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Frente al paro, más recursos y más eficacia

Miguel Cardoso, economista jefe de BBVA Research

– ¿Cómo va a impactar en el mercado laboral español, a corto y medio plazo, el avance de la digitalización de los procesos industriales? ¿Cómo debe enfrentarse la sociedad española a esta realidad?

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– Este no es, aún, el principal problema que tiene la sociedad española. El alto nivel de paro de índole estructural de la economía española es nuestra mayor preocupación. En EE.UU., como mucho el 5 % de las personas que quieren trabajar no encuentran trabajo, y lo mismo sucede en Alemania. En España, la situación es bien distinta pero nuestro elevado índice de paro tiene poco que ver con el cambio tecnológico.

Algo que la economía española sí tiene en común con el resto de países desarrollados es una disminución de la importancia del sector manufacturero como generador de empleo. Oímos con frecuencia que hay que reindustrializar la economía española, pero si el objetivo es el empleo –conseguir que en el sector manufacturero exista una mayor proporción sobre el total– podremos ver una mejora a corto o medio plazo, pero la tendencia a reducir el peso del sector manufacturero como generador de empleo es generalizada e histórica y va continuar.

En la industria manufacturera se dan muchos procesos reproducibles por las máquinas, porque son procesos repetitivos. Esto significará que cierto tipo de trabajadores, incluso con niveles de cualificación medios, acabarán siendo desplazados y pasarán a desarrollar actividades en el sector servicios, no tan bien remuneradas como las que tenían antes en el sector industrial.

Para afrontar este problema desde el punto de vista social, el sistema educativo es fundamental. Debemos ver cómo reformar el sistema educativo para preparar a los alumnos ante este nuevo entorno digital y, al tiempo, cómo ayudar a los trabajadores en su evolución, porque como se repite mucho en el norte de Europa, el objetivo de las políticas activas de empleo tiene que ser proteger a los trabajadores, no necesariamente los puestos de trabajo, que a lo mejor acaban siendo inviables.

El reto es cómo hacer que el trabajador tenga protección respecto al desempleo cuando concurra esta circunstancia, pero con la posibilidad de aprovechar tal situación para prepararse a la búsqueda y el desempeño de un trabajo en el sector de actividad donde exista demanda de profesionales retribuidos con salarios razonables.

– Lo que normalmente será en el sector servicios y no en el manufacturero.

– Puede ser en el manufacturero pero, probablemente, haciendo algo diferente a lo que hacía antes. Esta es una de las ideas que, como economistas o como políticos, no hemos sabido transmitir a la sociedad. El cambio tecnológico o la globalización en el conjunto del proceso son beneficiosos para la sociedad, pero su desarrollo conlleva ganadores y perdedores y hay que estudiar cómo facilitar el proceso de transición a los perdedores.

En España, alrededor de un 30 %-35 % de los parados abandonó los estudios para incorporarse a la construcción o al turismo. Por tanto, tenemos que dedicar más recursos a los servicios de formación para los parados, pues los actuales son muy pocos en comparación con el paro que tenemos y, además, la eficiencia de esos servicios de formación es muy pobre. Hay que buscar recursos para redirigírselos a los parados, pero incrementando su eficiencia.

Muy probablemente, esto pasa por una mayor colaboración público-privada y una reforma del seguro de desempleo. Hay mucho que hacer, pero el reto de la formación será clave si queremos aprovechar las nuevas tecnologías y que los costes sean reducidos.

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