Revista Economía 3

“El turismo es el soporte de la economía española y no lo tratan bien”

El Palasiet demuestra que el turismo de salud es un activo en un sector que precisa de iniciativas que contribuyan a desestacionalizarlo

Joaquin Farnos, de Palasiet-Termas marinas de Benicassim. | Foto: Antonio Pradas

Transcurridos cincuenta años, el Thalasso Hotel Termas Marinas El Palasiet es un referente en el panorama del turismo de salud español. Surgido del empeño de su director, el doctor Joaquín Farnós, que consiguió financiación internacional, es una cita obligada para quienes precisan alejarse del estrés de la sociedad globalizada actual o para quienes necesitan relajarse o rehabilitar su cuerpo.

Heredero del Centro de Termalismo y de una tradición que se remonta cincuenta años en el tiempo, el Thalasso Hotel Termas Marinas El Palasiet, de Benicàssim, mantiene su apuesta por el cuidado de la salud a partir del uso de las propiedades curativas que tiene el agua del mar. Fue un centro pionero en España y de aquel carácter emprendedor mantiene su constante apuesta por la renovación de los servicios que ofrece en un entorno natural asomado a la bahía benicense.
Uno y otro centro salieron adelante por la iniciativa del doctor Joaquín Farnós, director de El Palasiet, quien contó con el apoyo financiero de empresarios franceses, en el primer caso, y daneses en el segundo. Este hecho refuerza la percepción de que El Palasiet es un referente entre turistas nacionales y foráneos que acuden a recuperarse con sus aguas. A su lado, la segunda generación, la de sus hijos, ha tomado el relevo y mantienen el espíritu y la impronta innovadora de su padre, quien fuera presidente de la Diputación de Castellón, senador en el período constituyente, y conseller de Sanidad, departamento desde el que impulsó el modelo Alzira.

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vistas desde una de las terrazas del hotel. | Foto: A. Pradas

– ¿Cómo y cuándo surge El Palasiet?
– Para ver los comienzos hemos de remontarnos a los años 60, a 1967, cuando se inauguró el Centro de Termalismo, financiado con capital francés. Yo estaba trabajando con ellos en Colliure, en el Centro Helio Marino con el doctor Maurice Jordá, que utilizaba la talasoterapia para la rehabilitación de parapléjicos, hemipléjicos, reumáticos y postraumáticos.
Cuando me casé vinieron a mi boda varios profesionales del centro termal de Colliure, vieron el lugar y me plantearon montar un centro de talasoterapia como el que tenían en Francia; me hablaron de construir unas instalaciones enfocadas a la rehabilitación. Estuvimos visitando varias ubicaciones posibles y la que más les gustó fue la de Benicàssim.
La iniciativa tuvo éxito en la sociedad y de ello se benefició el municipio. Aquí vinieron personalidades de la época, desde aristócratas como Francisco José Martínez-Bordiú, VIII conde de Argillo y padre del Marqués de Villaverde, (que se casó con Carmen Franco Polo) y consuegro de Franco, a empresarios como Ramón Areces, fundador de El Corte Inglés, pasando por Ignacio Villalonga, político, empresario y financiero valenciano, encargado de reorganizar el Banco de Valencia y el Banco Central.

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Una de las salas de El Palasiet en Benicassim. | Foto: A. Pradas

– ¿Por qué un balneario en una población costera?
– No es extraño, desde siempre ha habido en la sociedad un culto por la salud y los baños termales son un buen método. Pero es que, además, contábamos con la materia prima, el agua de mar, que está en la base de los tratamientos que se ofrecían en el Termalismo, primero, y ahora en El Palasiet. Teníamos de nuestra parte la proximidad a la costa para poder captar el agua del mar. Así que se hizo una perforación junto a las rocas y eso nos permite sacar agua de mar filtrada por la arena. Bombeamos agua de mar se guarda en un depósito y de ahí se distribuye por todo el circuito del piscinas del balneario.

