El acuerdo UE-Mercosur entra en vigor y estas son las reacciones de algunos de los sectores
El sector de la cerámica y de agricultura lamentan las consecuencias del acuerdo entre UE y Mercosur
El acuerdo comercial entre UE y Mercosur ha entrado en vigor de forma provisional el 1 de mayo, tras más de 25 años de reuniones y marcando un nuevo escenario para las relaciones económicas entre ambos bloques. La medida abre la puerta a una de las mayores áreas de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores, y genera expectativas en sectores industriales, energéticos y de servicios.
Sin embargo, su aplicación no está exenta de controversia. Mientras el tejido empresarial observa nuevas oportunidades de internacionalización, el sector agrario europeo alerta de un impacto potencialmente crítico sobre su competitividad.
Un mercado ampliado para las empresas europeas
Desde el punto de vista empresarial, el acuerdo supone una reducción progresiva de aranceles en múltiples sectores, facilitando el acceso a mercados latinoamericanos tradicionalmente protegidos. Industrias como la automoción, la maquinaria, la química o los servicios tecnológicos se perfilan como principales beneficiarias.
La eliminación de barreras comerciales también favorece la inversión directa y el desarrollo de cadenas de suministro más diversificadas, en un contexto global marcado por la necesidad de reducir dependencias estratégicas. Además, el tratado refuerza la presencia de empresas europeas en economías emergentes como Brasil o Argentina, donde el crecimiento del consumo y la demanda de tecnología ofrecen un alto potencial. Desde el sector industrial, la valoración es claramente positiva. La directora de Internacional, Inversiones e Innovación de Feique, María Eugenia Anta, ha señalado que el acuerdo representa «una herramienta clave en un contexto de incertidumbre y elevada presión competitiva sobre la industria europea«.
Según la patronal química, el tratado permitirá abrir nuevos mercados en América Latina, diversificar cadenas de suministro, mejorar el acceso a materias primas. reducir progresivamente aranceles que en algunos casos alcanzaban el 18 %, disminuir barreras no arancelarias.
Además, Feique subraya que el acuerdo aporta certidumbre a las decisiones de inversión, un factor especialmente relevante para una industria altamente internacionalizada y exportadora. No obstante, el sector condiciona su impacto positivo a la existencia de mecanismos eficaces de vigilancia, salvaguardias comerciales y una convergencia progresiva de estándares que garantice una competencia equilibrada.
Presión competitiva para el sector agrario
En el lado opuesto, el sector agrario muestra el rechazo firme ante la aplicación de este acuerdo. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) advierte de que esta decisión también puede suponer una presión añadida sobre producciones claves como la ganadería, el arroz o los cítricos.
Entre los principales elementos de preocupación destacan; la entrada de carne de vacuno, pollo y cerdo con menores exigencias regulatorias y sanitarias que las que soportan empresas europeas. El incremento de miel con precios más bajos y controles de trazabilidad. Un punto que preocupa en la producción de la Comunidad Valenciana, es la presión sobre el cultivo del arroz en zonas como la Albufera. Por último el riesgo para la citricultura por posibles pagas y caída de precios.
En total, el acuerdo contiene puntos que podrían llegar a agravar los efectos de este acuerdo al dejar a estos sector poco margen de maniobra y competitividad.
ASCER realiza un análisis del impacto en el sector de la cerámica
En términos comerciales, Sudamérica representó el año 2025 alrededor del 2,5% de las exportaciones del sector cerámico español, con un peso limitado frente a mercados como Europa o Estados Unidos y con una demanda orientada a producto de menor valor añadido.
En total, el acuerdo prevé una posible rebaja de pecios en Sudamérica, lo que, según el sector, puede agravar la competencia de importaciones ya existente en el mercado europeo. El impacto en el sector de la cerámica, analizado por ASCER, la Asociación Española de Fabricantes de Azulejos y Pavimentos Cerámicos, también observa un desequilibrio entre oportunidad y riesgo.
A esto se suma otro factor clave. Muchas regiones sudamericanas presentan un alto grado de autoabastecimiento cerámico y barreras logísticas relevantes, lo que reduce la competitividad del producto español. Esto provoca que pueda acabar no necesitando la producción europea.
No obstante, desde ASCER también se advierte de un posible efecto indirecto del acuerdo: la entrada en la Unión Europea de productos fabricados bajo normativas menos exigentes en materia medioambiental, laboral o de sostenibilidad. Este escenario podría generar conflicto si no se garantizan condiciones de igualdad regulatoria.
Competencia global y estándares
Tanto en el sector agrario como en el industrial se repite un mismo argumento: la necesidad de asegurar condiciones de competencia equivalentes. Las organizaciones señalan que la diferencia en estándares de producción entre países de la UE y algunos países de Mercosur puede generar ventajas competitivas para los exportadores latinoamericanos. En este sentido, se reclama una aplicación efectiva de cláusulas de salvaguardia, así como mecanismos de control más ágiles.
Un acuerdo con impacto para la economía española
Más allá de las posiciones sectoriales, el acuerdo UE-Mercosur supone un cambio estructural en el comercio internacional europeo. Para las empresas, representa una oportunidad de crecimiento en mercados de gran escala y con potencial de desarrollo. Para sectores tradicionales como la agricultura o la cerámica, plantea el reto de competir en un entorno más abierto, pero también más exigente. El equilibrio entre apertura comercial y protección de sectores estratégicos será uno de los principales debates económicos de los próximos años, a medida que el acuerdo avance en su aplicación plena.
El tejido empresarial español afronta este nuevo escenario con una doble lectura: expansión internacional por un lado, y necesidad de adaptación competitiva por otro. La evolución del acuerdo será clave para determinar si se consolida como un motor de crecimiento o si requiere ajustes para corregir posibles desequilibrios sectoriales. En cualquier caso, la relación comercial entre Europa y América Latina entra en una nueva fase que obligará a las empresas a redefinir estrategias, mercados prioritarios y posicionamiento competitivo.
Ana SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.











