España acelera en innovación, pero no logra escalar al ritmo de los líderes
El balance español se enmarca, además, en un año récord para la propia OEP
«Hay innovación, pero falta escalar». Con ese diagnóstico, Xavier Seuba, portavoz de la Oficina Europea de Patentes (OEP), sintetiza la principal lectura que deja el Technology Dashboard 2025: España cerró el pasado ejercicio con 2.255 solicitudes de patentes europeas, un 2,9% más que en 2024 y el volumen anual más alto de su historia. El dato confirma la tendencia al alza del ecosistema innovador nacional, que en la última década ha elevado más de un 43% sus solicitudes ante la oficina europea.
El balance español se enmarca, además, en un año récord para la propia OEP. Por primera vez, el organismo superó las 200.000 solicitudes de patentes anuales a escala global, hasta alcanzar las 201.974. En ese contexto, España representa el 1,1% del total, ocupa la novena posición dentro de la Unión Europea y la decimoquinta en el ámbito mundial, consolidando una presencia estable entre las economías europeas impulsadas por la innovación.
Una década de avance sostenido
Más allá del repunte interanual, el dato que la OEP considera más revelador es la evolución de fondo. Desde 2016, España ha incrementado más de un 43% el número de solicitudes de patentes europeas, situándose entre los países europeos con mejor evolución de la última década dentro del grupo de grandes solicitantes.
Para Seuba, esa trayectoria refleja una base de innovación sólida y diversificada. «La foto de España es positiva», sostiene. A su juicio, el país no solo mejora en términos anuales, sino que consolida un recorrido sostenido que evidencia el compromiso de empresas, universidades, centros públicos de investigación y emprendedores con la protección internacional de sus invenciones.
La salud sigue tirando del carro
Por sectores, la innovación española mantiene una especialización muy clara en el campo sanitario. La biotecnología lideró en 2025 las solicitudes nacionales, con 181, seguida del sector farmacéutico, con 179, y de la tecnología médica, con 167. En conjunto, estas tres áreas concentraron el 23,4% de todas las solicitudes españolas ante la OEP.
Seuba subraya que esta concentración confirma «una base muy sólida en el ámbito biomédico». Aunque el sector farmacéutico retrocedió respecto al año anterior, la biotecnología y la tecnología médica siguieron avanzando, apuntalando un patrón de especialización que distingue a España dentro del panorama innovador europeo.
El peso de estas ramas, además, no es menor en términos estratégicos. En un entorno internacional en el que las tecnologías ligadas a la salud siguen siendo críticas por su capacidad de transferencia y generación de valor, España conserva una posición destacada apoyada tanto en empresas como en estructuras científicas públicas.
Informática y cuántica ganan terreno
Junto a esa fortaleza tradicional, la OEP detecta un segundo vector de cambio: el crecimiento de la tecnología informática. Este campo aumentó un 29,8% en 2025, convirtiéndose en una de las áreas más dinámicas del ecosistema español.
Aunque en volumen total todavía no desplaza al bloque sanitario, sí es el ámbito que mejor refleja la expansión de las capacidades digitales. Seuba interpreta este avance como un síntoma claro de maduración tecnológica. «Lo que nos indica esto es un crecimiento de las capacidades digitales», explica.
Dentro de ese paraguas, el portavoz de la OEP apunta también a las primeras patentes ligadas a tecnologías cuánticas, un terreno todavía emergente, pero con capacidad para anticipar una evolución relevante en los próximos años. A ello se suma el empuje global de la inteligencia artificial, las comunicaciones digitales y los desarrollos vinculados al salto del 5G al 6G, que están reconfigurando el mapa mundial de la innovación.
Un mapa territorial muy concentrado
La actividad patentadora española continúa concentrándose en los grandes polos económicos. Cataluña lideró el ranking regional en 2025 con 754 solicitudes, el 33,4% del total nacional, y un crecimiento del 4,1%. Le siguió la Comunidad de Madrid, con 484 solicitudes y un alza del 17,2%.
El País Vasco se situó en tercera posición, con 310 solicitudes, por delante de la Comunidad Valenciana, con 152, y Navarra, con 142. Esta última destacó especialmente por su crecimiento, del 19,3%, mientras que Murcia registró el mayor aumento relativo entre las principales regiones, con un 39,3%.
Las cinco comunidades más activas figuran, además, entre las cien principales regiones europeas por volumen de solicitudes ante la OEP. A escala urbana, Barcelona y Madrid se mantienen entre las cien ciudades europeas más dinámicas en patentes, seguidas por San Sebastián, Zaragoza y Alcobendas.
El papel del sector público
Uno de los rasgos diferenciales del caso español es el peso que siguen teniendo las universidades y los organismos públicos de investigación. El CSIC volvió a encabezar el ranking nacional, con 55 solicitudes de patentes europeas en 2025. Junto a él aparecen entre los principales solicitantes la Universidad del País Vasco, la Universitat de Barcelona y la Universidad Autónoma de Barcelona.
Para Seuba, este protagonismo tiene una doble lectura. Por un lado, evidencia que España cuenta con una «buena base científica». Por otro, pone de relieve una asignatura pendiente: mejorar la transferencia de ese conocimiento al tejido empresarial. «Hay innovación, hay investigación, pero se tiene que mejorar la transferencia», insiste.
Ese punto enlaza con una de las principales debilidades estructurales detectadas tanto por la OEP como por los recientes informes europeos sobre competitividad: España innova, pero le cuesta convertir esa innovación en proyectos empresariales escalables y capaces de competir en los grandes mercados internacionales.
La gran asignatura: crecer en tamaño
Ahí reside, precisamente, el principal desafío. Según Seuba, a España no le falta capacidad inventiva, sino tejido empresarial de gran tamaño que permita comercializar y escalar esas tecnologías. «No solo es tener innovación comercializada, sino que sea escalable», resume.
A su juicio, las barreras son múltiples: financiación, burocracia, transferencia tecnológica y dimensión empresarial. También por eso destaca la creciente adopción de la Patente Unitaria, cuya utilización por parte de innovadores españoles alcanzó el 56,1% en 2025, muy por encima de la media de la Unión Europea. Aunque España no participa formalmente en el sistema, las empresas nacionales están recurriendo a esta herramienta para simplificar trámites, abaratar costes y ampliar protección en el mercado europeo.
Competir en un nuevo tablero global
El reto español se produce, además, en un contexto internacional cada vez más exigente. Estados Unidos sigue liderando las solicitudes de patentes europeas, mientras China ya ha superado a Japón como tercer país de origen y Corea del Sur mantiene un fuerte dinamismo. Para Seuba, la clave está en observar dónde están invirtiendo esas potencias: comunicación digital, informática, baterías, inteligencia artificial y tecnologías limpias.
Ese desplazamiento hacia la economía digital explica buena parte de la nueva competencia global. España, concluye el portavoz de la OEP, ha demostrado que tiene base científica, capacidad innovadora y sectores punteros. El siguiente paso será convertir ese caudal en empresas más grandes, más internacionalizadas y con mayor músculo industrial. Porque, como resume su propia advertencia, la innovación ya está; ahora toca escalarla.











