Unos ganan y otros pierden

Medusa pone patas arriba el pequeño comercio en Cullera

El festival dinamiza los establecimientos más cercanos al target de público del evento, pero disminuye las ventas en comercios dirigidos a familias o mayores

Tienda Furia Skate Surf situada en Cullera, regentada por Serafín García. | Foto: Javi Gracia

Si a una localidad que en condiciones normales apenas rebasa los 20.000 habitantes y que en verano se cuadruplica en población le añades además 300.000 fiesteros sedientos, hambrientos y en muchos casos necesitados de ciertos recursos y servicios, parece lógico pensar que la economía y el comercio de dicho enclave se incrementarán de forma ostensible.

De hecho, es evidente y si nos remontamos al año pasado nos topamos con que Cullera, sede del Medusa Sunbeach Festival, obtuvo un impacto económico directo superior a 25 millones de euros, según datos del Ayuntamiento. Este año el festival dura un día más que el anterior y se espera que los ingresos en el municipio alcancen un nuevo récord.

¿Pero cuáles son los negocios y comercios que se ven beneficiados por un acontecimiento de este tipo? ¿Afecta a todos por igual? También es obvio pensar que los más favorecidos van a ser los hosteleros, los supermercados, los alojamientos y los arrendadores particulares.

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Establecimiento Furia Skate Surf. | Foto: Javi Gracia

Pero si bien no nos equivocamos al afirmarlo, hay que reparar en que, en función de factores clave como la localización, otros negocios no tan comúnmente asociados al turismo festivalero en los que en principio no pensamos también se ven beneficiados. Del mismo modo, otros que por lo general no veríamos como posibles perjudicados en realidad sí lo son.

Un caso que no sorprende pero que es paradigmático en cuanto a beneficios es el del local de pizza para llevar Oh! May Pizza, que abre todos los días de festival desde la tarde hasta que amanece. Calcula que venderá el doble durante estos seis días. Al menos así fue el año pasado y los anteriores, en los que el apetito voraz de los festivaleros a altas horas de la madrugada hizo las delicias de sus responsables.

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Servicio de alquiler de bicis de Furia Skete Surf. | Foto: Javi Gracia

Pero lo mismo ocurre con Furia Skate Surf, un local de artículos y ropa veraniegos, skates y material de deporte acuático. Serafín García, su dueño, detecta que en la semana durante la que se prolonga el festival gana lo mismo que en todo un mes de verano. “Tenemos muchos más clientes y los productos estrella que más se venden son las camisetas, las bermudas y las chanclas de marca“, resalta. “Estamos encantados de que esto se llene de chavales jóvenes“, agrega.

La única desventaja para Serafín tiene que ver con la otra vertiente del negocio, minoritaria pero importante en verano, el servicio de alquiler de bicis: “Preferimos no alquilarlas durante el festival porque no queremos que nos las roben o que aparezcan en el río“. En cualquier caso, la cita musical les da réditos y, tal y como apunta uno de sus empleados, “mientras no explote nada, nos parece perfecto“.

Uno de los hornos-pastelería emblemáticos de Cullera es Bohigues, situado en una de las calles más transitadas del barrio de San Antonio. Apuntan que las mayores ventas durante el Medusa, por la experiencia de otros años, se consiguen el sábado y el domingo, aunque este año ya están advirtiendo una clientela mayor desde varios días atrás.

Registran una demanda mayor de todos los productos, pero especialmente del pan, pues los bares, cafeterías y restaurantes del entorno se abastecen allí para las comidas y almuerzos. Según revelan, los días del Medusa suponen de media alrededor de un 20% más en ventas que un día de verano promedio.

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Bohigues, horno de Cullera. | Foto: Javi Gracia

En el lado opuesto encontramos a una de las charcuterías más veteranas de Cullera. Aunque prefieren mantenerse en el anonimato, sí nos dan algunos detalles dignos de reseña. Para ellos la celebración del festival supone menores ingresos. “Nuestro caso es particular porque, en el negocio de la carne, la gente que nos suele comprar para irse de paella o de barbacoa el fin de semana huye del medusa estos días”, comenta el propietario.

