Devis, la tradición en la calderería valenciana

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Año 1929: las instalaciones de Devis e Hijos. (Colección Francisco Signes. En “Dos siglos de industrialización en la Comunitat Valenciana”)

La localidad valenciana de Albuixech, curiosamente, abre y cierra un círculo industrial de bastante más de un siglo de antigüedad. De ella procede la familia de Miguel Devis Pérez, creador de una potente industria dedicada a la calderería y la construcción ferroviaria; en 2016, después de muchos avatares, a través del lazo que tendió Macosa en la economía valenciana, podemos llegar hasta Stadler Valencia, que en el moderno polígono industrial de Albuixech sigue desplegando su actividad en torno a las construcciones ferroviarias, la histórica vocación de la familia Devis.

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Los tópicos y los paisajes de lo consabido suelen ligar la economía valenciana a las maravillas de una agricultura generosa que ocupaba todos los flancos de la actividad. Pero eso nunca ha sido exacto: como ya quedó demostrado en las Exposiciones Regionales de 1867 y 1883, el desarrollo agrícola valenciano y la expansión de la citricultura, necesitaba molinos de viento de extracción de agua y potentes bombas, movidas por vapor, que facilitaran la irrigación. La calderería, la construcción y mantenimiento de calderas de vapor se hizo pujante al amparo del sector de la seda desde que Santiago Dupuy de Lome instaló en la Batifora de Patraix la primera, en el lejano 1837. La construcción en hierro, la forja, la fundición y todas las variables de la metalurgia moderna se dieron en la economía valenciana, donde los constructores de carros se adaptaron con facilidad a construir vagones de ferrocarril y de tranvía, y los caldereros se atrevieron a montar locomotoras.

Miguel Devis Pérez (1863-1928), nacido en Alboraya, era hijo de un “manyà”, un cerrajero, oficio que en aquel tiempo iba aparejado a la herrería y la forja. Las calderas daban mucho trabajo en la esfera doméstica y en la industrial a los especialistas de un oficio en el que muy pronto destacó el joven Miguel, que a los catorce años, decidido a probar fortuna en un sector pujante, se vino a Valencia donde se concentraba la mayor actividad. En 1878, en las inmediaciones del Grao, J.J. Sister y Manuel M. Gómez habían de crear unos importantes talleres de construcción y reparación de maquinaria naval, considerados precedentes de Unión Naval de Levante. Estamos en un tiempo que en que la Primitiva Valenciana destaca en el campo de la fundición (1880) y la Maquinista Valenciana fabrica la primera locomotora de vapor salida de un taller español (1884).

Miguel Devis, el fundador, en una imagen publicada en “Blanco y Negro” en 1932

Miguel Devis, el fundador, en una imagen publicada en “Blanco y Negro” en 1932

Las industrias del papel y del calzado, las del mueble y el tejido reclaman máquinas, mecánicos y técnicos bien formados. Se extienden las líneas de ferrocarril y se abren nuevas modalidades de construcción en una Valencia que quiere crecer por el Ensanche. En el año 1891, Miguel Devis, junto con José Noguera Chuliá, un socio que será clave en los primeros años, crean una empresa de calderería pesada que comienza a funcionar en las afueras, en Marxalenes, en lo que entonces era el Camino de Barcelona y hoy llamamos avenida de la Constitución. Desde las calles de Doctor Olóriz y Obispo Fabián y Fuero todavía se puede ver la chimenea original de la industria y la elegante nave con quince arcos que rescató una fundación dedicada a la construcción.

Industria en carroza tirada por caballos

Adaptándose a la expansión de la electricidad y a los mil cambios de la tecnología, Devis y Noguera, sin temor a las secuelas de la Guerra de Cuba, exhibían en 1897 un edificio de tres plantas, dos naves industriales especializadas en calderería y unas modernas oficinas. Si en la Batalla de las Flores de cierre de la Feria de Julio nunca faltaba la carroza de aire industrial de la calderería Devis y Noguera, en 1903, cuando se celebró una verdadera Cabalgata Industrial Valenciana, la empresa hizo desfilar un carro de diez toneladas, tirado por una docena de caballos, donde se exhibía una caldera de diez caballos de potencia que funcionaba mientras hacía sonar su silbato y una legiadora esférica de tres metros de diámetro construida para la industria de papel de Layana.

Tras veinte años de actividad, en 1911, la firma, que había triunfado con su presencia en la Exposición Regional, experimentó su primer cambio interno. Cuando el fundador tenía 48 años, el apellido Noguera desapareció y la empresa pasó a llamarse Casa Devis e Hijos en honor de los tres que esperaban heredar la tradición industrial. Capeó la industria el terrible bache de la Guerra Mundial y los años de fuertes inquietudes sociales que abrieron la década de los veinte. La prensa valenciana, en marzo de 1924, registra una visita del director general de Administración Local, José Calvo Sotelo, que había sido gobernador civil de Valencia y que se reservó unas horas para conocer las nuevas instalaciones industriales de la familia Devis en el Camino real de Madrid.

 

Locomotoras de vapor a punto de ser entregadas en las instalaciones anejas de Renfe

Locomotoras de vapor a punto de ser entregadas en las instalaciones anejas de Renfe

Junto a la Renfe

La lógica de la nueva estación del Norte hizo que la firma industrial se ubicara en la calle San Vicente, junto al canal ferroviario de salida de la ciudad. La venta al Ayuntamiento de las instalaciones de Marxalenes permitió la expansión y el uso de apartaderos ferroviarios. Allí continuó la familia Devis la expansión de una nueva aventura industrial: la construcción y reparación de vagones de ferrocarril y tranvía, así como la construcción de locomotoras. El fundador, Miguel Devis falleció en 1928; la empresa, desde 1927, llevaba el nombre de Hijos de Miguel Devis y dos años después pasó a utilizar el nombre de Construcciones Devis, S.A.

Con esa rúbrica continuó durante veinte años más, hasta 1947. Fueron años cmplejos, en los que la empresa hubo de pasar por algunos conflictos sociales en el año 1931, por la radicalización de los tiempos republicanos y por las secuelas terribles de la guerra civil y la posguerra. Con todo, pese a la crisis económica de los años treinta, la firma industrial, en 1932, presentaba buena actividad: disponía de 70.000 m2 de suelo, daba 500 empleos y ofrecía puntas de trabajo de hasta mil obreros. Por entonces comenzó lo que sería más tarde su especialidad, la construcción de locomotoras, tanto de vapor como eléctricas. Las instalaciones se dedicaron a fabricar material de guerra, especialmente munición para la artillería, entre 1936 y 1939. En cuanto a la posguerra, basta decir que el parque de vagones ferroviarios se había perdido en buena medida durante el conflicto y que era preciso reponerlo, como las locomotoras, en el proceso de paulatina recuperación de la economía y los transportes, de modo que en la calle de San Vicente se construyeron más de 6.000 en pocos años.

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