La construcción industrializada quiere dejar de ser un piloto: financiación, fábricas y demanda estable, las claves para escalar
La Generalitat impulsa un clúster y ya licita vivienda protegida industrializada, mientras promotoras, constructoras y consultoras reclaman adaptar la financiación hipotecaria y garantizar una producción continuada
La construcción industrializada se abre paso en la Comunitat Valenciana como una de las respuestas a la falta de mano de obra, la caída de la productividad y la urgencia de producir más vivienda. La Generalitat ya la incorpora a sus licitaciones de vivienda protegida y hay promotores privados que levantan promociones completas fabricadas en planta.
Pero para pasar del proyecto piloto a una industria con volumen, administración y empresas coinciden en que antes hay que resolver la financiación, la escasez de fabricantes y la falta de una demanda estable que justifique grandes inversiones.
Una respuesta a la falta de manos
El contexto explica el interés. Blanca Marín, socia directora económica de Leckman Urbanistas, ha recordado que la productividad del sector ha caído entre un 13% y un 25%, según estimaciones del Banco de España, tras la pérdida de empresas y profesionales de la última crisis. Carlos Dueñas, director técnico de Talvion, lo ha resumido desde la obra: «Cuando vamos a una obra, no hay gente joven».
En ese escenario, Ricardo Maldonado, director territorial de Levante y Baleares de Gesvalt, ve en la industrialización una vía para contener costes y plazos: «Posiblemente la industrialización pueda ser una salida, ojalá lo sea, porque creo que ahí va a tener que haber una transformación».
Sebastián Fernández, secretario autonómico de Vivienda de la Generalitat Valenciana, lo da por hecho: «Todos coincidimos en que la industrialización en el sector de la construcción, y especialmente en el ámbito de la vivienda, forma parte de ese proceso de transformación». A su juicio, además, permite «sortear algunas cuestiones» como la falta de recursos humanos o las dificultades con los materiales.
El modelo híbrido, un 30% menos de plazo
Sergio Alfaro, CEO de OCIDE, ha puesto el foco en cómo se está industrializando hoy. El sector, explica, «mayoritariamente está apostando por viviendas unifamiliares de una, dos alturas», y en muchos casos el cambio es menor de lo que parece: «Lo único que cambia es el lugar donde se está haciendo la obra, pero se está haciendo exactamente igual que se hacen ahora».
Mirando a Europa, ha alertado de los cuellos de botella que ya sufren grandes empresas industrializadas en países como Reino Unido, saturadas de trabajo.
Por eso Alfaro defiende un modelo híbrido: «Partes de un edificio, partes de infraestructura se van a construir en obra y parte se van a construir en una fábrica. Creo que eso da muchísima más flexibilidad».
Con esta fórmula, el plazo de entrega de un inmueble se reduce en torno a un 30%. El siguiente paso, añade, será una construcción industrializada “tecnológica o incluso robotizada”, que aliviará la dependencia de la mano de obra. «Las empresas debemos apostar claramente por ello para aumentar nuestra productividad y poder entregar las obras lo antes posible», ha subrayado.
Viviendas industrializadas al 100%
Desde la promoción ya hay ejemplos. Javier Timoner, socio y CEO de SFI Consulting, ha explicado que su compañía desarrolla una promoción de 653 viviendas industrializadas al 100%, prácticamente comercializada, dentro de una estrategia que combina cooperativas y digitalización de la gestión.
Fernández ha citado ese caso como muestra de que los promotores privados también están incorporando la industrialización, más allá de los particulares que la eligen para vivienda individual.
Los frenos: financiación, fábricas y materiales
El primer obstáculo es financiero. Durante el debate se ha recordado que el derecho hipotecario está ligado al suelo, de modo que no se puede financiar una vivienda mientras se fabrica en una planta, sino solo cuando llega al solar; los acuerdos para financiarla como una obra tradicional siguen siendo excepcionales. A ello se suma que la normativa del Banco de España que rige la valoración de los inmuebles no está adaptada a estos sistemas.
Desde la promoción se ha subrayado que el cliente no es el problema, porque hace tiempo que asumió soluciones como el pladur, y que la evolución de los materiales «va a venir muy rápido»; la restricción, insisten, es la financiación.
Sin fabricantes en la Comunitat
El segundo freno es industrial. Los participantes han advertido de que hay listas de espera para conseguir elementos como fachadas o paneles prefabricados de hormigón, y de que en la Comunitat Valenciana prácticamente no quedan fabricantes tras la crisis, por lo que hay que comprarlos en otras provincias como Albacete.
Levantar una planta puede requerir en torno a 30 millones de euros de inversión, algo que ninguna empresa acomete sin una producción garantizada durante diez o quince años. Con los «dientes de sierra» que ha vivido el sector, se ha reclamado apoyo público para reconstruir ese tejido. También se ha planteado la falta de espacio para ubicar nuevas plantas.
El tercer frente son los materiales. Se ha alertado de problemas de suministro de áridos en la Comunitat en los dos últimos años, agravados por la reconstrucción tras la dana, y de que industrializar no los resuelve, porque en fábrica se emplean los mismos materiales.
Alejandro Almenar, presidente de Grupo CYES, ha añadido el rechazo social a las canteras: «Cada vez los ciudadanos quieren menos instalaciones como una cantera». Esas instalaciones se alejan de las ciudades y «cada vez las reservas o los áridos están agotados o a mayor distancia y, por lo tanto, con mayores costes», con más transporte, más emisiones y más impacto en el precio de la vivienda. Almenar ha propuesto una regulación para que en esos municipios «revierta parte del beneficio en los ciudadanos».
Un clúster para que no sea «algo pasajero»
La Generalitat ha querido responder a la falta de demanda estable desde la contratación pública. «Hemos experimentado un avance incorporando a las licitaciones públicas de vivienda protegida la fórmula de la construcción industrializada en tres dimensiones, prácticamente en su totalidad», ha explicado Fernández. «No existían licitaciones, por lo menos en nuestro entorno, de ese tipo». Los pliegos se afinan con cada concurso, pero «están dando resultado», con respuesta de empresas valencianas y de otras comunidades.
El objetivo va más allá: «Convertir a la Comunidad Valenciana en un referente desde el punto de vista de la industria dedicada a la vivienda industrializada».
Ya hay una empresa que ha instalado una planta de vivienda industrializada en la región, y la Generalitat ha visitado recientemente una fábrica de baños industrializados. La apuesta es un clúster que reúna a «tanto productores directos como toda la industria auxiliar», pilotado por el Instituto Valenciano de la Edificación junto a la administración autonómica, con la previsión de que tenga personalidad jurídica propia en dos años.
La meta, según Fernández, es «que no quede en una anécdota, en algo testimonial o en algo pasajero», porque «si no tengo una expectativa de viviendas que tengo que producir, lógicamente no me puedo meter en la inversión de una planta de producción».
En el cierre del debate, Marín ha pedido aprovechar la salida de la crisis para impulsar «la industrialización en todas sus modalidades», desde la híbrida hasta la completa, y Alfaro ha reclamado tecnología e inteligencia artificial para construir más rápido. Fernández lo ha resumido así: «Es una realidad que ha venido para quedarse».
Ana SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.










