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¿Por qué Países Bajos ha trasladado su reserva de oro de EE.UU. a Londres?

El banco central neerlandés traslada 86 toneladas de sus reserva de oro. Abordamos las causas del traslado, qué significa para la moneda euro y por qué los países occidentales están tomando esta decisión.

¿Por qué Países Bajos ha trasladado su reserva de oro de EE.UU. a Londres?
Publicado a 03/09/2026 18:15

El banco central neerlandés ha reordenado el 14 % de sus reservas de oro sin variar ni un gramo el total. Si hace unos mases el cambio erradicaba en la apuesta masiva de los países por confiar en la fiebre del oro, ahora lo importante no es tanto el material si no, ¿Dónde descansa este material?

La operación describe un cambio de prioridades en la gestión de reservas europea: ya no basta con tener oro, hay que poder venderlo en cuestión de horas. Y la realidad es que EE.UU ha conseguido llegar, por sus decisiones políticas, a un punto muy incómodo para los mercados.

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Una operación que no cambia el volumen, solo el mapa

De Nederlandsche Bank (DNB) trasladó entre marzo y agosto de este año unas 86 toneladas de oro desde Nueva York y Ottawa hasta Londres. Equivalen al 14 % de unas reservas que suman 612,4 toneladas y que a cierre de 2025 estaban valoradas en 72.200 millones de euros. El volumen total no ha variado: lo que ha cambiado es el reparto.

Zeist, el centro de efectivo del banco en territorio neerlandés, mantiene el 30,8 %. Londres pasa del 18,1 % al 32,1 %, lo que convierte al Banco de Inglaterra en el mayor custodio del oro neerlandés, por delante del propio país. Nueva York cae del 31,3 % al 18,5 % y Ottawa, del 19,7 % a ese mismo 18,5 %.

El banco enmarca la decisión en la creciente inestabilidad geopolítica que protagonizan entre otros EE.UU, Rusia e Irán y en el refuerzo de su preparación ante nuevas crisis. Su presidente, Olaf Sleijpen, resumió esta decisión centrándose en que: «esperamos no tener que utilizarlas nunca, pero necesitamos reforzar nuestra resiliencia».

No es repatriación del oro, es liquidez rápida

Esta es la distinción que se pierde en buena parte de la cobertura. El debate abierto en Alemania reclama traer el oro a casa que sería lo que todos pensaríamos en un primer momento. Control físico, soberanía, independencia estratégica. Lo que ha hecho Ámsterdam es otra cosa.

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El porcentaje custodiado en suelo neerlandés no se ha movido ni una décima. Las 86 toneladas no han vuelto a los Países Bajos, han cambiado de cámara extranjera.

DNB no ha optimizado la soberanía sobre su oro, sino la capacidad de convertirlo en dinero. Londres es el gran mercado mundial de oro físico y el Banco de Inglaterra es, con diferencia, la ubicación preferida por los bancos centrales: la eligen el 57 % de los encuestados por el World Gold Council en 2026, por delante del almacenamiento doméstico (49 %) y del Banco de Pagos Internacionales (16 %).

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No todo el oro vale lo mismo

El oro depositado en el Banco de Inglaterra debe cumplir los estándares internacionales de comercio vigentes y por eso se considera el más fácilmente negociable del mundo, mientras que el custodiado en Nueva York y Ottawa no puede movilizarse con la misma rapidez.

Esto lo que quiere decir es que un lingote antiguo, con una ley, un peso o una trazabilidad que no encajan en el estándar actual del mercado mayorista, puede necesitar refundido y recertificación antes de venderse. Eso significa semanas y costes justo en el momento en que el activo haría falta en horas.

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DNB admite que, además de ganar liquidez, la calidad de sus reservas ha mejorado.

La mecánica lo confirma. Cerca de 59 toneladas nunca viajaron: se vendieron en Nueva York y con esos fondos se compró en Londres una cantidad equivalente que sí cumplía el estándar. Otras 27 toneladas largas sí cruzaron el Atlántico físicamente hasta Zeist y desde allí salió hacia Londres una cantidad similar, ya homologada, lo que evitó tener que fundir lingotes.

