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Acelerar la innovación y la transferencia de resultados, claves para el sector agroalimentario

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La I+D+i es el principal factor diferencial de competitividad en cualquier actividad económica y, muy especialmente para el sector agroalimentario, expuesto a las nuevas demandas de los consumidores, cada vez más conscientes de la importancia de la nutrición en la salud y el bienestar.
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Desde el Observatorio de Prospectiva Tecnológica Industrial se insiste en que “conocer a los clientes es uno de los aspectos clave para que las inversiones en innovación sean rentables”.

En este sentido, y pensando en el sector agroalimentario, ofrecer a los consumidores alimentos que se adecuen a sus preferencias y a sus posibilidades económicas, que se acoplen a sus gustos y expectativas y que cumplan con los estándares de seguridad, calidad y trazabilidad en el mercado, contribuyen a aumentar sus posibilidades de venta.

En la última década, constatan desde el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (Iata) que “se ha experimentado un profundo cambio en la alimentación, motivado, principalmente, por los avances tecnológicos y sobre todo por las nuevas demandas de los consumidores, cada vez más conscientes de la importancia de la nutrición y su relación con la salud, además de su preocupación por la seguridad, el medioambiente y la sostenibilidad”, pone de relieve su directora, Cristina Molina-Rosell.

Desde este centro de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Csic), ubicado en Paterna, que este año celebra su 50 aniversario, son conscientes de que “el consumidor no solo exige calidad nutricional y seguridad a los alimentos, sino que entiende la alimentación como una de las mejores vías de promoción de la salud y del bienestar físico y emocional”, insiste Molina-Rosell. Esto quiere decir que el consumidor es más consciente de la implicación de la nutrición en la salud, del impacto de la alimentación sobre determinadas patologías, “pero sobre todo es consciente del vínculo de la alimentación y nutrición en la prevención de enfermedades y, por ende, en la salud y el bienestar”.

Esta transformación, según la directora del Iata “ha requerido una profunda investigación en la composición de los alimentos; la identificación de compuestos bioactivos; el diseño y formulación de alimentos funcionales y seguros; así como la necesidad de un mayor conocimiento sobre el metabolismo de los alimentos y el papel de la microbiota humana. Además, en este escenario, la biotecnología nos sirve para generar conocimiento y aplicar los microorganismos en la generación de herramientas tecnológicas para la mejora de la eficiencia de los procesos industriales”.

Por ello, el objetivo científico-técnico del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (Iata) reside en llevar a cabo “investigación de excelencia en torno a la producción de alimentos de calidad de forma sostenible; en la seguridad; en el impacto sobre la salud y en la aceptación por parte del consumidor de los mismos, anticipándose a las demandas de la industria y de la sociedad y aportando soluciones próximas a su implantación en el sector industrial”, enumera la directora.

Más concretamente, la actividad investigadora del Iata se concentra en la innovación en productos derivados de cereales, carnes y productos cárnicos, posrecolección de cítricos, estudios de percepción sensorial con consumidores, modelización de procesos de conservación de alimentos, envases inteligentes y control de riesgos bióticos y abióticos. A ello se une una intensa actividad en el ámbito de la biotecnología de alimentos, en el sector enológico, así como en el ámbito de las bacterias lácticas y su papel en el procesado de alimentos, además de trabajar el binomio alimentación-salud.

En la misma línea se enmarca la función del Instituto de Investigación e Innovación Agraria (Ivia), organismo autónomo de la Generalitat, adscrito a la Conselleria de Agricultura desde 1991. Tal y como describe su director, Enrique Moltó su misión persigue desarrollar una actividad agraria productiva y sostenible, impulsando la competitividad de los sectores agrícola, ganadero y agroalimentario mediante la generación de conocimientos que respondan a las demandas técnicas, sociales y económicas, “a través de una investigación aplicada y excelente que dé lugar a la transferencia de resultados”.

“Abarca –continúa Moltótodos los aspectos de la producción agraria, desde la semilla hasta el producto listo para su distribución comercial”. En este sentido, trabaja en genética aplicada a la mejora vegetal y animal; en protección vegetal; en optimización de la fertirrigación; en el uso racional de los fertilizantes y de los productos fitosanitarios; en tecnologías de la poscosecha; en ingeniería aplicada a los procesos productivos agrarios; en la valoración de subproductos o su uso en agricultura; en sanidad y “en todos los demás aspectos necesarios para una producción agraria sostenible desde el punto de vista económico, social y medioambiental”, resume su responsable.

2016-oct-agroalimentario-02Conocimiento que se transfiere

En ambos casos, la “investigación de excelencia” que se realiza en estos, como en otros centros de la Comunitat, apenas serviría de mucho si no se produjera una “transferencia continuada de los resultados” tanto al mundo empresarial como al resto de los agentes del sector productivo.

“Actualmente, las empresas demandan ayuda en el desarrollo de nuevos productos más saludables, con ausencia de aditivos o de etiqueta limpia, y seguros desde el punto de vista microbiológico y químico, además de buscar en nosotros soluciones a problemas tecnológicos. Fomentar la relación con las empresas para conocer sus inquietudes y tendencias, a través de reuniones o jornadas focalizadas, favorece esa transferencia continua que estamos realizando, que bien se plasma en contratos de apoyo tecnológico (cuando se busca la resolución concreta de algún problema) o bien, en contratos de investigación para el desarrollo de nuevas ideas. En este contexto, tampoco podemos olvidarnos de identificar qué desea el consumidor, sus preferencias y percepciones, lo cual permite realizar desarrollos y diseños más dirigidos y con bases científicas concretas”, apunta la directora del Iata, Cristina Molina-Rosell.