Aunque pueda vender más unidades de algunos tipos de productos como las bebidas frías o refrescantes o el hielo, en general la venta de su principal producto, el cárnico, se resiente. Según revela, por cada euro ganado de más en bebidas puede llegar a vender 40 euros menos en carne.

Apunta sin embargo que antes de abrir el local, sobre las cinco o las seis de la mañana, no le faltan proposiciones indecentes de festivaleros que le tocan al cristal en busca de transporte: “A esas horas los chicos del Medusa van desesperados pidiendo agua fría, tabaco o que les lleves a sitios o a su apartamento, que puede estar en Gandía, por ejemplo”, afirma, y pone un ejemplo vivido en sus propias carnes: “El año pasado un chico me ofreció 100 euros porque le llevara al piso donde se hospedaba”.


“El año pasado un chico me ofreció 100 euros porque le llevara al piso donde se hospedaba”

Para el comerciante, uno de los principales negocios que proliferan con el Medusa está en la economía sumergida: “Te piden que les hagas de taxista. El año pasado había quien cogía la furgoneta y se dedicaba a llevar a jóvenes a sus alojamientos. Hay mucho negocio improvisado, pirata, de ilegal”, ilustra.

En cualquier caso, el dueño de la charcutería insiste en que, pese a todo, está a favor del Medusa: “Le da mucho al pueblo y son solo seis días, estamos de acuerdo con su celebración“.

Por su parte, otro comercio longevo como Calzados Elche observa que el impacto del Medusa para su negocio ha evolucionado con los años. Mientras en las primeras ediciones, cuando el festival todavía no era tan conocido, “la gente mayor se quedaba más en el pueblo porque tenía curiosidad por ver cómo se ponía la ciudad”, ahora optan por “irse a pasar la semana a otro lugar huyendo del caos que supone”.

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Calzados Elche, tienda de zapatos de Cullera. | Foto: Javi Gracia

Esto, según explica una de sus dependientas, afecta al negocio, que por la calidad y tipología de los zapatos que comercializa, va dirigido sobre todo a familias y a personas de mediana edad, que son las que se marchan durante esta semana. “Ya se notó el bajón en 2018 y este año también se notará, ya que o te vas del pueblo o no descansas”, señala la vendedora.

¿Y en el caso de los indiferentes? Tenemos a tiendas de complementos como Petit Detall, cuyos artículos, “de mayor nivel”, no satisfacen las necesidades del visitante medusero promedio. “No les vendemos ni las mochilitas porque ya se las regalan en el kit del Medusa”, apunta su encargado.

En esta situación se encuentran también algunas peluquerías, como Nou Estil, a la que no le influye prácticamente nada la celebración del macroevento. “A nosotras no nos supone ningún cambio, como mucho le hacemos alguna trenza medusera a alguna chiquilla”, expresa una de sus empleadas.

No en todas las peluquerías pasa lo mismo. Jorge Narbona, peluquero mítico de Cullera, trabaja en solitario en un modesto local y asegura que no da abasto en la semana del festival. “Se nota, por un lado, que los de aquí que van al festival quieren cortarse el pelo y, sobre todo, los de fuera también quieren hacerse algún corte de última hora”, relata Jorge, al tiempo que precisa que la repercusión para los negocios de un evento como este depende del punto de la ciudad en el que se encuentren.

En todo caso, el autónomo comenta que la lástima es que el festival no se celebre en una época del año menos concurrida, pues justo tiene lugar una semana en la que la ciudad ya de por sí está llena y su negocio ya va muy bien. “Convendría más que se hiciera en una semana más floja para que aún nos fuera mejor —comenta risueño— pero aun así el festival supone algún beneficio porque siempre se quedan huecos que se pueden cubrir con algún joven festivalero”.

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Peluquero Jorge Narbona de Cullera. | Foto: Javi Gracia

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