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Eva Alcón, rectora de la Universitat Jaume I

“Las universidades tenemos la asignatura pendiente de la transferencia del conocimiento”

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Comprometida y trabajadora, emprendedora, positiva y creativa son algunos de los adjetivos con los que sus compañeros definen a la catedrática de Filología Inglesa, Eva Alcón, la primera rectora de la Universitat Jaume I (UJI) desde su creación hace 27 años. Tras su elección el 16 de mayo con el 83 % de los votos, ya ha empezado a trabajar en la gestión de la institución con su programa de integrar y trabajar con todos los colectivos, favoreciendo la participación de los agentes sociales del campus en el debate universitario. El diálogo y el debate es herencia de su reciente paso por la política como portavoz de Educación en les Corts Valencianes.

La gestión en la Universidad no es algo nuevo para Eva Alcón, puesto que ya dirigió la titulación de Filología Inglesa, desde 1993 a 2001, y fue vicerrectora de Ordenación Académica y Estudiantes y vicerrectora de Relaciones Internacionales entre 2001 y 2010. Ahora, tras su toma de posesión, lo primero que se plantea es reunirse con el conseller de Educación, Vicent Marzá, para abordar los temas que afectan a ambas instituciones. Entre ellos están la financiación precisa para avanzar en el modelo de universidad, con la construcción de infraestructuras o la situación del personal de servicios (PAS) y docente (PDI).


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-¿Cómo valora el hecho de ser la primera mujer rectora de la Universitat Jaume I (UJI) y la segunda en la Comunitat Valenciana?

– Mi elección como rectora de UJI es un hito, al ser la primera desde su creación. Creo que servirá para visualizar el liderazgo de las mujeres y nuestra capacidad para liderar proyectos e instituciones en los que, en muchas ocasiones, somos mayoría. Sé muy bien que la sociedad ve la Universidad en masculino, que hay mucho camino que andar para cambiar ese concepto. La prueba de ello es que usted me pregunta por ello. Si fuera un hombre no me formularía esa pregunta. Ese es el mejor termómetro, el que nos indica que hay que normalizar una situación porque es algo de justicia social, ya que vivimos en una sociedad donde hay un 50 % de hombres y otro 50 % de mujeres.

Permítame ponerle ejemplos de esa situación de desigualdad que se da en los campus. La Universidad tiene más alumnas que alumnos pero, conforme se accede a funciones de mayor responsabilidad, el porcentaje de mujeres que ocupan esos cargos cae en picado. Una evidencia de ello es el número de rectoras y rectores. Aún hoy, los gobiernos de las universidades no son siempre paritarios o las comisiones, que dependen de la propia Universidad, se aprueban sin respetar la paridad. Creo que es el momento de pasar de la reivindicación a la acción. Por eso, las mujeres, en particular, y la sociedad en general, debemos luchar para romper ese concepto que va asociado a otros ámbitos sociales.

– Luego existe ese techo de cristal del que tanto se habla en los distintos ámbitos sociales…

– Sí, en efecto, ese techo de cristal existe y aquí, en la Universidad también. Por eso, mi presencia al frente de la UJI creo que puede contribuir a romperlo. Y no solo eso, también puede facilitar la ruptura de los estereotipos sobre la capacidad profesional de las mujeres. Y es que a los hombres esa capacidad se les supone, mientras que nosotras debemos demostrar que la tenemos y que podemos gestionar bien las instituciones o las empresas.

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– ¿Considera que solo el hecho de visibilizar su posición al mando de la UJI puede ser positivo para el resto de mujeres?

