Entrevista a José Luis Pérez Pont

“Antes del Centre del Carme no había un espacio público que acogiera el arte de hoy”

"Hemos aparecido con el objetivo de cubrir un hueco que no estaba atendido por ninguno de los museos e instituciones culturales que estaban operando"

José Luis Pérez Pont. | Foto: Vicente A. Jiménez

La edición de diciembre de la nueva revista Economía 3 incluye una entrevista con José Luis Pérez Pont (Alicante, 1972), director del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV) y del Centre del Carme Cultura Contemporània desde abril de 2016. En ella descubrimos la composición y el funcionamiento del CMCV, una entidad autonómica creada en 1996, pero cuya actividad ha quedado relativamente en la sombra hasta hace bien poco, precisamente hasta que Pérez Pont, tras una dilatada trayectoria como crítico de arte, comisario y galerista llegó a la dirección y se esforzó en darle visibilidad.

La charla que mantuvimos fue larga, enjundiosa y pedagógica. A continuación, ofrecemos la parte de la entrevista que trató sobre el Centre del Carme, un edificio histórico que, echando mano del tópico, parecía un gigante dormido al que el nuevo equipo de dirección hubiera hecho despertar para convertirlo en el gran catalizador de la actividad cultural del barrio del Carmen. El máximo ejemplo fue la exposición del artista cántabro Okuda en la primavera de 2018, todo un hito de los que sucede muy de cuando en cuando. El año pasado terminó con un total de 343.284 visitas, un 352,1% más de las que se registraron en 2016.

– ¿El Centre del Carme es la sede del CMCV? ¿Qué papel juega?

-El Centre del Carme es el único espacio que gestionamos directamente porque depende de la Generalitat, y el resto de museos dependen de diputaciones o ayuntamientos. Tenemos ocho salas de exposiciones y dos claustros, todo ello en un edificio que es Bien de Interés Cultural. En él se conjuga Gótico, Renacimiento, Barroco, Neoclásico, ruinas islámicas…Todo eso genera capas que lo hacen muy interesante arquitectónicamente. Pero, además, es un contenedor privilegiado para acoger expresiones artísticas de última generación.  Me parece excitante que este marco conviva con una sesión de música electrónica, con exposiciones de última generación, intervenciones artísticas y performances, ciclos de cine…

-Esta actividad que se vive en el Centre, en la que mientras se celebra el Sona el Deleste te puedes ir a ver una exposición, ¿la traías preparado de casa? 

-Me presenté con un proyecto de gestión en el que estaban marcadas las líneas de trabajo principales, en las que evidentemente no se iba al detalle, pero sí sobre la necesidad de cambiar la dinámica de este espacio y convertirlo en abierto, de encuentro de cultura contemporánea donde se perdiera la rigidez tradicional del museo y se generaran relaciones más fluidas.

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| Foto: Vicente A. Jiménez

-¿Cuál era tu inspiración? ¿Lo habías visto en algún sitio en concreto o responde a un movimiento global?

-Es cuestión de una necesidad. En la ciudad no había ningún espacio donde se produjera un encuentro de la cultura contemporánea con el público y que a la vez fuera receptivo y abierto. Tenemos todo un sistema de museos estupendo, que cubre el arte clásico, la Prehistoria, la Etnología, el Arte Moderno, la Ilustración y la Modernidad…Es decir, todos los campos de la historia están cubiertos, pero no había un centro público que atendiera lo que sucede hoy, ahora, lo que los creadores están realizando en este momento. Para mí lo importante, y era lo que habíamos cuestionado desde hace mucho tiempo desde las asociaciones de críticos, de artistas y galeristas, es que no hubiera un espacio para la cultura de hoy. Si no haces emerger todo eso, el público no tiene la posibilidad de conocerlo, y no se puede desear lo que no se conoce. Nosotros hemos aparecido con el objetivo de cubrir un hueco que no estaba atendido por ninguno de los museos e instituciones culturales que estaban operando. No vinimos a desplazar a nadie, sino a compartir y a generar complementariedad.

-Precisamente, tenía ganas de hablar contigo para saber cómo se ha conseguido ser tan rompedor, tan conceptual en muchas de las exposiciones, y a la vez tan popular. ¿Crees que mi lectura es general?

-Bueno, yo sé que el público responde de una forma importante a las propuestas que hacemos. Hace poco tuvimos danza contemporánea, y había mucho público. A la vez, teníamos cuentacuentos para niños y estaba lleno. También estaba completo el aforo de un concierto para bebés de cero a tres años en la exposición de arte contemporáneo de la Generalitat, incluso había lista de espera. Todo eso quiere decir que estamos trabajando en una línea que conecta, pero no hay nunca una fórmula exacta de éxito. Todo cambia en un instante, de manera que nunca nos podemos ni nos debemos acomodar. Tenemos que seguir prestando la máxima atención a las necesidades del público, y estar continuamente conectados con qué es lo que pasa en el tejido creativo a nivel autonómico, estatal e internacional.

-Otra cuestión que se ha convertido últimamente en mi lema y me gusta consultar a todas las voces autorizadas con las que me encuentro: la cultura es una actividad económica. Es muchas cosas, pero una actividad económica. ¿Crees que la sociedad es poco receptiva a esta realidad? ¿Que es una actividad económicamente productiva y no un hobby? ¿Por qué crees que cuesta entenderlo?

