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Enrique Rubio, director general de Cuadernos Rubio

“Queremos introducir a la gente en el universo Rubio caminando hacia el futuro”

Cuadernos Rubio lleva 60 años ayudándonos a hacer fácil lo difícil. En su primera tienda recoge el pasado pero nos ayudará a caminar hacia el futuro

Enrique Rubio, horas antes de la inauguración de la primera tienda insignia de Cuadernos Rubio | Imagen: E3

Varias generaciones de jóvenes y no tan jóvenes hemos disfrutado y seguimos disfrutando de lo fácil que ha sido y nos sigue siendo aprender de la mano de los Cuadernos Rubio. La compañía apuesta fuerte por el futuro, un futuro que ha quedado muy bien plasmado en su primera tienda insignia en el centro de la ciudad de València (c/ Sorní, 9) donde podremos percibir, sentir, escribir y transmitir todas nuestras sensaciones sobre el Mundo Rubio con el que nos vamos envolviendo desde que entramos en él. Les invito a pasar por allí. No se dejen a ningún miembro de la familia en casa!

Cuadernos Rubio nació en 1956, de la mano de Ramón Rubio. “Cuando mi padre puso en marcha la empresa, en aquella época trabajaba en una academia y era muy importante hacer las cuentas a mano. Además, la caligrafía debía estar adornada y hecha con plumilla”, explica el director general de Cuadernos Rubio, Enrique Rubio. “La docencia era lo suyo, llenaba las aulas haciendo fácil lo difícil. La contabilidad la enseñaba muy bien también”, reflexiona.

Ramón Rubio comenzó haciendo una serie de ejercicios en unas fichas, que las dejaba en los colegios, para que se hiciesen como deberes para el día siguiente. “Este paso fue la génesis de los cuadernos que nacieron en 1959 y en  1962. En 1959, el primer cuaderno de problemas, que era amarillo, y en 1962, el primero de caligrafía, que era verde”, matiza Enrique.

En los años 60, el padre de nuestro protagonista trabajaba en el Banco Aragón por la mañana,  por la tarde daba clases en la academia y en verano visitaba colegios. Así pasaron muchos años en los que fue muy difícil la venta de los cuadernos hasta que a mediados de los 70, “después de muchos desesperos”, comenzaron a venderse. “Nuestra década de oro, -incide Enrique- fueron los años 80, donde se vendían una media de diez millones de cuadernos anuales. ¡Una barbaridad! Pero también es verdad que había muchos más niños y menos materiales de educación que actualmente”, nos aclara.

– ¿Y cuántos cuadernos se venden actualmente?

– En estos momentos estamos rondando los cuatro millones. Sin embargo, el año pasado nuestras ventas crecieron un 20% y nuestra facturación alcanzó los 2.400.000 euros, que para ser cuadernillos, que son productos muy baratos, se trata de una cifra muy alta. Todo ello, además, con quince trabajadores y entre todos nos encargamos de la producción, la distribución y la creación. Está todo muy mecanizado y trabajamos con las últimas tecnologías en producción.

– ¿De dónde os nutrís a la hora de elaborar vuestros cuadernillos?

– Primero tenemos que saber lo que le interesa al público. Para ello, hasta los comerciales, la página web y las encuestas que realizamos nos dan una idea de sus necesidades. Hemos de tener en cuenta que el libro de texto está muy en desuso y se utiliza cada vez menos. Entonces, cada vez más, es necesario escuchar a los docentes, saber lo que ellos necesitan y generar un equipo.

Para nosotros es muy importante que los contenidos de nuestros cuadernillos estén basados en las últimas tendencias de la educación como pueden ser las inteligencias múltiples -lingüística, matemáticas, musica, interpersonal…-. Con lo cual, cuando trabajas un cuaderno, decimos qué inteligencia múltiple estamos trabajando en ese ejercicio.

Para conseguir estos objetivos trabajamos con una serie de contactos de elaboradores de contenidos. Antiguamente se llevaba a cabo con un grupo de pedagogos. Hoy en día ya existen empresas que trabajan para todas las editoriales. Nosotros les explicamos que es lo que queremos y junto con nuestros creativos, elaboramos el producto.

– ¿Cuándo te hiciste cargo de la empresa?

– En 1997, mi padre enfermó y tuve que incorporarme de golpe. Él era una persona que le gustaba supervisarlo todo.

En aquel momento, hablando con la gente, una pregunta que me hacían de manera frecuente era: “¿Los Cuadernos Rubio todavía existen?”. Entonces me di cuenta de que pasaba algo. En la última época de mi padre al frente de la empresa cambiamos de color nuestros cuadernos y además aparecieron en el mercado nuevos productos. Estos dos hechos dieron lugar a que perdiéramos la imagen de marca. De hecho, cuando una persona iba a una papelería no identificaba los Cuadernos Rubio de los de la competencia. Con lo cual, una de las primeras medidas que tomé, cuando asumí la dirección general,  fue recuperar la imagen de antaño con una imagen vintage como es la mano y la pluma, nuestros colores pastel… Con esta acción conseguí que la gente nos volviera a recordar.

