La vendimia valenciana arranca con buena uva, pero precios «ruinosos»
La campaña se adelanta entre una semana y diez días y deja una uva de elevada calidad, aunque el sector alerta de cotizaciones de entre 20 y 40 céntimos por kilo frente a unos costes que los viticultores sitúan por encima de los 50 céntimos
La vendimia ha comenzado en la Comunitat Valenciana con una combinación difícil de digerir para los viticultores: una uva que llega en muy buenas condiciones de calidad, pero unas cotizaciones que amenazan con dejar nuevamente la rentabilidad de las explotaciones bajo mínimos. El calor ha acelerado la maduración y adelantado la campaña entre una semana y diez días, mientras que la falta de lluvias comienza a pasar factura a las previsiones iniciales de producción.
«Los precios están muy mal, fatal», resume a Economía 3 Jacinto Murciano, responsable de la sectorial del Vino de AVA-Asaja. Una valoración que comparte José Luis Navarro, vicesecretario general de La Unió y viticultor: «No sabemos si vendimiaremos o no, porque los precios son una ruina».
La situación valenciana forma parte de una campaña especialmente temprana en el conjunto de España. Según explica a Economía 3 la Federación Española del Vino (FEV), las elevadas temperaturas de los últimos meses han acelerado el ciclo vegetativo y la maduración de la uva. En numerosas zonas españolas el adelanto alcanza entre 10 y 15 días respecto a una campaña normal.
Sin embargo, la evolución no está siendo homogénea. Territorio, variedad, disponibilidad de agua y condiciones particulares de cada parcela están provocando importantes diferencias.
En la Comunitat, la campaña ya está en marcha con las variedades más tempranas. Murciano explica que actualmente se están recogiendo principalmente aquellas destinadas a cava, mientras que variedades más tardías como la bobal necesitarán aproximadamente dos semanas más.
Navarro apunta igualmente al adelanto de la campaña. En su zona ya ha comenzado la recogida de variedades tempranas como la chardonnay y prevé que macabeo y tempranillo entren en vendimia a partir de finales de agosto.
Una primavera favorable que se torció con el calor
Las expectativas iniciales eran optimistas. Las precipitaciones de primavera favorecieron una buena brotación de las viñas y hacían prever una campaña normal o incluso positiva en volumen.
El escenario ha cambiado durante el verano. «La primavera fue bastante buena, llovió bastante y las uvas brotaron muy bien, pero luego el verano está siendo de temperaturas altísimas y falta de lluvias», explica Murciano.
A ello se añaden distintos episodios de pedrisco registrados en zonas productoras. Como resultado, desde AVA-Asaja consideran que la calidad será buena, pero prevé una reducción de la cantidad respecto a las primeras estimaciones.
Murciano sitúa provisionalmente esa merma entre un 10% y un 20%, aunque insiste en que todavía dependerá de la evolución meteorológica durante los próximos días.
Uno de los principales interrogantes está en la bobal. Esta variedad está sufriendo episodios de marchitez fisiológica en determinadas parcelas. El propio responsable de AVA-Asaja asegura tener explotaciones donde los daños alcanzan entre el 30% y el 40%.
La llegada de precipitaciones todavía podría ayudar a aumentar el tamaño de las uvas y mejorar la cosecha. Mientras tanto, el descenso reciente de las temperaturas juega a favor de la calidad. Las noches menos cálidas permiten una maduración más equilibrada y pueden contribuir a mejorar las características finales de la uva.
Las previsiones de La Unió son algo más favorables en términos de volumen. Navarro espera una campaña similar a la anterior o «incluso algo superior», aunque con diferencias según las zonas. En Utiel-Requena sitúa la cosecha de la campaña pasada alrededor de los 150 millones de kilos y la producción valenciana entre 200 y 220 millones.
Uva a 28 céntimos frente a costes superiores a 50
Pero el principal problema que señalan ambas organizaciones no está en la calidad ni siquiera en el volumen. Está en los precios.
AVA-Asaja sitúa las primeras referencias para la uva destinada a vino tinto alrededor de los 20-25 céntimos de euro por kilo. En el caso de la destinada a cava, Murciano habla de operaciones en una horquilla aproximada de 30 a 40 céntimos.
«Son precios que prácticamente no cubren los gastos de producción», advierte.
La Unió aporta una referencia todavía más concreta. Navarro señala que las variedades destinadas a cava se han situado en 28 céntimos por kilo.
Frente a esa cotización, el responsable de La Unió calcula unos costes de producción de entre 50 y 52 céntimos por kilo para la uva destinada a cava. «No cubrimos los costes de producción ni de lejos», lamenta.
Las estimaciones de ambas organizaciones coinciden, por tanto, en situar el umbral de rentabilidad sensiblemente por encima de los precios actuales.
Murciano considera que, teniendo en cuenta el encarecimiento del gasóleo, los productos fitosanitarios y los costes laborales, serían necesarios precios de «mínimo 50 o 60 céntimos» por kilo para afrontar adecuadamente la producción y mantener las explotaciones.