-Por una parte, que es una actividad económica es evidente, porque el PIB que mueve la cultura en España es superior al de la agricultura, por ejemplo. La agricultura es una gran preocupación nacional, y desde luego con razón, pero que la cultura no sea una preocupación en materia económica me parece que es síntoma de un desconocimiento de quienes tienen competencia en materia económica, en lo público y en lo privado, también en el sector empresarial.

Creo que los creadores, los artistas, las personas que tienen capacidad en materia creativa, si nuestro país estuviera debidamente desarrollado, deberían estar incorporadas a las empresas, como parte de los recursos humanos de muchos departamentos empresariales, porque un artista, un diseñador, un creativo, un pensador, aporta cosas que no aportan otro tipo de especialistas o de técnicos, de manera que creo que deberían de empezar a generarse equipos humanos mucho más híbridos en las empresas de cualquier tipo. Eso enriquecería y contribuiría al I+D+i que tanto se busca para acabar haciendo realmente una economía de la cultura más potente.

El encuentro que hemos tenido recientemente de Fluxonomía 4D, nos tiene conectados a nivel internacional con la tendencia de economía creativa que va a cambiar en el futuro la forma de percibir el impacto de la cultura. Estamos participando en el proceso del desarrollo de métricas, junto a instituciones públicas y proyectos independientes con varios países Latinoamericanos. Son cabezas pensantes que están poniendo en marcha lo mejor de sus recursos y capacidades para ver de qué forma podemos demostrar cómo la cultura tiene impacto en la sociedad. Hasta ahora, somos capaces de generar datos numéricos, cuantitativos, pero es muy complicado obtener datos cualitativos. Estamos trabajando para intentar obtener esas referencias que nos ayuden a mejorar nuestros métodos y a avanzar progresivamente.

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| Foto: Vicente A. Jiménez

-Futuro. Tienes un contrato de cinco años. ¿Te ves siguiendo aquí? ¿Depende de ti?

-Llevo tres años y medio y es pronto para valorar eso. Depende de la Generalitat y de mí, lógicamente. Si la Generalitat, y el resto de las instituciones está conformes o no, y si yo estoy satisfecho o no de esta experiencia cuando termine. Es algo que tendré que valorar y ellos también cuando llegue el momento.

-¿Qué te haría estar satisfecho?

-En este momento estoy muy contento con el trabajo que estamos haciendo, con la forma en que se nos deja trabajar. Esto me parece destacable. Estamos trabajando con completa libertad y sin intromisiones políticas. Es un hito por el que hay que felicitar sinceramente al gobierno valenciano y a los políticos de los que dependemos directamente, en mi caso de la directora general de Cultura y Patrimonio, Carmen Amoraga, la secretaria autonómica de Cultura, el conseller de Cultura… Son personas con las que estamos trabajando con facilidad, unos interlocutores ágiles y dispuestos, que entienden de lo que estamos hablando, apoyan la labor que realizamos y no generan ese tipo de intromisión que en otras épocas sí que ha sido muy visible. Me parece un signo de madurez democrática que es muy importante destacar, porque durante mucho tiempo la cultura ha estado supeditada al gusto o al capricho de los políticos de turno. Eso es un problema, porque al final no dejan que se haga un trabajo serio y riguroso, termina saliendo perjudicada la oferta cultural, la ciudadanía y el sector profesional. Es un punto de inflexión importante.

-Finalmente, ¿qué balance haces de 2019 en el Centre del Carme? ¿Sigue el ritmo de crecimiento o percibes que se ha tocado techo?

-Aún no tengo los datos, pero en 2018 la exposición de Okuda fue un hito de visitantes que será difícil de repetir, sinceramente. En los datos de que dispongo, bajan marzo, abril y mayo respecto a Okuda, pero si se compara con 2017 seguimos con un crecimiento exponencial.

“En Alicante apenas hay espacios culturales de la Generalitat”

-Ya que eres alicantino, aprovecho para hacerte una confesión que me avergüenza bastante. Fue hace pocos años cuando me di cuenta de que en la Comunitat hemos sido hipercentralistas, quizá en líneas generales, pero especialmente en cultura. Casi todo lo ha capitalizado València. Me parece que hemos sido tan centralistas que ni nos dábamos cuenta.

-Creo que a València le ha sucedido lo mismo que a Madrid con el resto de España. La misma crítica que desde València se hace a Madrid, desde otras provincias y otros municipios se hace a la capital. Sin darnos cuenta, durante mucho tiempo se ha generado un foco muy centrado en ella que ha devorado recursos y no ha sido generosa a la hora de repartirlos en el territorio.

Eso por una parte está bien, porque ha conseguido que València adquiera una posición de capital en el Estado español, pero por otra parte ha generado una deuda con Alicante y Castellón, en particular con Alicante. En Castellón, todavía hay recursos culturales de la Generalitat que tienen presencia, como el Museo de BB.AA., el Espai d’Art Contemporani (EACC), el Auditori, el Teatro Principal…Pero en Alicante apenas los hay. Colaboramos desde el CMCV, el Institut Valencià de Cultura (IVC) también lo hace por su cuenta, pero casi no hay espacios propios de la Generalitat. De manera que nosotros volcamos toda nuestra energía de colaboración en proyectos; también es propio de nuestra forma de trabajo porque el Ayuntamiento y la Diputación forman parte del CMCV.

En ese sentido, la configuración del CMCV es muy eficaz porque la propia estructura es de red, invita a trabaja en red y repartir recursos e iniciativas en el territorio. Por eso hemos intensificado la actividad enormemente en Alicante y en Castellón. Era una necesidad y una reclamación que existía.

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