– Yo creo que el hecho de que las mujeres asumamos progresivamente más responsabilidad es bueno, porque eso permitirá normalizar la situación. Somos una sociedad equilibrada respecto a hombres y mujeres y es anormal que no se nos visibilice. Visibilizar el papel de las mujeres es importante para la sociedad actual y para las generaciones futuras. Lo anómalo es el mensaje que se da a la sociedad con la visión de la mayoritaria presencia de rectores frente a rectoras. Parece que les decimos a los jóvenes que los cargos de responsabilidad son solo para los hombres. Situación que se normaliza y se asume. Contra eso hay que luchar, porque es un concepto erróneo, hay que romper con esos estereotipos sobre la capacidad profesional de las mujeres. Somos muchas, trabajamos muy bien y tenemos capacidad para a ocupar altos cargos de dirección. Entiendo que este es un proceso imparable.

– ¿Qué cree que puede aportar una mujer en el máximo órgano de dirección de una universidad?

– Aportaré el estilo de gestión, algo propio de cada persona y que se transmite a la gestión de forma directa o indirecta. En los cargos que he desempeñado creo que he tenido capacidad de diálogo, de consensuar y de escuchar a la gente, que es muy importante. Nosotros iniciamos un debate universitario hace seis meses y hemos oído a toda la comunidad universitaria, con independencia de su cargo. Escuchar es importante para construir consensos. Además, puedo aportar también capacidad de trabajo.

– ¿Tienen las mujeres las mismas oportunidades para alcanzar puestos de alta dirección o gestión?

-Todas las mujeres hemos tenido algún tipo de dificultad. Me explico, creo que es un tema cultural y de educación. Lo primero que nosotras nos cuestionamos es si podemos hacer esa función. Una pregunta que por esa educación que le decía antes no nos hacemos en el caso de los hombres, porque se da por hecho que lo pueden hacer. En mi caso, siempre he tenido vocación de luchadora. He tenido como objetivo superarme a mí misma y superar aquellas cosas que pienso que la sociedad debe cambiar y una de ellas es hacer visible el trabajo de las mujeres que es mucho y muy bueno. Hay que lograr cambiar esa asignación de roles. Para hacerlo es preciso mucho trabajo y renuncia de temas personales, para conseguir que tu trabajo se acepte y visualice. Pero estoy contenta de lo hecho, aunque sé que hay camino por recorrer aún.

– La gestión universitaria no es algo nuevo para usted que ha sido vicerrectora de la UJI desde 2001 a 2010, ¿Cuáles son sus propuestas para la universidad?

– En el ámbito de estudios creo que hay que revisar la oferta, apostar por las dobles titulaciones y con un perfil internacional. En el ámbito de la investigación tenemos una asignatura pendiente que es la transferencia del conocimiento, necesitamos que la investigación que se genere en la Universidad llegue a las personas y a las organizaciones y para ello es necesario retener el talento y atraerlo. También veo preciso transmitir el impacto social de estas investigaciones que hacemos en la UJI. Debemos conectar con los sectores industriales y culturales de la provincia, con la cerámica, la cultura, el patrimonio, el turismo o la economía digital. Hemos de recoger sus necesidades para darles respuesta y, de esta forma, ver cómo podemos contribuir a realizar un cambio en el sistema productivo.

En el apartado cultural, social y lingüístico, el compromiso social es incuestionable como también lo es el de avanzar en el uso de la lengua propia y dar oportunidades para el aprendizaje de otras lenguas.
Vamos a apostar por la cultura como valor diferencial. Hemos de ser una universidad comprometida con la cultura de la paz, el respeto a la diversidad, la equidad de género y con ofrecer una formación ética y en valores universales.

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– El compromiso lingüístico supondrá apoyar el plan de multilingüismo de la UJI que incluye el requisito del “mitjà” y el B2 de inglés.

– Ahora mismo no existe la exigencia de esa titulación, no está en el plan de estudios. Por eso es mejor ver cómo está el tema. Sabemos que hay unos planes de estudios que tienen una serie de asignaturas, que son las que se acreditan ante la agencia de evaluación, Aneca. Eso, y solo eso, es lo que está aprobado y, por lo tanto está vigente. Sobre el plan del multilingüismo es una normativa de la universidad que, por ahora, no está incluido en el plan de estudios.