Para Molina-Rosell la investigación es la base de la innovación y siempre hay que priorizarla si queremos seguir siendo competitivos, “pero esta requiere una inversión pensando en el medio y largo plazo”.

Por su parte, el Ivia, como centro de investigación dedicado a la producción agraria, es uno de los mayores impulsores de la innovación en el campo valenciano, “siempre de la mano del sector que está representado en el Consejo Rector del instituto”. Además, –explica el director– que una gran parte de la investigación se realiza en colaboración con cooperativas y otras empresas agrarias relevantes, “a menudo trabajando codo con codo los investigadores y los técnicos de estas entidades”. Al mismo tiempo, el centro potencia la cooperación técnica con los Consejos Reguladores de las Denominaciones de Origen, “por ejemplo colaboramos con la DO del kaki Ribera del Xúquer desde su fundación”.

“Gracias a este modelo, los conocimientos generados durante la investigación se transfieren de manera sumamente eficiente y rápida a los agentes tractores de la economía agraria y, por ende, a todo el sector productor”, indica Enrique Moltó.

Como ejemplo de su aplicación en la generación “de servicios vitales” para el sector agrario destacan los programas del Ivia de certificación varietal de cítricos y frutales, que dan soporte a la producción de plantas de alta calidad, libres de virus y viroides y autenticidad garantizada. Destacan también sus dos laboratorios nacionales de referencia: el de bacterias fitopatógenas y el de virus y viroides de especies leñosas, “soporte básico para evitar la introducción y la propagación de enfermedades vegetales en toda España”.

Moltó confirma que el sector más dinámico en la introducción de nuevas variedades tradicionalmente ha sido el citrícola “que todavía supone cerca del 50 % de nuestra producción final agraria. Aunque –añade– su crisis estructural ha hecho que otros cultivos, como el del caqui, el níspero o el granado aumenten enormemente su superficie en los últimos años. Paralelamente, la situación actual del mercado de la almendra registra una fuerte demanda, lo que está impulsado de nuevo este sector especialmente relevante en las zonas del interior.  Asimismo, se está dando un gran impulso a la producción ecológica y a la recuperación de variedades tradicionales de tomate, berenjena o pimiento”, constata Enrique Moltó.

A su juicio, es importante señalar que la evolución del material vegetal en el campo valenciano no hubiese sido “sostenible” sin que el nuevo material se produjera y distribuyera con garantías de sanidad y de autenticidad, “en lo que el Ivia ha jugado un rol determinante. Igualmente ha sido fundamental su papel en el desarrollo de nuevos métodos de control de plagas y enfermedades, más respetuosos con el medioambiente en el establecimiento de Programas de Gestión Integrada de Plagas y Enfermedades y en sentar las bases de métodos de lucha biológica”, especifica el director del centro.

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Llegar al mercado

El tiempo que transcurre en ese proceso de “transmisión del conocimiento”, hasta que el nuevo producto o desarrollo llega finalmente a los productores y a los agentes económicos para ponerlo posteriormente en el mercado es muy variable y depende de la entidad de cada problema. “Por ejemplo, introducir en el mercado nuevas variedades de plantas mejoradas puede costar más de una decena de años. Los ensayos de campo de un material o de una nueva tecnología requieren más de dos o tres campañas para ser fiables y sin embargo, pequeñas modificaciones u optimizaciones de algunos procesos productivos pueden realizarse en pocos meses”, apunta el responsable del Ivia.

A raíz de ello, es importante que su actividad esté diversificada. De hecho, realiza anualmente más de 60 convenios de investigación en colaboración con diversos agentes del sector agrario.

Del mismo modo, la actividad científica actual del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (Iata) se está realizando en el marco de siete proyectos europeos (entre ellos la primera Starting Grant ERC aprobada en España en el área de alimentos), once proyectos de cooperación internacional, 29 proyectos nacionales y cuatro autonómicos, además de cuatro grupos de excelencia “Prometeo” de la Generalitat Valenciana; “lo que convierten al Iata en uno de los centros de investigación con mayor número de proyectos de investigación en España. Además de los 23 contratos de investigación o apoyo tecnológico al sector productivo”, justifica su responsable.

Cristina Molina-Rosell destaca asimismo el posicionamiento del Iata en los últimos años. “En el ámbito de ciencia de alimentos, el Iata genera cerca el 7 % de la producción científica nacional y del 40 % de la producción de la Comunidad Valenciana, lo cual es muestra evidente de la relevancia de nuestro instituto en el ámbito de la alimentación”, evidencia.

Por su parte, el Ivia, al mismo tiempo que participa de los presupuestos de la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente, colabora y compite con otros centros y universidades para la consecución de fondos de investigación nacionales y europeos. “Actualmente somos uno de los centros valencianos con mayor tasa de éxito en la participación de convocatorias europeas y lideramos un gran número de proyectos nacionales relacionados con la producción agraria, en los que cooperamos con otras entidades similares de otras comunidades autónomas”, apunta el director del Ivia, Enrique Moltó.

El centro valenciano destina aproximadamente 5 millones de euros a su catálogo de investigación –excluidos los costes de personal–, de los cuales la mitad se obtienen de fuentes externas en concurrencia competitiva.

El crecimiento económico está relacionado con el grado de inversión en I+D+i, siendo la innovación esencial para la supervivencia de determinados sectores, abocados a diferenciar sus productos y servicios si quieren resultar sumamente atractivos en mercados altamente competitivos.

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