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"Arte para vestir"

La empresa valenciana de diseño de joyas ‘La vidriola’ arrasa en Australia y EEUU

Sus fundadores, desde un pequeño taller en València, irrumpen en el mercado internacional con bisutería exclusiva hecha a mano con metracrilato

Detalle del proceso de fabricación de uno de los broches| Efe/Ana Escobar

Patines con ruedas, los tiques del turno de la compra o un walkman con auriculares se hacen joyas de metacrilato, tras un proceso colaborativo, en la nueva colección de la empresa valenciana La Vidriola, que ya arrasa en Australia, Estados Unidos y Reino Unido con divertidas y exclusivas creaciones.

Sus fundadores son Pablo Nieto y Blanca Calabuig, que desde su pequeño taller en València han generado una sonada irrupción en la bisutería internacional con broches, pendientes y collares innovadores y exclusivos, hechos a mano con metracrilato y madera de haya y que también han vendido en Malasia, Hawái o Francia, y ahora han empezado a comprarse en Singapur.

De hecho, el 98% de su producción se vende en el extranjero y, aunque reconocen que les gustaría introducirse en el mercado nacional, aseguran que el éxito que tienen en otros países hace que confíen en esos mercados para cumplir su reto de crecimiento: llegar a 2.800 pedidos (5.600 piezas) frente a los 1.000 (2.000 piezas) de 2018.

Con el título “Pop Collection”, La Vidriola lanza la próxima semana la nueva colección que, como las dos anteriores, “Where the magic happens” (de circo) y “Take away” (viajes y gastronomía), han contado con la voz interactiva de sus más de 14.000 seguidores en la red social Instagram, que han elegido el tema a diseñar.


La clave del éxito es que los seguidores de instagram deciden el tema a diseñar


“Así se sienten más partícipes de las colecciones”, asegura Nieto, que reconoce que han creado una “comunidad grande” en Instagram y que el “boca a boca” a través de esta red social ha sido “clave” para el crecimiento de la empresa.

Relatan que una “casualidad” en 2015 alumbró la idea que culminó en La Vidriola: crearon unos bolsos que Blanca Calabuig tenía en mente y encargaron a una empresa los tiradores pero les dejaron “colgados”. Tuvieron que echar mano a su imaginación y crearon unos cierres de metacrilato que “tuvieron más éxito que los bolsos”.

Entre los más de trescientos diseños de La Vidriola, también en forma de anillos, pulseras y llaveros y con precios de entre 50 y 170 euros, hay medusas y otros animales, el tren de Harry Potter, la red de metro de Londres, trapecistas haciendo acrobacias, la catedral de San Basilio e incluso un carro de palomitas, mejillones y una paella.

Entre sus piezas más emblemáticas, sushi atrapado por palillos, del que hicieron versiones con niguiri y con maki, o “su mayor locura”, según Blanca Calabuig, una creación a la que llamaron “wild life” y que representa una jungla en la que se ve un lago, palmeras, un volcán e incluso un mono, una pantera, un tucán y un loro.


La artista y galerista Topacio Fresh, la presentadora Pilar Rubio y la celebridad Carmen Lomana están entre las clientas de La Vidriola


La artista y galerista transexual Topacio Fresh, la presentadora Pilar Rubio y la celebridad Carmen Lomana están entre las clientas de La Vidriola, cuyo perfil de compradora son mujeres de entre 25 y 45 años “a las que les gusta el arte, el diseño y la moda”, según Nieto, que añade que “algo pueden variar de un país a otro”.

Su entrada el pasado enero en la aceleradora Lanzadera, impulsada por el dueño de Mercadona, Juan Roig, ha permitido a este diseñador de producto, de 30 años, y a la diseñadora de moda, de 28, “cambiar el chip” para ser empresarios y poder “crecer de forma sostenible”.

La creatividad de estos jóvenes les ha llevado a marcar hitos como el día de la boda real del príncipe Guillermo y Kate Middleton: copiaron “su look” para un broche, lo diseñaron y pusieron a la venta esa misma noche y lo agotaron “en apenas cuatro horas”, sobre todo en Australia, donde son “muy fans de la familia real británica”.

Su visión de la actualidad y la solidaridad les ha impulsado a desarrollar una campaña tras el incendio de Notre Dame, a cuya restauración han donado los beneficios íntegros, unos 1.625 euros, de la venta de un broche y un collar diseñados en exclusiva con la fachada de la catedral parisina sobre unos corazones.

Hacer apenas “veinte o treinta” piezas de cada joya hace de La Vidriola una marca de exclusividad y valor añadido que, además, cuida detalles como los envoltorios relacionados con el tema de la colección, lo que los convierte, como ellos se definen, en “arte para vestir”

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