Otra medida que abordé fue cambiar los contenidos. Los de la época anterior no tenían nada que ver con los valores actuales. Con lo cual, identificamos una serie de valores en el niño, para ello trabajamos con algunas ONG como Médicos del Mundo, Ayuda en Acción…  y pusimos anuncios como “Respeta al compañero” o “Respeta al medioambiente”. Toda esta información que recopilamos nos llevó a sustituir los problemas de caramelos por otros relacionados con el reciclaje o con el ahorro. Igualmente, otros iconos, como la pistola o la pipa… los hemos eliminado. También fomentamos, a través de nuestros cuadernos, el consumo de alimentos ecológicos. Además, ya que llegamos a tantos niños nos hemos propuesto que crezcan en valores y estas iniciativas nos han proporcionado mucho éxito.

Cuadernos-Rubio

Una imagen del local diseñado por Masquespacio | Imagen: Archivo

– ¿Desde cuándo estáis vendiendo online?

– Hace ya tres años. Decidimos dar este salto porque contamos con 250 referencias y es complicado que todas ellas estén en todas las papelerías, librerías, grandes superficies… donde suelen contar con un expositor con nuestros productos básicos y no supera las 50 referencias.  A pesar de todo, en 2018, las ventas por este canal crecieron un 50% donde vendemos cerca de 200.000 euros anuales. Teniendo en cuenta que la media de precio de un cuadernillo gira entre uno y cuatro euros se trata de mucha venta. Estamos muy satisfechos con estas cifras.

– Además de comercializar vuestros productos a través de vuestra página web, ¿vendéis a través de otras plataformas?

– Nosotros directamente no, nuestros clientes que son distribuidores y grandes almacenes que distribuyen a grandes superficies, librererías, papelerías… sí que lo venden a plataformas como Amazon.

– ¿En cuántos idiomas podemos encontrar los Cuadernos Rubio?

– Además de en catalán, valenciano y gallego y castellano, se pueden encontrar en inglés y en alemán. El año pasado dimos el paso y tradujimos al gallego los libros de vacaciones porque nos lo pidió el consejero de Educación. Vamos poco a poco.

– ¿Has pensado en la expansión de la compañía?

– Hace seis o siete años me fui a Latinoamérica, concretamente a Guadalajara (México)  y me di cuenta de que no era una tarea fácil. Creemos que compartimos el mismo idioma, pero no es igual. Se trata de culturas diferentes y hay que adaptarse. Con lo cual, vista la demanda que había de nuevos productos en territorio nacional y como trabajamos con medios limitados… no lo tenía claro. Además, el ecommerce nos permite vender y expandirnos por cualquier lugar del mundo.

Piensa que el 99% de nuestros productos se venden en el territorio nacional. De todas formas, entre 2017-2018 hemos crecido un 30% y con respeto a antes de la crisis, en 2007, estamos un 50% por encima. Esto quiere decir que todas las medidas que hemos tomado son acertadas. Es verdad que se puede crecer más pero nosotros hacemos las cosas despacito y con buena letra.

De hecho, hemos sacado cuadernos de comprensión lectora, algo muy importante, porque según el informe Pisa, en España no se entienden los enunciados. Muchas veces los niños no aprueban las asignaturas porque no leen bien el enunciado, nos pasa incluso a los adultos. Por lo tanto, la comprensión lectora es muy importante.

También hemos publicado la ortografía, que no sé si es porque ahora estamos en redes sociales o porque, pero no se cuida y vemos muchas faltas.  Leer  es muy importante, de ahí la comprensión lectora. La estimulación cognitiva también es relevante para nuestros mayores y nuestros cuadernillos al respecto están en el mercado desde hace unos cinco años. El que acabamos de publicar es el de “Problemas para adultos”.

En cuanto a los cuadernillos de Estimulación Cognitiva, nos dimos cuenta de que en los centros de Día nuestros mayores utilizaban los de sus nietos y no era lo adecuado. Con lo cual, diseñamos unos específicos y están teniendo mucha demanda. Además y según dicen los neurólogos, escribir a mano activa cinco partes del cerebro, algo que no se consigue con el teclado y para las personas mayores, la motricidad es muy importante.

– ¿Habéis pensado en algún momento dejar el papel definitivamente?

– Hoy por hoy, el 99,5% de nuestras ventas son en formato papel a pesar de que ya hay tabletas en las que ya se puede escribir. De todas formas, el papel que utilizamos, desde hace más de una década, es 100% ecológico. Ahora estamos viendo cómo eliminar el plástico, que en nuestro caso su presencia es muy escasa.

De camino al futuro

– Por ultimo, ¿Qué es el nuevo proyecto flagship store que habéis inaugurado en el centro de la ciudad (calle Sorní, 9)?

