Un sector maduro que se reinventa

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César Orgilés (Inescop)

César Orgilés, director general de Inescop, es de los optimistas sobre las posibilidades de supervivencia de la industria del calzado: “Pese a todo lo que ha dicho desde 1980, cuando se aseguraba que a la industria española del calzado le quedaba un año de vida; pese a profesores de la Universidad de Alicante que decían que la fabricación de calzado era una industria madura y que para eso estaban los países emergentes; pese a lo que se defendía incluso en la Cámara de Comercio… pero la realidad es muy tozuda y pone a todo el mundo en su sitio”.

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Orgilés se muestra extremadamente crítico a esa especie de mantra que se apodera de los gobiernos y que no es otra que defender la empresa de base tecnológica. “Parece que son las industrias del futuro. No sabemos todavía el empleo que crean, porque no entra en las estadísticas de bajo que es, pero los sectores tradicionales y maduros somos los que estamos creando empleo y los que mantenemos una parte muy importante del empleo de este país y, sobre todo, de mantener una balanza de pagos que creo que ningún sector está en condiciones de decirlo”.

Porque el calzado es uno de los pocos sectores que presentan una balanza de pagos positiva. El año pasado exportamos zapatos por valor de 2.640 millones de euros e importamos por valor de 2.400 millones. Tenemos una balanza comercial con más de 200 millones de superávit.

Orgilés recuerda que “a pesar de toda la crisis, la industria del calzado ha estado superando durante los últimos años las cifras de exportación de los años anteriores. Actualmente, con las cifras hasta abril, vemos que en 2013 se exportaron 50 millones de pares; en 2014 fueron 56 millones y en 2015 llevamos 59 millones”.

El director general de Inescop demuestra que, cada vez que la industria del calzado se ve inmersa en una crisis, renace con mayor fuerza y presenta unas cifras de exportación muy superiores al ciclo anterior a la crisis. “En la actualidad –señala– estamos alcanzando las mejores cifras de los últimos años”.

Para Orgilés, las empresas han cambiado la forma de trabajar, están bien preparadas y tienen la suficiente agilidad para adaptarse a los cambios. Destaca que uno de sus puntos fuertes es la capacidad de fabricar series pequeñas y cambiar rápidamente el modelaje, “en un momento donde ya no hay colecciones, sino que continuamente se reformula el modelaje. A esto nos han forzado desde que hay una empresa que cada 15 días cambia su escaparate”.

Con 43 años de experiencia en la industria, Orgilés tiene un profundo conocimiento de la misma. “La industria ha hecho sus deberes; estamos ya en una nueva generación de fabricantes y creo que el sector tiene madera para seguir fuerte los próximos años con los productos que nos son propios y con los que dominamos el mercado: diseño, moda, rapidez de respuesta; la posibilidad de pequeñas series y un precio relativamente ajustado”.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Orgiles echa en falta una industria auxiliar potente. Como señala Sergio Ros, “el hándicap de la fabricación es que está desapareciendo la industria auxiliar que es la que te da soporte: ese saber hacer, la especialización. No es imposible fabricar, pero sí es más difícil que hace quince años”.

La pérdida de la industria auxiliar se une a la falta de especialización de los recursos humanos. Javier Sepulcre señala que “hoy es complicado encontrar un buen aprendiz en el calzado. Los jóvenes quieren ser modelistas, diseñadores, pero no estar metido en una fábrica de zapatos”.

Ramón Pajares, por su parte, considera que “es importante que el empresario reinvierta sus beneficios en sus empresas. Invertir en tecnología de producción, automatización y robotización”. 

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