La tensión en Ormuz dispara el brent y reabre el riesgo inflacionario global
El impacto ya no es solo financiero o energético. Las grandes navieras han empezado a trasladar el deterioro de la seguridad regional a sus decisiones operativas.
La renovada tensión geopolítica en torno al estrecho de Ormuz ha devuelto al petróleo al centro de las preocupaciones macroeconómicas. El repunte del brent vuelve a activar un riesgo que muchos bancos centrales daban por contenido: una nueva ola inflacionaria impulsada por la energía, el transporte y las materias primas estratégicas.
El estrecho de Ormuz es uno de los principales cuellos de botella energéticos del mundo. Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), por esa vía marítima transita alrededor de una cuarta parte del comercio mundial de petróleo transportado por mar, además de volúmenes relevantes de gas natural licuado y fertilizantes. Cualquier alteración logística en la zona tiene capacidad inmediata para tensionar precios internacionales.
El mercado vuelve a poner prima geopolítica al crudo
La Agencia Internacional de la Energía (AIT) ya advirtió en su último informe mensual que las disrupciones en Oriente Medio y la paralización del tráfico de petroleros por Ormuz habían llegado a impulsar al brent hasta niveles cercanos a los 120 dólares por barril durante marzo, antes de moderarse posteriormente.
Ese precedente explica la sensibilidad actual del mercado: incluso sin una interrupción total del suministro, basta con el aumento del riesgo percibido para encarecer seguros marítimos, fletes, coberturas financieras y costes logísticos. Todo ello se traduce en una prima geopolítica incorporada al precio del barril.
Inflación: el riesgo que vuelve
El encarecimiento del crudo impacta primero en carburantes y transporte, pero raramente se queda ahí. La propia UNCTAD señala que una subida sostenida de la energía suele trasladarse también a alimentos, fertilizantes, costes industriales y bienes de consumo, intensificando las presiones sobre el coste de la vida, especialmente en economías importadoras.
Para los bancos centrales, el problema no es solo el IPC inmediato, sino el efecto de segunda ronda: si empresas y hogares asumen que la energía seguirá cara, pueden ajustarse salarios, márgenes y precios finales.
Las empresas activan planes de contingencia
El impacto ya no es solo financiero o energético. Las grandes navieras han empezado a trasladar el deterioro de la seguridad regional a sus decisiones operativas.
Maersk ha comunicado cambios en sus servicios por la zona y desvíos por el cabo de Buena Esperanza, con advertencias de posibles retrasos y ajustes en la programación.
MSC también ha activado medidas de seguridad para tránsitos por Ormuz y Bab el-Mandeb, además de recargos por riesgo de guerra en tráficos vinculados a la península Arábiga, África y el Índico.
CMA CGM, por su parte, ha aplicado un recargo extraordinario por conflicto para cargas desde o hacia países de la región, con importes de hasta 2.000 dólares por contenedor de 20 pies, 3.000 dólares por contenedor de 40 pies y 4.000 dólares en el caso de reefers o equipos especiales.
La tensión alcanza también al gas. QatarEnergy ha reconocido una reducción de la capacidad exportadora de GNL de Catar del 17%, con una pérdida estimada de 20.000 millones de dólares en ingresos anuales.
Según la información financiera consultada en Infonif, el impacto de este tipo de disrupciones no se limita a las grandes energéticas o navieras. Las compañías con mayor exposición a transporte internacional, consumo intensivo de combustible, frío industrial, aprovisionamiento asiático o materias primas energéticas son las primeras en ver presionados sus márgenes si los recargos marítimos y el coste del petróleo se prolongan.
Estas decisiones anticipan cómo el shock puede trasladarse desde el mercado energético a las cadenas de suministro: más coste marítimo, más demoras, restricciones en carga refrigerada y mayor presión sobre industrias intensivas en energía.
Europa, especialmente expuesta
La economía europea mantiene una sensibilidad elevada al coste energético tras los shocks de 2022 y 2023. Además del petróleo, Europa depende parcialmente del gas natural licuado que también atraviesa Ormuz desde Catar y otros productores del Golfo.
Un nuevo repunte energético complicaría la hoja de ruta de relajación monetaria del Banco Central Europeo, justo cuando el mercado esperaba un ciclo de tipos más benigno para sostener el crecimiento.
Aunque las economías asiáticas serían previsiblemente las primeras afectadas por una interrupción prolongada. La UNCTAD recuerda que gran parte del crudo que cruza Ormuz tiene como destino Asia, lo que convierte a China, India, Japón o Corea del Sur en especialmente vulnerables a un shock de oferta.
Qué vigila ahora el mercado
Los inversores siguen tres variables críticas: duración de la tensión militar en la zona, nivel real de tránsito marítimo de petroleros y metaneros, y posible respuesta coordinada de productores y reservas estratégicas.
Si el flujo comercial se mantiene operativo, el impacto puede limitarse a volatilidad temporal. Si se prolongan bloqueos parciales o amenazas sobre navegación, el brent podría consolidarse en niveles elevados durante más tiempo.
Sara MartíJefa de Redacción. Graduada en Periodismo por la Universidad Jaume I, estoy especializada en contenido web y ediciones digitales por el Máster en Letras Digitales de la Universidad Complutense de Madrid. Mi experiencia en el mundo de la comunicación abarca desde el institucional hasta agencias y medios de comunicación. Al día de la actualidad empresarial y financiera en Economía 3 desde marzo de 2021.