La diferencia es considerable. Una uva de cava pagada a 28 céntimos estaría aproximadamente un 46% por debajo de los 52 céntimos que La Unió estima como coste de producción.
Buena calidad, pero mucha desigualdad entre territorios
La buena calidad que observan los agricultores valencianos se repite en distintas zonas productoras españolas, aunque la FEV advierte de que no es posible extrapolar una única situación al conjunto del país.
Las primeras valoraciones apuntan a una uva generalmente sana y en un buen estado fitosanitario. En Montilla-Moriles, por ejemplo, se observa un excelente estado sanitario del fruto, sin presencia significativa de plagas ni enfermedades criptogámicas y con un adecuado equilibrio de maduración.
Las altas temperaturas, sin embargo, están introduciendo nuevos condicionantes. En Castilla-La Mancha, según la información trasladada por la FEV, el calor está acelerando la maduración, elevando la concentración de azúcares y reduciendo la acidez.
Este comportamiento obliga a realizar un seguimiento prácticamente parcela a parcela para determinar el momento adecuado de recogida y preservar el equilibrio de la uva.
Tampoco existe todavía una previsión cerrada de producción para España. Algunas regiones podrían recuperar volúmenes de años medios gracias al buen estado del viñedo y a una mayor disponibilidad de agua. En Montilla-Moriles, por ejemplo, se estima un incremento de entre el 35% y el 45% respecto a la campaña anterior.
En otras zonas, por el contrario, el estrés hídrico puede reducir el peso de las bayas y, en consecuencia, los rendimientos finales.
Esta disparidad nacional encuentra también su reflejo dentro de la propia Comunitat Valenciana: mientras AVA-Asaja advierte de posibles descensos por el calor, el pedrisco y la marchitez fisiológica de la bobal, La Unió apunta a una cosecha similar o ligeramente superior a la pasada.
Francia también entra en la ecuación
El mercado todavía no ha terminado de definir sus precios. Los productores valencianos miran también hacia Francia y otros grandes países vitivinícolas europeos para conocer cuál será finalmente su cosecha.
«Estamos en un sistema globalizado y toda la producción que se haga en otros países es competencia para el vino de España», explica Murciano. Una reducción de la cosecha francesa podría, por tanto, contribuir a sostener las cotizaciones.
El responsable de AVA-Asaja señala también las medidas de destilación de crisis adoptadas en Francia y Alemania, que pueden contribuir a reducir las existencias acumuladas.
El comportamiento internacional será especialmente relevante en una campaña en la que, según la FEV, todavía es demasiado pronto para determinar cuál será el volumen definitivo de producción española.
De 38.000 a poco más de 32.000 hectáreas en Utiel-Requena
La falta de rentabilidad tiene, además, una consecuencia que preocupa especialmente a las organizaciones agrarias: el abandono progresivo del viñedo.
«O se equilibra el mercado o se va a abandonar mucho viñedo», advierte Navarro.
El vicesecretario general de La Unió pone como ejemplo la evolución experimentada en Utiel-Requena. Según sus datos, la superficie de viñedo de la denominación de origen habría pasado de unas 38.000 hectáreas a poco más de 32.000 durante los últimos ocho o diez años.
Una pérdida de alrededor de 6.000 hectáreas que ejemplifica, a juicio de la organización, las dificultades estructurales que atraviesan los productores.
La Unió reclama medidas que permitan equilibrar producción y consumo y mejorar la rentabilidad de las explotaciones. La organización sigue además pendiente de las ayudas extraordinarias anunciadas por el Gobierno para el sector.
Un viñedo obligado a adaptarse al clima
Más allá de esta campaña, la evolución de la vendimia vuelve a evidenciar hasta qué punto el negocio vitivinícola depende de unas condiciones climáticas cada vez más determinantes.
Las lluvias acumuladas durante el invierno y la primavera permitieron recuperar reservas hídricas y favorecieron el desarrollo del viñedo en algunas zonas. Pero las elevadas temperaturas posteriores han acelerado la maduración y vuelto a poner el foco sobre la capacidad de adaptación del sector.
Para la FEV, el balance provisional es el de una vendimia precoz y técnicamente compleja, con una uva generalmente sana pero condicionada por el calor, la disponibilidad de agua y la necesidad de acertar con el momento de recogida.
El desafío no termina cuando acabe esta vendimia. La Federación apunta a la necesidad de continuar avanzando hacia un modelo productivo más sostenible y resiliente frente al cambio climático.
Una de las herramientas impulsadas por la propia FEV es Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP), un esquema específico para bodegas que evalúa su desempeño en cuatro dimensiones: medioambiental, social, económica y de gobernanza. Desde 2023, la certificación amplió su enfoque medioambiental para incorporar estos tres últimos ámbitos y convertirse en un certificado integral de sostenibilidad.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.