– Es la primera tienda que hemos abierto y se trata de un experimento. En los 200 metros cuadrados de local con los que contamos está todo lo que fabricamos nosotros y algunos productos que producen otros y que acompañan a nuestros Cuadernos Rubio como pueden ser artículos de papelería (bolígrafos, rotuladores, mochilas…). De hecho, acabamos de sacar al mercado la caligrafía creativa pero no fabricamos rotuladores para escribir. Aquellos que compren este cuadernillo y quieran un rotulador bueno podrán adquirirlo en nuestro establecimiento.

Además, con la marca Rubio he tenido siempre la ilusión de crear el Mundo Rubio.

– ¿Y en qué consiste? ¿Está representado en esta primera tienda?

– Está empezando. Nuestra idea es hacer otro tipo de cosas con la imagen de Rubio  pero relacionadas con la educación como están las mochilas, las carpetas, la caligrafía creativa, las camisetas, la equipación para el equipo de baloncesto… Por ello, pensamos que nuestro mejor escaparate va a ser la tienda.

– ¿Quién lo ha diseñado?

– Ha sido ideado por el estudio Masquespacio que está dirigido por los diseñadores Ana Milena Hernández y Christophe Penasse. Pensamos que han hecho un buen trabajo y que podríamos definir como futurista, una idea que tiene una razón de ser. Algunas personas piensan que Rubio es un producto del pasado y eso es lo que la mente les dice. Se trata de una idea que está muy bien pero con eso no transmitimos todos los cambios que estamos haciendo. Por ello, mi objetivo era que la tienda transmitiera todo lo contrario: evolución, futuro, nuevas tecnologías… que es justamente hacia donde está yendo Rubio. Nos dirigimos hacia todo lo nuevo que se hace en Educación.

– ¿Habéis intentado reproducir también vuestros colores en el local?

– En algunas zonas incluso los hemos exagerado para darle ese tono futurista. En las paredes hemos intentado reflejar el color verde de la marca. Nuestra idea es introducir a la gente en el universo Rubio caminando hacia el futuro.

– Además de que la gente pueda venir y comprar los cuadernos, ¿tenéis previsto desarrollar otras actividades en el establecimiento?

– Sí, cuando todo esté todo en marcha está previsto llevar a cabo mesas redondas con profesores, madres… Reuniremos a gente que nos hable sobre grafología o sobre nuevas tendencias educativas con el fin de que la tienda interactúe con todos aquellos colectivos que tengan que ver con la educación y todo lo que conlleva, además de cuestiones relacionadas con los mayores, teniendo en cuenta el envejecimiento de la pirámide poblacional.

Interactuando con la educación

Acaba de abrir sus puertas la primera tienda insignia de Rubio,en el centro Valencia (C/ Sorní, nº 9). Un lugar único, con más de 200 m2 diseñados con un importante componente lúdico e interactivo, en el que los visitantes pueden zambullirse en el universo de la editorial.

Este proyecto singular ha sido desarrollado por la agencia Masquespacio, que ha sabido transportar la esencia de la  editorial a su primera tienda física Rubio, de la mano de su directora creativa, Ana Milena Hernández. “Cuando nos contactaron nos trasladaron que querían que su tienda fusionara el pasado y el futuro de la editorial. Y así es lo que hemos hecho, porque hemos creado un enclave envolvente, diseñado como un cuaderno. De hecho, incluso hemos revestido toda la tienda con un material que asemeja una hoja en blanco de los cuadernos Rubio”, explica Ana Milena.

Cada colección de la editorial protagoniza su propio rincón, en el que se ha buscado en todo momento la interacción con el público y se ha cuidado la manera de exponerla para resultar atractiva. Así, en la zona de Matemáticas se ha hecho una estantería giratoria que permite hacer ejercicios  en la parte trasera tratada como una pizarra, y en otra zona cercana hay un rincón de metacrilato en el que se puede aprender a mejorar la caligrafía.

Al mismo tiempo, la tienda cuenta con diferentes espacios y divertidas actividades tanto para niños como para mayores, tales como la mirilla curiosa, una máquina del tiempo con gafas de realidad aumentada, una ruleta con la historia de la editorial, una caja altavoz que te cuenta cuentos, un túnel del color o una sala de lucigrafía.

La tienda interactúa tanto de forma analógica con el usuario, a través de la escritura y las operaciones matemáticas o mediante la mirilla curiosa, y también desde el ámbito digital, mediante tabletas o gafas 3D.

Hemos querido trasladar a nuestro público, ya sean niños o mayores que hayan crecido con Rubio, que somos una editorial dinámica, abierta al futuro, pero poniendo en valor nuestro pasado”, explica Enrique Rubio, quien añade que “en definitiva, nuestra tienda cuenta nuestra historia, la vivida y la que está por vivir. Es como saltar del pasado al futuro”.

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