– ¿Contó con ayudas para sacar adelante el proyecto?
– La inversión fue privada, como apuntaba antes. Fueron unos empresarios franceses que tenían unas instalaciones similares en Colliure, donde yo estuve formándome, tras acabar la carrera de Medicina, y ellos aportaron los 16 millones de pesetas de la época que permitieron poner en marcha el Centro de Termalismo (edificio que fue demolido esta primavera). Tras los años de explotación del centro, que acabó en manos de la Seguridad Social, se acordó el cierre y nosotros que ya teníamos El Palasiet continuamos esa tradición de ofrecer una infraestructura para la recuperación de personas con problemas de salud. De hecho, fue también la apuesta de una empresaria danesa la que hizo posible la adquisición de El Palasiet en 1970, un hotel de la época propiedad de la familia Blanes, y su conversión junto con las infraestructuras necesarias en el centro que tenemos ahora. Entonces fijamos un convenio con el gobierno danés que enviaba aquí a personas mayores para mejorar sus condiciones físicas.

– Un recorrido por las instalaciones de este centro permite constatar que por él han pasado personajes conocidos de esferas tan variadas como la política, la cultura o el deporte. ¿Cuál es la clave del éxito?
– El éxito es la confidencialidad y la tranquilidad, dos cualidades que valoran nuestros clientes que buscan ese ambiente de relajación. A su vez, nosotros aplicamos un compromiso ético, como médicos, que es la confidencialidad, algo que preserva la intimidad de quienes acuden hasta aquí.
Igualmente, ofrecemos la hospitalidad del hotel que garantiza tranquilidad e intentamos evitar el estrés. De hecho, cuando presentamos la remodelación de estas instalaciones parafraseando a Hilton, el empresario hotelero, que fijaba los tres requisitos que necesita un gran hotel y los resumía a la situación, yo indiqué que, dado que la situación de El Palasiet es difícilmente superable, afirmé que el personal es lo más importante porque es la imagen del centro y, en este caso, que tenemos como clientes personas mayores, el trato y la atención son un valor añadido, son personas que viven solas, aisladas que no hablan con nadie y que aquí encuentran personas que les escuchan y les atienden.

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Entre los servicios, está en el de masajes. | Foto: A. Pradas

– Una instalación como El Palasiet, que en marzo de 2020 alcanzará los 50 años de actividad ¿demuestra que el turismo de salud es un activo al alza?
– La pervivencia de este modelo demuestra que tiene un hueco importante y futuro, aunque, como en todas las facetas de la vida, y en los negocios en plena era de la globalización más, hay que ir introduciendo variaciones y actualizaciones. De ahí que se potencien la organización de eventos, la restauración o la música. Lo que está claro es que 50 años después este ente sigue vivo y sigue adelante. Y es que en la sanidad, tener un buen ojo clínico, como decía el doctor Gregorio Marañón, es importante para acertar. Desde hace unos años, mis hijos han ido tomando el relevo y son quienes me acompañan en la gestión. Le aportan una visión diferente que contribuye a mejorar la oferta que le damos a nuestros clientes.

– ¿Es viable el turismo de salud?
– Creo que sí, porque estamos en una sociedad que envejece y necesita hacerlo de forma saludable y ordenada. Se ha potenciado una especialidad como es la geriatría, que trata problemas de los mayores. Debemos darles apoyo para que se mantengan física y mentalmente en forma tras su jubilación. La vejez permite convivir con los recuerdos del pasado y de la familia. Es muy bonita. Hasta hace poco a los mayores se les arrinconaba, pero ahora se le presta más atención y debemos buscar y poner medios para ayudar a este colectivo de la sociedad que cada día tiene un peso mayor.

– En plena temporada estival los responsables de las administraciones públicas hablan de planes para diversificar la oferta turística, incluso de apuesta por la singularidad y lo diferente, pero ¿cuidan suficientemente el turismo y a los empresarios del sector?
– Creo que no se cuida lo suficiente. Hemos de cuidar el turismo porque ofrece un rendimiento importante. El turismo es el soporte de la economía española y no lo tratan bien. Debía de estar más mimado. Es una empresa que tiene futuro. Nuestro modelo es válido. Los europeos se encuentran en su ambiente, al contrario de lo que ocurre fuera, en África. Nosotros ofrecemos el mismo modelo cultural.

– Y en el turismo de salud…
– El turismo de salud aporta un plus de valor añadido al sector, pero, a veces, los políticos ni lo ven. Además dependemos de dos departamentos de la Administración autonómica como son la Sanidad y el Turismo. Lo que es evidente es que invertir en salud es rentable, porque se evita gastar más a largo plazo para cuidar la salud de la población.
Nosotros recibimos a un cliente con un mayor poder adquisitivo que el que busca solo sol y playa. Aquí llegan buscando mejorar su aspecto físico o tratarse de algún problema o, simplemente, relajarse en este entorno pegado a la naturaleza y en contacto con el mar. Todo ello no quita para que accedan a nuestras instalaciones otro tipo de personas que vienen a alojarse en este hotel de cuatro estrellas o, incluso, los mismos vecinos de Benicàssim. El centro no es elitista, está abierto a todos.

