Los restaurantes que marcaron el año gastronómico en Economía 3
En esta segunda entrega, repasamos otros proyectos que ayudan a entender cómo está cambiando la restauración en 2025.
Si en la primera parte repasábamos algunos de los nombres que mejor condensan la evolución del sector —de la construcción de marca a la profesionalización del servicio y la experiencia—, esta segunda entrega amplía el foco con restaurantes y proyectos que también han protagonizado nuestra cobertura gastronómica en 2025 y que no estaban incluidos en el recopilatorio anterior.
No es un ranking ni una lista cerrada. Es, de nuevo, una mirada editorial a conceptos que aportan señales claras sobre hacia dónde va la restauración: más identidad, más estrategia, más diversificación y más lectura empresarial.
Nuevos conceptos que amplían el mapa gastronómico
La escena gastronómica no solo se está redefiniendo en el centro de las ciudades: también crece en municipios del área metropolitana y en destinos con fuerte tracción turística, con propuestas que combinan producto, relato y ambición.
Uno de los ejemplos más interesantes es Simposio, el proyecto del chef Roger Julián en San Antonio de Benagéber (Valencia), que reivindica el producto valenciano como eje y que ya ha sido reconocido por guías como Michelin 2025, Repsol 2025 o Macarfi 2025. Su planteamiento, con cocina expuesta y una idea de «transparencia» como parte del valor, refleja una tendencia clara: la confianza se construye desde el concepto, no solo desde el plato.

En un registro completamente distinto, Latabarra aterriza en València recuperando el espíritu del bar «de toda la vida», pero con una carta que evita la nostalgia literal: vermuts, conservas, gildas y tapas con guiños creativos. Su ubicación (zona Mestalla en València) y el enfoque de «lugar de diario» muestran cómo el mercado vuelve a premiar propuestas sencillas, bien ejecutadas y con identidad reconocible.

Y en Dénia, Dexcaro & Ossadía aporta una fórmula diferencial: dos experiencias bajo un mismo techo, una más casual y otra de menú degustación para solo ocho comensales. El proyecto, liderado por el chef Carlos G. Moreno, habla de otra tendencia en auge: formatos híbridos capaces de atender públicos distintos sin diluir personalidad, con aspiración explícita a seguir escalando en reconocimiento gastronómico.
Restaurantes que escalan con marca y visión empresarial
Si algo ha quedado claro en 2025 es que la restauración no se limita a abrir locales, sino que se trata de construir modelos replicables, equipos, operaciones y posicionamiento.
En esa línea, el caso de Portolito Grupo es representativo por cómo ha ido consolidando una familia de locales con «alma propia» en puntos estratégicos de València. Nacido en 2013 como Lotelito (hoy Portolito Centro), el grupo suma cuatro establecimientos y una estructura que combina cocina mediterránea, experiencia y una lectura muy práctica del mercado (eventos, ubicaciones, propuesta ajustada a cada zona).

En paralelo, Del Poble es uno de los ejemplos más claros de crecimiento sostenido desde el territorio: de proyecto local a cadena con cerca de 40 locales, 200 empleados y una facturación anual que supera los 11 millones de euros, sin perder un relato de marca ligado al origen («del poble») y al despliegue en barrios y municipios donde no llegan las grandes cadenas.
Y fuera de la Comunitat Valenciana, Baldoria ilustra el peso que están ganando las pizzerías «de autor» y las marcas con propuesta singular: ha sido destacada como mejor pizzería de España y segunda de Europa en el ranking 50 Top Pizza Europa 2025, un reconocimiento que refuerza la idea de que, incluso en categorías muy competitivas, el diferencial está en producto, servicio y narrativa.

Tendencias que van más allá del restaurante clásico
Otra de las claves del año ha sido la diversificación: formatos «para llevar», rebrandings, reposicionamientos y reaperturas que demuestran que la restauración también se juega en operación, distribución y gestión de demanda.
El Rustidor, en Meliana, representa bien esa transformación: una casa de comidas tradicional que refuerza su salto a una nueva etapa con rebranding, impulso digital y catering, manteniendo el valor central de lo «casero» como palanca competitiva. Es una señal clara de cómo la comida para llevar se profesionaliza y se convierte en negocio de largo recorrido, no solo en solución coyuntural.

En la costa, Rusticana (Calpe) encaja en otra tendencia: la reapertura y puesta al día de locales con historia para competir en mercados turísticos saturados. Coincidiendo con su 20º aniversario, el restaurante vuelve con imagen y carta renovadas tras el cambio de propietarios, un movimiento cada vez más frecuente en zonas donde la diferenciación se decide por concepto, interiorismo y coherencia de la propuesta.

Y junto a estas transformaciones, proyectos como Sibarita apuntan a un patrón adicional: marcas que crecen desde mercados gastronómicos hacia locales propios, con una promesa muy clara —cocina “honesta”, sin artificios— y con planes de expansión que reflejan que el sector se mueve, cada vez más, por estrategia y no por improvisación.
Borja RamírezGraduado en Periodismo por la Universidad de Valencia, está especializado en actualidad internacional y análisis geopolítico por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en las ediciones web de cabeceras como Eldiario.es o El País. Desde junio de 2022 es redactor en la edición digital de Economía 3, donde compagina el análisis económico e internacional.











