La mocadorà no se negocia: el mazapán sube, pero se sigue regalando
Sant Donís se hereda: en el Horno San Pascual, empresa familiar valenciana, el mazapán sube un 3,5% por el tiempo de las manos que lo hacen, y aun así la tradición no se pierde.
Cada 9 d’Octubre, Valencia envuelve en un pañuelo frutas de mazapán y se regalan entre enamorados como tradición.
Detrás hay hornos como el San Pablo, donde esta tradición tan valenciana pasa de padres a hijos, cada pieza se modela a mano y el cliente, joven o mayor, sigue comprando aunque suba el precio.
Valencia repite cada día de la Comunitat Valenciana un gesto que arrancó con la entrada de Jaume I en 1238, la mocadorà, y que este año vuelve a llenar los hornos de color. Frutas, verduras de la huerta, la piuleta y el tronaor se envuelven en un pañuelo y se entregan entre quienes se quieren.
Para el negocio de hornos, esta festividad aunque lejos de igualar Navidad o Pascua, la campaña de Sant Donís supone un 1,5% de la facturación anual. Lo que sostiene en la realidad el horno siempre es el cliente del día a día. Entonces, ¿por qué se vive como algo tan grande? Porque pesa más en la costumbre y tradición valenciana que en la caja.
Un horno familiar desde 1936
Desde 1936, el horno de la Avenida del Oeste, 25, en Ciutat Vella, hace pan de forma artesana y en familia. Casi nueve décadas después, la tradición que describe en sus clientes, el gesto que pasa de padres a hijos, es también la que vive puertas adentro: un oficio que se aprende haciendo, pieza a pieza, y una fecha como el 9 d’Octubre que se prepara en casa antes de llegar a la vitrina.
La subida, con sorpresa
El mazapán sube este año alrededor de un 3%. La reacción lógica sería señalar a la almendra, pero el horno apunta a otro lado: la mano de obra.
Cada pieza se modela una a una, a mano, y eso exige horas que hoy cuestan más. La almendra apenas se ha movido y solo ha repercutido un poco en el precio. Además, el mazapán lleva mucho azúcar, así que no es solo «producto caro».
El mercado confirma la calma. La almendra cotiza entre 5 y 6,40 €/kg grano según la variedad, y la Marcona se mueve entre 5,85 y 6,40 €/kg.
El cliente continua la tradición
El horno no habla de clientes, sino de herencia. Quien compra mazapán artesano es cliente de toda la vida, que pasa la tradición de padres a hijos, y la tendencia, aseguran, va a más. Los mayores compran más cantidad. Los jóvenes, con el precio en la cabeza, eligen bandejas con menos piezas o piezas más pequeñas, pero no renuncian a la fecha.
Tampoco temen al mazapán industrial: dicen que es otro cliente, el que no busca calidad. Aquí compite el sabor, no el precio.
La mirada del gremio: relevo y un posible sello
Para Beatriz Gimeno, secretaria general de FEGREPPA, la Federación gremial y empresarial de panadería y pastelería de CV, fechas como el 9 d’Octubre elevan la demanda de mazapán, dulces tradicionales y especialidades valencianas, y suponen una oportunidad para los obradores y para el comercio de proximidad.
El sector, añade, afronta a la vez más costes: la almendra, la energía, los costes laborales y otros gastos pesan en el día a día de los obradores. Y hay otro reto que no se resuelve con precios: el relevo generacional.
Son oficios que requieren formación, experiencia y muchas horas de aprendizaje, y que los jóvenes los vean como una salida profesional. Para eso, FEGREPPA cuenta con una escuela que forma tanto a profesionales en activo como a quienes quieren iniciarse.
Gimeno ve también valor en una marca de calidad o una indicación de origen para el mazapán valenciano. Permitiría identificar una elaboración propia de la tierra, fijar criterios de calidad y darle más proyección dentro y fuera de la Comunitat, además de respaldar a los obradores que siguen esos estándares.
Una tradición con maquinaria detrás
Nada de esto ocurre solo. El horno destaca las campañas del gremio en radio, prensa y televisión, los eventos, los carteles y los concursos. El Concurso de Sant Donís del Gremio de Panaderos y Pasteleros de València celebró en 2024 su 43ª edición. El resultado, según el horno, es que la gente no «contribuye» a la tradición: se siente parte de ella.
Quizá ahí esté la clave del negocio. En un producto que sube de precio por el coste del tiempo humano, que necesita relevo y que se compra aunque sea en versión reducida, lo que se vende no es solo mazapán, sino un gesto que nadie quiere dejar de hacer.
Ana SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.