Lo que sí que haré será impulsar el estudio de lenguas. Pero debemos tener en cuenta el contexto en el que nos movemos y cómo se aprenden las lenguas. Los alumnos llegan a la Universidad tras pasar por primaria, secundaria y bachillerato donde reciben una formación en idiomas. Llegan con unos niveles y nosotros en la Universidad, debemos avanzar en el uso de esas lenguas. Nuestro compromiso es que los estudiantes que llegan a la UJI no pierdan los conocimientos adquiridos, al mismo tiempo que intentar normalizar el uso de las lenguas para sus estudios. Y en aquellos casos en los que exista un requisito lingüístico, porque así se ha decidido para conseguir la inserción laboral o a la hora de ser un mérito, daremos la oportunidad a quienes así lo quieran para que puedan obtener su capacitación lingüística y además hacerlo con el menor coste posible.

Reitero que somos una Universidad pública, que tiene que intentar dar oportunidades para que las lenguas se normalicen y nuestra apuesta por el conocimiento y uso de la lengua propia es y será indiscutible como también lo será el beneficio que tienen todas las personas que adquieren una lengua.

– Su programa, precisamente, dedica un apartado a las personas e introduce por primera vez el teletrabajo, ¿en qué va a consistir esta medida?

– Está planteada para el personal de administración y servicios y tiene su base en la confianza en las personas y la conciliación familiar. Está claro que para los docentes no es factible aplicar esta propuesta, como tampoco para aquellas personas que trabajen en puestos de cara al público. Para poder llevar a término esta idea, hemos de delimitar antes las funciones de cada persona y ver cuáles son los departamentos en los que se puede aplicar y cómo se desarrollará el trabajo desde casa. Por ejemplo, esta iniciativa se podría aplicar al departamento de traducción y corrección de textos y el de comunicación.

-¿Cómo se controlará el trabajo que realicen esas personas?

– Hay que flexibilizar los instrumentos y los sistemas de control y simplificación de los indicadores de medida del trabajo. Para eso hay que apostar por un modelo de gestión basado en la confianza en las personas.

– La financiación es el caballo de batalla de la UJI y del resto de universidades públicas valencianas. Usted ha vivido ese problema desde dentro, como vicerrectora, pero también como política, en su paso por les Corts como portavoz de Educación del PSPV. ¿Es real esa falta de financiación?

– En las universidades públicas, en las que la recaudación de las tasas académicas cubren una parte muy reducida del coste de los servicios prestados, el grueso de esa financiación de las universidades procede de fondos públicos, en nuestro caso de la Generalitat Valenciana, puesto que la educación es una competencia transferida por el Estado. Al ser una prestación de un servicio público, la financiación ha de ser pública, como ocurre con la sanidad o la justicia. En mi opinión, el coste de estudiar en una universidad pública, como es la UJI, debe ser reducido, para facilitar la igualdad de oportunidades en el acceso a la formación superior. Algo que hace que la Universidad precise disponer de una buena financiación pública para cubrir ese objetivo.

También soy consciente de que desde las universidades se deben buscar fórmulas adicionales de financiación, para lo que se puede acudir a convocatorias competitivas, o al mecenazgo y el patrocinio, de la prestación de servicios. Así lo estamos haciendo y mi intención es seguir potenciando estas fórmulas de captación de recursos.

– Se han barajado opciones como que la financiación sea por alumno o teniendo en cuenta los índices de investigación.

– En primer lugar creo que es ineludible abordar el modelo de financiación de las universidades públicas valencianas. Lo que está claro es que la fórmula actual, que data de 2010, en el caso de la UJI nos lleva a una situación insostenible, por los cambios habidos en estos ocho años. Acerca de las dos fórmulas de financiación que me plantea, las considero interesantes, pero hay que verlas en su contexto. Opino que la financiación debe efectuarse, esencialmente, considerando el servicio público que prestan las universidades a la sociedad. Por ello, es necesario tener en cuenta el número de alumnos matriculados, los estudios que se imparten o la investigación que se realiza, entre otros parámetros Así ocurrió desde 1994 hasta 2009, con la puesta en marcha de un plan de financiación con unos criterios previamente establecidos entre la Generalitat Valenciana y las universidades públicas de la Comunitat. Ese sistema se aparcó y, desde 2010, las universidades reciben un porcentaje predeterminado que fija la propia Generalitat en la Ley de Presupuestos. En otras palabras, el punto de partida es lo que se recibía en 2010, pero estamos en 2018. La UJI ha cambiado mucho, contamos con dos titulaciones más y la relevancia y el peso de la actividad investigadora es incuestionable.