– ¿Cuántas personas pasan por el termalismo?
– Cuatro o cinco mil personas al año vienen a tratamiento. La mayoría son clientes del hotel y todas contratan un tratamiento.

– ¿Cuál sería el perfil tipo?
– Es muy variado, generalmente son personas de más de 45-50 años, pero también lo hacen los jóvenes que, cada vez más, toman conciencia de los beneficios de cuidarse en esa cultura del culto al cuerpo. Y es que mantenerse en el peso ideal son diez años más de vida, algo que se consigue con una vida saludable, con una alimentación variada y adecuada y haciendo ejercicio. Y la gente es consciente de que se tiene que cuidar.

– Como médico, ¿qué le parece que, mientras se habla de culto al cuerpo, de cuidar la forma física, se haya perdido la dieta mediterránea?
– Así es, contamos con un patrón de alimentación tan valorado como la dieta mediterránea, pero la globalización está contribuyendo a que se pierda o se abandone, sobre todo, por la penetración de la gastronomía norteamericana.

– Precisamente la nutrición es uno de los aspectos que se cuida en El Palasiet.
– Consideramos que la nutrición juega un papel destacado para llevar una vida saludable y mejorar físicamente. La nutrición desde muy jóvenes es necesaria y fundamental. Por eso, en el Instituto de Talasoterapia tenemos un departamento de nutrición que dirige una especialista en Dietética y una cocina especializada e indicada para la obesidad, celulitis y dieta saludable. Supervisado por un médico se confeccionan menús personalizados, uno general bajo en dietas y también se ofrecen menús para vegetarianos, veganos…
El Instituto de Talasoterapia cuenta con un hotel de 4 estrellas en un enclave junto al mar con magníficas vistas, en medio de una parcela de unos 20.000 metros cuadrados de pinos y palmeras que proporcionan un ambiente de relajación que facilitan las indicaciones terapéuticas para luchar contra el envejecimiento, enfermedades reumáticas, cervicalgias, dorsalgias y lumbalgias. Contribuye a todo ello el clima marino que en el Instituto de Talasoterapia en Benicàssim es casi siempre soleado.

Historias de El Palasiet

Para conocer los orígenes de El Palasiet hay que retroceder unos años para saber cómo se construyó el edifico que le da nombre. En 1863, el ingeniero Joaquín Coloma Grau se encargaba de construir el ferrocarril Castellón-Tarragona y decidió que era el lugar ideal para su villa de verano. Villa Pilar fue el nombre elegido en honor a su esposa. Gracias a él empezaron a construirse nuevas villas de veraneo por la zona. En 1888 fue construida la residencia denominada Villa Práxedes, pero que popularmente recibió el nombre de El Palasiet, a las faldas del Monte Cantallops.

El Palasiet fue en el periodo de entreguerras punto de encuentro de los veraneantes de Las Villas, que acudían atraídos por sus cuidados jardines y el carácter abierto de su dueña, doña Práxedes que se casó en terceras nupcias con el ciudadano checoslovaco, Joachim Muller. Durante la Guerra Civil española, las villas son incautadas y formaron parte de un complejo sanitario. Únicamente El Palasiet no fue requisada, debido a que era la residencia del cónsul checo. En 1951, la familia Blanes, de Alcoy, adquiere la villa y transforma a los pocos años sus instalaciones, añadiendo más habitaciones e inaugurando el Thalasso Hotel Termas Marinas El Palasiet. Apenas 20 años después el doctor Farnós adquiere las instalaciones y cambia el uso de las mismas hacia un hotel especializado en la utilización terapéutica de las virtudes curativas del agua de mar, la talasoterapia, creando así el Hotel Termas Marinas El Palasiet.

En el año 2002 concluye la reforma integral de todas las instalaciones, así como el incremento de habitaciones hasta un total de 74. Además se amplían las instalaciones de talasoterapia y de tratamientos médicos, que ocupan una superficie de 2.500 metros. Las obras permitieron sacar a la luz y recuperar los vestigios de la villa original de 1887.

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