaba haciendo política fiscal al comprar deuda de los países. Quería evitar que los países se acostumbraran a emitir deuda pública para que la compre el BCE, es decir, que monetizaran la deuda.

Los mercados reaccionaron inmediatamente: la prima de riesgo española, que ya estaba subiendo, tuvo un repunte inmediato tras esta sentencia.

El problema principal es que dicha sentencia cuestionaba la independencia del BCE para reaccionar frente a una crisis como la actual. Además, los inversores necesitan la seguridad de que, en última estancia, el BCE puede respaldar la deuda. En cualquier caso, hay que señalar que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea reaccionó inmediatamente recordando al tribunal alemán el ámbito de sus competencias.

En estos momentos, para lograr una reconstrucción económica, es necesario que en la Unión Europea se imponga el sentido de unidad. Pero también lo es que en España se efectúe un adecuado análisis interno.

En términos económicos, España es el país de la zona euro que más preocupa en la actualidad. Sería catastrófico que la situación actual terminara con el cierre de empresas y, por tanto, los ERTE pasaran a despidos indefinidos o que, al final, el sistema financiero sufriera un efecto contagio y volviéramos a caer en una crisis financiera. La unión y la coherencia a la hora de llevar políticas económicas es fundamental. Necesitamos menos política y más técnica para dirigir la recuperación económica.

 

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