– La dependencia de las aportaciones de fondos públicos condiciona también el desarrollo de las infraestructuras docentes de la UJI, como el caso de la segunda fase de la Facultad de Ciencias de la Salud. ¿Llegarán esos recursos?

– El president de la Generalitat, Ximo Puig, se ha comprometido a que la segunda fase de las Ciencias de la Salud salga adelante. Ahora hay que concretar cómo se va a hacer. Veo dos fórmulas perfectamente complementarias. Una que contempla un escenario de sostenibilidad financiera que permita terminar la Facultad de Ciencias de la Salud con recursos propios. Y una segunda, en la que la Administración autonómica financie directamente esa inversión, atendiendo a una necesidad específica de la UJI, mientras se negocia una adecuada financiación para las universidades.

Lo que está claro es que acabar la facultad es una prioridad. Necesitamos 14 millones para rematar la segunda fase, además de los recursos económicos para poder realizar la contratación del profesorado para impartir las asignaturas. Este es un tema que abordaré con el conseller de Educación, Vicent Marzà, en mi primera reunión de trabajo.

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– Uno de los problemas que ha de resolver la Universidad son las retribuciones que percibe el profesorado asociado. Un colectivo que se ha movilizado para pedir una equiparación de sus percepciones económicas y de promoción. ¿También es fruto de esa falta de financiación?

– No es un problema de financiación, aunque disponer de los recursos económicos necesarios condiciona toda nuestra actividad. Hay dos aspectos que considero preciso diferenciar. Por un lado está la parte económica, la de las condiciones laborales en las que realizan su trabajo y que yo creo que tienen que regularse en conjunto para todo el sistema universitario valenciano. Apuesto por que se firme el convenio colectivo en el ámbito de la Comunitat Valenciana en el que se regulen esas condiciones laborales. No me parece justo que las condiciones laborales de un profesor sean diferentes según esté trabajado en una universidad u otra, porque realizan el mismo trabajo. Por eso defiendo que se han de homogeneizar las condiciones profesionales de este colectivo.

Por otro lado, tenemos aspectos que dependen de la propia Universidad, caso de la disponibilidad de despachos, espacio físico para el profesorado, el volumen de trabajo docente que se les asigna o la posibilidad de participar en proyectos de investigación propios. Nuestro compromiso con los asociados es mejorar sus condiciones en los aspectos que dependan de la Universidad. Y aquellos aspectos que no dependen de la Universidad sino de la administración, reivindicaremos que se firme el convenio colectivo.

– Pero esos profesores asociados que son un cuerpo importante dentro de la Universidad tienen percepciones inferiores al salario mínimo profesional…

– Yo creo que se tendrían que revisar las condiciones de trabajo de los profesores asociados. Pero, de todas formas, no hemos de olvidarnos de que ellos tienen un sueldo principal, que es el de su ocupación fuera de la Universidad. Hay que ver cómo su contribución puede completar ese sueldo y contemplar esa situación en relación al resto de figuras laborales que también tenemos en la Universidad, como son los ayudantes, los contratados doctores… En la UJI tenemos un 19 % de personas que de alguna manera no trabajan en la Administración pública o en la empresa.

– La investigación es uno de los compromisos que tiene la Universidad con la sociedad. Pero esa investigación precisa recursos económicos para llevarla adelante o atraer investigadores, ¿cómo se puede obtener esa financiación?