Un simulacro encubierto

En el comunicado publicado por el mismo banco neerlandés hay un párrafo donde explica que combinar compraventa con transporte físico repartió los riesgos de una operación compleja y contuvo el coste, pero añade otro motivo: acumular experiencia en los dos métodos por si en una crisis futura uno de ellos resultara impracticable.

El banco central no solo ha reordenado sus reservas. Ha ensayado el procedimiento. Es una institución que practica cómo mover su oro ha dejado de considerar improbable el escenario en el que tendría que hacerlo a contrarreloj.

La desconfianza atlántica como transfondo

La congelación de las reservas rusas en 2022 convirtió en tangible un riesgo que los gestores de reservas trataban como teórico: el no poder acceder a activos propios depositados fuera. Desde entonces, la custodia dejó de ser una cuestión logística para pasar a ser una decisión política.

En Alemania el debate llegó al espacio público cuando Mönch, ex responsable de investigación del Bundesbank, sostuvo que, dada la situación geopolítica, «parece arriesgado guardar tanto oro en Estados Unidos», y defendió la repatriación como vía hacia una mayor independencia estratégica.

El Bundesbank, que custodia alrededor de 1.200 toneladas en la Reserva Federal de Nueva York, ha mantenido su posición: la custodia externa aporta diversificación y acceso a los centros de negociación.

Francia habría seguido una vía parecida a la neerlandesa: reorganizar sin mover lingotes. Y los propios Países Bajos ya redujeron en 2014 del 51 % al 31 % la porción de sus reservas depositada en la Fed, en plena resaca de la crisis del euro.

El oro ya pesa más que la deuda estadounidense

El movimiento neerlandés encaja en un desplazamiento de fondo. A comienzos de 2026, el valor del oro en manos de bancos centrales rondaba los cuatro billones de dólares y superó por primera vez desde 1996 al de la deuda del Tesoro estadounidense en esas mismas carteras, cifrada en torno a 3,9 billones.

Las compras netas oficiales superaron las 1.000 toneladas anuales en 2022, 2023 y 2024, y se moderaron hasta 863 en 2025, muy por encima de la media de unas 473 toneladas del período 2010-2021. El 89 % de los bancos centrales consultados por el World Gold Council espera que las reservas mundiales de oro sigan creciendo en los próximos doce meses y el 74 % anticipa un descenso del peso del dólar en las reservas globales a cinco años.

También se mueve la geografía: un 9 % de las entidades encuestadas aumentó el almacenamiento doméstico en el último año, frente al 5 % del ejercicio anterior, y un 10 % diversificó ubicaciones en el exterior, cuando un año antes era el 2 %. El precio acompaña el movimiento: la onza cotizaba en torno a los 4.400 dólares a comienzos de septiembre.

¿Qué significa esto para Europa?

La primera lectura es de gestión. El oro deja de comportarse como una reliquia contable heredada del patrón oro y pasa a gestionarse como un instrumento operativo, con criterios de liquidez, estandarización y tiempo de ejecución. Es un cambio silencioso pero relevante en la doctrina de los bancos centrales del euro.

La segunda es de mercado. Londres refuerza su posición como centro del oro físico justo cuando la City acumula años de dudas sobre su papel financiero. La infraestructura de custodia y negociación sigue siendo un activo británico difícil de replicar.

La tercera es de señal. Ochenta y seis toneladas no alteran un mercado que mueve ese volumen en sesiones. Lo relevante es que un banco central del núcleo del euro comunica de forma abierta que se está preparando para escenarios de crisis severa. Cuando la preparación se hace pública, forma parte del mensaje.

En el caso español, el Banco de España mantiene 281,6 toneladas, una cifra estable desde las ventas de 2007 y muy alejada de las de Alemania, Italia o Francia. Su valor de mercado se ha multiplicado con la escalada del precio, aunque el volumen no se haya movido.

Los indicadores a vigilar en los próximos meses son tres: si el Bundesbank pasa del debate a la ejecución, si otros bancos centrales del Eurosistema replican el modelo neerlandés de reordenar sin repatriar, y si la creciente concentración de

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Fotografía de Ana SánchezAna SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.
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