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¿Bit qué? Bitcoin

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Director Tressis Valencia. Tressis, S.V., es socio de Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros (FEBF)
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No hay medias tintas: o no le suena de nada la palabra “bitcoin”, o está puesto en la materia. Las líneas que siguen pretenden arrojar algo de luz y alguna sombra a los primeros.

En el año 2008, alguien conocido como Satoshi Nakamoto (un alias) escribió en un artículo el Protocolo Bitcoin; un año después aparecía el software y las primeras monedas. Lo que empezó valiendo unos centavos de dólar, abrió el año 2017 rozando los 1.000 dólares US, lo cerró cerca de los 14.000 (habiendo llegado a los 20.000) y cotiza actualmente sobre los 7.500 dólares US.

Separemos dos conceptos: “blockchain” y “bitcoin”. El primero es la tecnología que hay detrás, la forma de descentralizar operaciones que hasta ahora requerían de un tercero (en transferencias de efectivo, un banco), y que ahora se realizan directamente entre origen y destino (tecnología P2P), como un libro contable que además de dejar registradas todas las transacciones mediante una cadena de bloques, nos permite comprobar su trazabilidad histórica.

El segundo –”bitcoin”-, es la criptodivisa o moneda digital que nace como incentivo para que los mineros de Bitcoin (en mayúsculas es la red de usuarios) sigan picando piedra.

Imaginemos que una persona quiere comprar en un comercio online que acepta bitcoins como medio de pago: entraría en su cuenta y desde su monedero enviaría el pago a la dirección pública del comercio, firmando con su clave privada. Se generaría un registro de transacción pendiente en el bloque actual, los mineros, con sus potentes equipos informáticos, intentarían ser los primeros en resolver los problemas criptográficos de ese bloque, y cuando uno de ellos lo consiguiese y otros lo verificaran, se añadiría ese bloque de forma irreversible a la cadena de bloques, y el ganador recibiría 12,5 bitcoins recién extraídos como recompensa (unos 94.000 dólares US actualmente).

La recompensa parece generosa, pero la potencia computacional necesaria para resolver esos problemas criptográficos es tan grande, que la minería solo es rentable si se trata de grandes grupos de mineros unidos o grandes granjas de minería (naves llenas de equipos informáticos trabajando 24 horas al día), en países donde la energía es muy barata, como en China, con alrededor del 80 % de minado mundial.

El gasto eléctrico de la red es ya comparable al de países como Dinamarca. En Islandia, otro paraíso para las granjas de minería, éstas ya consumen más electricidad que los propios islandeses.

El bitcoin fue la primera criptodivisa que se creó y la que predomina, pero hay alrededor de unas 1.400 diferentes, otras conocidas son Ethereum, Bitcoin Cash, Ripple o Litecoin y también podemos encontrar más de 800 que ya han desaparecido.

En cambio, blockchain es la tecnología que les da vida a todas, a cada una con sus propias particularidades. Se pone el foco en la moneda, pero lo realmente disruptivo es la tecnología. Podría tener infinidad de aplicaciones, que pueden cambiar sustancialmente la forma de hacer muchos procesos actuales.

Estas divisas digitales pretenden establecerse como activo financiero y medio de pago alternativo a los sistemas centralizados, dominados por Estados o entidades financieras. Entre las ventajas que pregonan están la reducción de costes de transacción, la propia descentralización, la irreversibilidad de las transacciones o su seguridad (las cuentas no se pueden falsificar, aunque sí hackearlas).

Es un sistema pseudoanónimo -la identificación no es requerida-, y aunque toda transacción realizada es siempre pública, cada usuario es identificado solo si él así lo quiere al realizarla.

El problema es que la clandestinidad que ofrece podría ser utilizada para blanqueo de capitales o actividades ilícitas, y eso -junto a la falta de regulación-, ha derivado en falta de interés por parte de inversores institucionales…, hasta ahora.

En 2013, el FBI cerró una web de tráfico de drogas que utilizaba el bitcoin como medio de pago. Además, hay zonas grises como es el caso del Tether, creada por Bitfinex (una posible estafa de 600 millones de dólares) o el robo de 500 millones de dólares en NEM a Coincheck este mismo año tras hackearles.

Initial Coin Offering (ICO)
Con el fenómeno bitcoin ha nacido una nueva forma de financiarse para las empresas, las Initial Coin Offering (ICO), que podríamos comparar con una salida a bolsa, pero aquí se alumbra una nueva criptomoneda y los inversores lo que están comprando son tokens (unidades de valor). No se está generando deuda, por lo que si el proyecto que hay detrás del capital que está levantando la empresa termina siendo inviable, la empresa no tiene obligación con los inversores, porque no son sus acreedores. En todo el año pasado se captaron así 3.800 millones de dólares US y este año ya llevan 11.800 millones.

El problema para consolidarse como medio de pago es que pocos usuarios lo utilizan para eso; la mayoría lo tiene como reserva de valor (o especulación). Está predeterminado que haya un tope de 21 millones de bitcoins en circulación en 2140 y actualmente ya hay 17’15, por lo que “solo” quedan 4 millones por sacar de la mina. Y tiene una capitalización de 130.000 millones de dólares US, casi la mitad del mercado total. Todo esto hace plantearse si estamos ante el futuro o ante otra burbuja y hay visiones en ambos sentidos.

Un analista de Saxo Bank veía hace unos meses al bitcoin en 100.000 dólares US a diez años vista y que podría llegar a ser divisa de reserva mundial, mientras que desde Citi decían que es cuestión de tiempo que estalle al no tener valor ni como medio de pago ni como activo. El presidente de JP Morgan dice que es peor que el fraude de los tulipanes. Y aunque al CEO de Goldman Sachs no le encante, su entidad ha abierto una plataforma para negociar con criptodivisas. El CEO de BlackRock ha llegado a decir que es un instrumento para lavar dinero, pero la gestora está evaluando su participación en ese mercado. En diciembre de 2017, la Bolsa de Chicago lanzó los futuros sobre bitcoin. Parece claro que a gran parte del sector financiero tradicional no le gusta el bitcoin, pero ¿están dispuestos a perder negocio por esas reticencias?

A nivel regulatorio se está empezando a intentar poner orden: Corea del Sur, Japón o Reino Unido han empezado a regular; Draghi dice que el bitcoin no está lo suficientemente maduro como para someterlo a regulación, el BPI dice que el aumento de criptomonedas exige redibujar los límites reguladores, y nuestra CNMV avisa de que las ICO deben seguir las reglas MiFID en cuanto a protección del inversor.

Entonces, si las criptomonedas no son dinero oficial y aún no hay regulación al respecto, en caso de un hipotético colapso del sistema, ¿los usuarios aceptarían las pérdidas o culparían a los Gobiernos y exigirían compensaciones?

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