La mejora de la productividad abre una oportunidad para la Comunitat Valenciana
El dato central del estudio es que la productividad española crece a un ritmo del 1,4% anual desde 2020, un comportamiento que contrasta con el estancamiento de la Unión Europea y con la evolución menos favorable de algunas de las principales economías del entorno, como Alemania y Francia.
La evolución reciente de la productividad en España abre un nuevo escenario para territorios como la Comunitat Valenciana, donde la competitividad empresarial dependerá cada vez más de la capacidad de crecer en eficiencia, ganar tamaño y sostener el avance económico más allá del empleo. Esa es una de las principales conclusiones que deja el último análisis del Observatorio de la Productividad y la Competitividad en España, impulsado por la Fundación BBVA y el Ivie, que constata un cambio de tendencia en la economía española tras la pandemia.
El dato central del estudio es que la productividad española crece a un ritmo del 1,4% anual desde 2020, un comportamiento que contrasta con el estancamiento de la Unión Europea y con la evolución menos favorable de algunas de las principales economías del entorno, como Alemania y Francia. El resultado es especialmente significativo porque supone una ruptura con una de las debilidades históricas de la economía española: su escasa capacidad para sostener aumentos de productividad en el tiempo.
Mejora en la eficiencia productiva
El informe plantea que la recuperación posterior a la covid no solo ha venido acompañada de más actividad y más empleo, sino también de una mejora en la eficiencia productiva. En otras palabras, España no solo ha vuelto a crecer, sino que lo está haciendo con una aportación más relevante de la productividad al avance del PIB, algo que durante años había sido una asignatura pendiente.
Desde una óptica valenciana, esa lectura resulta especialmente relevante. La economía de la Comunitat, muy vinculada a la industria, al turismo, a la logística, a la agroalimentación y a una estructura empresarial de reducida dimensión media, se enfrenta desde hace años al reto de elevar su productividad para consolidar su posición competitiva. Aunque la nota se centra en el conjunto de España, el mensaje de fondo interpela de lleno al tejido productivo valenciano: la mejora del ciclo no basta por sí sola si no va acompañada de más eficiencia, inversión y capacidad de transformación empresarial.
Evolución del PIB per cápita
El análisis también pone el foco en la evolución del PIB per cápita, otra de las variables que permiten valorar la fortaleza del crecimiento. En este caso, España registra desde la pandemia un crecimiento medio anual del 3,78%, situándose entre las economías europeas más dinámicas y solo por detrás de Italia. El dato refuerza la idea de que la recuperación española no ha sido únicamente intensa en términos de actividad, sino también comparativamente mejor que la de otros socios comunitarios.
Este comportamiento se explica por la combinación de dos factores. Por un lado, una fuerte creación de empleo; por otro, una mejora de la productividad. El informe recuerda que entre 2020 y 2024 el número de ocupados en España aumentó un 11,7%, lo que equivale a 2,4 millones de trabajadores más. Ese crecimiento del empleo ha convivido, además, con una evolución positiva de la productividad total de los factores (PTF), uno de los indicadores que mejor reflejan las ganancias de eficiencia de una economía.
En 2024, de hecho, la PTF española creció cerca del 2%, mientras que la media europea registró una caída del 0,7%. El contraste con la UE es uno de los elementos más destacados del estudio, porque muestra que la economía española ha logrado mejorar en un terreno en el que Europa, en conjunto, no avanza. Más aún, el informe subraya que algunas grandes economías comunitarias incluso presentan retrocesos, lo que acentúa el cambio de posición relativo de España en el escenario europeo.
¿En qué se apoya el crecimiento español?
Ese giro tiene relevancia estratégica. Durante mucho tiempo, el crecimiento español se apoyó sobre todo en la acumulación de factores —más empleo, más población, más actividad—, pero no tanto en ganancias de eficiencia. La productividad, sin embargo, es la variable que acaba marcando la capacidad de una economía para sostener mejoras de renta, competitividad y bienestar a medio y largo plazo. Por eso, que España acelere en este terreno tras la pandemia supone una señal positiva, aunque el propio análisis evita cualquier triunfalismo.
Y es que el estudio también advierte de que persisten debilidades estructurales. Una de las más destacadas es la relacionada con la dinámica empresarial, que continúa condicionando la evolución agregada de la productividad. El reducido tamaño medio de muchas empresas, la menor capacidad de inversión o innovación y ciertas limitaciones del modelo productivo siguen actuando como freno. Es decir, el cambio de tendencia existe, pero no elimina automáticamente los problemas de fondo que han lastrado históricamente la productividad española.
Consolidar la mejora
En ese punto, la reflexión conecta de nuevo con la realidad de la Comunitat Valenciana. Buena parte de su tejido económico está compuesto por pequeñas y medianas empresas que compiten en sectores muy expuestos a costes, demanda externa y presión internacional. En ese contexto, el aumento de la productividad no es solo una variable macroeconómica, sino una condición decisiva para ganar margen empresarial, elevar salarios, atraer inversión y reforzar la resiliencia del modelo económico.
La principal lectura que deja la nota es, por tanto, doble. Por una parte, España ha mejorado de manera apreciable su comportamiento productivo desde la pandemia, hasta el punto de superar la trayectoria europea en uno de los indicadores más relevantes para medir la calidad del crecimiento. Por otra, esa mejora todavía debe consolidarse y traducirse en cambios más profundos en la estructura económica y empresarial.
Para la Comunitat Valenciana, el momento puede interpretarse como una ventana de oportunidad. Si el nuevo ciclo económico quiere asentarse sobre bases más sólidas, la productividad tendrá que ocupar un lugar central en la agenda empresarial e institucional. No se trata solo de crecer más, sino de crecer mejor. Y ahí, según apunta el análisis del Observatorio de la Productividad y la Competitividad en España, se juega una parte esencial de la competitividad futura.