– Los fondos públicos destinados a financiar proyectos de investigación han disminuido considerablemente, lo que dificulta aún más poder acceder a ellos.

Sin embargo, hemos de ser capaces de liderar proyectos de investigación para atraer a la UJI a investigadores jóvenes y a personal investigador de alto nivel que inicie nuevas líneas de investigación y que genere sinergias con los grupos que ya tenemos. Personas que ayuden a crear estructuras investigadoras cada vez más fuertes para poder competir e incrementar el impacto internacional de la investigación. También debemos apostar para que el conocimiento que generamos se transforme en valor para el desarrollo de la sociedad. La investigación ya no se entiende si no va acompañada de innovación. Hay que impulsar grupos de trabajo multidisciplinares que permitan abordar temas relacionados con la salud, el cambio demográfico, las energías limpias, el clima, el turismo, el agua, el transporte inteligente, las sociedades inclusivas y seguras… Necesitamos que la investigación que se genera en la Universidad llegue a las personas y a las organizaciones.

– ¿Considera que la interacción con la sociedad es la adecuada?

– Sí, sin ninguna duda. Creo que esa ha de ser una relación bidireccional y recíproca. La aportación de la Universidad como dinamizador cultural, económico y social es incuestionable. Al mismo tiempo, pienso que la implicación de la sociedad castellonense en la consolidación de la UJI ha sido una constante que se mantiene. También soy consciente de que debemos trabajar para ampliar las sedes universitarias y potenciar acciones formativas y divulgativas en las mismas. Además, mi equipo apuesta por el rediseño e impulso del programa de extensión universitaria para que llegue a toda la provincia.

– ¿Hay que favorecer esa conexión entre la UJI y el tejido industrial de la provincia?

– Es fundamental tener sintonía con las demandas de las empresas. Por ello debemos ir de la mano de la Fundación Universitat Empresa (UJI), un foro en el que convergen ambos campos, como también debemos aumentar la relación con la Asociación de Mujeres Directivas, con la industria cerámica y su vinculación con nuestra Universidad, por medio del Instituto de Tecnología Cerámica (ITC).

– ¿Qué papel tiene el Consejo Social?

– El Consejo Social es parte importante de la Universidad y debemos trabajar coordinados para determinar cómo puede contribuir a transformar la sociedad. Vamos a trabajar coordinadamente sobre la base de la confianza mutua para alcanzar las metas que nos fijemos.

“Sin estudiantes, la Universidad sería un centro de investigación o una entidad cultural”

Uno de los temas a resolver por la nueva rectora es la baja implicación del estudiantado en los temas que afectan a la Universidad. “En efecto, es uno de los temas que debemos abordar. Nos preocupa la poca implicación, como se reflejó en las elecciones, pese al esfuerzo realizado”.

Eva Alcón considera que “los estudiantes son la rezón de existir de la universidad”, sin ellos, la Universidad “podría ser un centro de investigación o una entidad cultural, pero no una institución de educación superior. Su participación, tanto en el aprendizaje como en la vida universitaria es clave. Y para potenciar esa proactividad, impulsaremos clases activas e innovadoras más allá de las magistrales; incentivaremos la vida estudiantil en el campus, con la Casa del Estudiante”.

– ¿Cómo les animaría a matricularse cuando la mayoría ven que alumnos de FP tienen más facilidades a la hora de encontrar empleo?

– Desde mi experiencia como estudiante, primero, y como profesora, después, les diría que la inserción laboral no es fácil en estos momentos, pero les haría ver que las estadísticas corroboran que a mayor formación hay un porcentaje mayor de obtener un trabajo y con mejores condiciones y eso está demostrado. También insistiría en que se formaran pero con una perspectiva diferente. No tiene mucho sentido formarse cuatro años para toda la vida. Un grado es el inicio, pero tenemos que estar preparados para seguir formándonos durante toda la vida y para tener competencias transversales que nos permitan ser mucho más flexibles, versátiles y con facilidad de cambio. Ese es el activo.

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