Hidrógeno verde: qué aporta de verdad y por qué puede ser clave para la industria
El mundo consume ya más de 100 millones de toneladas de hidrógeno al año, pero apenas una pequeña parte se produce con bajas emisiones. Su oportunidad no está en sustituir a la electricidad, sino en descarbonizar industrias donde enchufarse directamente resulta muy difícil.
La demanda mundial superó los 100 millones de toneladas en 2025, fundamentalmente en refinerías y procesos industriales. Sin embargo, la producción de hidrógeno de bajas emisiones todavía se quedó cerca de un millón de toneladas, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Al mismo tiempo, España ha fijado como objetivo alcanzar 12 GW de electrolizadores en 2030 dentro de su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.
Entonces, ¿por qué tanto interés por algo que ya existe? Porque el cambio no está en descubrir el hidrógeno. Está en producirlo sin depender de combustibles fósiles y utilizarlo para limpiar actividades industriales que tienen pocas alternativas.
El hidrógeno no es una fuente de energía
Esta es probablemente la primera clave para entenderlo.
El hidrógeno no aparece listo para consumir como el sol o el viento. Hay que producirlo. En el caso del hidrógeno renovable, se utiliza electricidad procedente de fuentes renovables para separar mediante electrólisis el hidrógeno y el oxígeno presentes en el agua.
Por eso es más correcto entenderlo como un vector energético: permite transformar electricidad en una molécula que puede almacenarse, transportarse o utilizarse posteriormente en determinados procesos. Y precisamente ahí está su valor.
Si una fábrica puede utilizar directamente electricidad renovable, normalmente tiene más sentido hacerlo. Transformar primero esa electricidad en hidrógeno añade procesos, infraestructuras y pérdidas de energía. La propia estrategia energética europea prioriza la electrificación directa y reserva el hidrógeno, principalmente, para aquellas actividades donde electrificar resulta técnicamente más complicado.
Su gran oportunidad está en la industria
Pensemos en una vivienda. Para calentarla, una bomba de calor puede utilizar directamente electricidad. En un coche, una batería también puede almacenar esa electricidad y mover el vehículo.
Ahora pensemos en fabricar fertilizantes, producir determinados productos químicos, sustituir hidrógeno fósil en una refinería o desarrollar acero con menores emisiones.
Ahí la situación cambia. Son procesos donde no siempre basta con colocar un cable eléctrico. Algunas industrias necesitan una molécula como materia prima; otras requieren temperaturas, combustibles o procesos químicos difíciles de sustituir únicamente mediante electrificación.
La Comisión Europea identifica precisamente la industria intensiva en energía y determinados segmentos del transporte pesado, marítimo y aéreo entre los ámbitos donde el hidrógeno y sus derivados pueden aportar más valor.
Eso explica por qué muchos de los grandes proyectos europeos están naciendo cerca de refinerías, polos químicos, fábricas de fertilizantes, siderurgias o puertos. El mejor cliente del hidrógeno puede no ser un conductor. Puede ser una fábrica.
También puede guardar energía renovable
Existe una segunda utilidad importante. España puede producir grandes cantidades de electricidad solar y eólica, pero el sol y el viento no siempre coinciden con el momento en que se necesita consumir esa energía.
El hidrógeno permite transformar electricidad renovable en una molécula que puede almacenarse durante periodos largos y utilizarse posteriormente o convertirse en derivados como amoniaco, metanol o combustibles sintéticos.
La Comisión Europea considera que esta capacidad de almacenamiento a gran escala puede ayudar a integrar cantidades crecientes de generación renovable y aportar flexibilidad al sistema energético.
Para España hay además una lectura industrial: disponer de abundantes recursos solares y eólicos puede favorecer que parte del valor añadido de la transición energética se quede cerca de los lugares donde se produce la electricidad.
Pero el hidrógeno todavía tiene un problema: cuesta dinero
Aquí termina la parte sencilla. La tecnología funciona. El reto es que los números funcionen.
La AIE calcula que la inversión mundial en proyectos de hidrógeno de bajas emisiones alcanzó cerca de 7.000 millones de dólares en 2025, prácticamente el doble que un año antes. Pero el sector continúa encontrándose con costes elevados, falta de infraestructuras y, sobre todo, compradores que estén dispuestos a firmar contratos a largo plazo.
En 2025 se firmaron acuerdos de compra por unos 1,7 millones de toneladas anuales de hidrógeno de bajas emisiones, pero únicamente alrededor del 20% correspondió a compromisos contractuales firmes.
Esa cifra explica buena parte de lo que está ocurriendo. El problema ya no es anunciar una planta. Es encontrar quién comprará su producción y a qué precio.
No sustituirá a todo, pero puede ser difícil sustituirlo a él
El hidrógeno no será la solución universal que durante algunos años parecía sugerir la carrera de anuncios empresariales.
Probablemente tampoco sea necesario que lo sea. La electricidad directa, las baterías y las bombas de calor tienen ventaja en muchas aplicaciones. El hidrógeno tiene sentido precisamente donde esas soluciones encuentran más dificultades.
Y esa es su verdadera importancia económica. No se trata de llenar todas las carreteras de coches de hidrógeno ni de llevarlo necesariamente a cada vivienda. Se trata de utilizar electricidad renovable para fabricar una molécula capaz de sustituir combustibles fósiles en algunas de las industrias más difíciles de descarbonizar.
El salto decisivo llegará cuando hacerlo deje de depender principalmente de ayudas y los proyectos puedan asegurar clientes, producción e inversión a largo plazo.
Porque la gran oportunidad del hidrógeno no consiste en competir con la electricidad. Consiste en hacer el trabajo que la electricidad, por sí sola, no puede hacer fácilmente.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.







