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Polo convierte el ritual de la horchata en una seña de identidad

La empresa de Alboraya reivindica el valor de reunirse para compartir horchata y fartons como expresión de la cultura valenciana y elemento diferencial de su marca

Polo convierte el ritual de la horchata en una seña de identidad
Publicado a 13/07/2026 14:04

La empresa valenciana Polo ha situado la tradición de reunirse para tomar horchata y fartons en el centro de su identidad corporativa. La compañía reivindica este hábito no solo como una forma de consumo, sino como un momento de encuentro asociado a la cultura, la forma de relacionarse y el carácter social de los valencianos.

La propuesta conecta el producto con una experiencia compartida. Frente a una comunicación centrada exclusivamente en los ingredientes, el sabor o el proceso de elaboración, Polo pone el foco en lo que sucede alrededor de la mesa: la conversación, la pausa y el tiempo dedicado a familiares y amigos.

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Este planteamiento encaja con la historia de una marca estrechamente vinculada a Alboraya y a la elaboración de productos relacionados con la chufa. La propia empresa sitúa sus orígenes en 1939, en Titaguas, y explica que en 1960 se trasladó a Alboraya, donde la familia Polo creó un bollo alargado y esponjoso pensado para acompañar la horchata. Aquel producto se convertiría en el actual fartón.

Desde entonces, la combinación de horchata y fartons ha pasado a formar parte de uno de los rituales gastronómicos más reconocibles de la Comunitat Valenciana. Polo busca ahora reforzar ese vínculo cultural y convertirlo en un activo de marca capaz de diferenciar su propuesta dentro del sector alimentario.

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Un producto creado para compartir

La historia que transmite la empresa vincula directamente el nacimiento del fartón con la idea de disfrutar de la horchata con calma y en compañía. Polo explica que la familia creó este dulce en 1960 con el propósito de acompañar la bebida y acercar a las personas alrededor de ese momento.

El producto, por tanto, no se presenta únicamente como un alimento independiente, sino como parte de una experiencia de consumo más amplia. El fartón fue concebido para mojarse en la horchata y para formar parte de una merienda habitualmente compartida.

Esta dimensión colectiva es la que la compañía quiere convertir en una de sus señas de identidad. El valor no reside solo en lo que se consume, sino también en la ocasión que se genera alrededor de los productos.

La estrategia permite a Polo apoyarse en un territorio emocional reconocible. La empresa no necesita construir un relato ajeno a su actividad, puesto que la reunión, la merienda y la combinación de horchata y fartons forman parte de su propia historia y de la manera tradicional de consumir sus productos.

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Este vínculo también ayuda a reforzar la autenticidad de la marca. En un mercado alimentario en el que muchas empresas compiten mediante innovaciones, formatos o promociones, Polo apuesta por poner en valor una costumbre cotidiana asociada a su lugar de origen.

Alboraya como parte del relato empresarial

La vinculación territorial ocupa una posición central en la comunicación de Polo. La compañía mantiene su sede en Alboraya, localidad que presenta como la cuna de la unión entre la horchata y los fartons.

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En sus propios canales, la marca describe este entorno como un espacio situado entre la huerta y el mar, estrechamente conectado con el cultivo de la chufa y con una forma de vida mediterránea. Polo ha utilizado esta relación con Alboraya en diferentes iniciativas destinadas a poner en valor el origen de sus productos.

La localización no funciona únicamente como una referencia geográfica. También forma parte del posicionamiento de una empresa que asocia su actividad a la huerta, la tradición alimentaria y el conocimiento acumulado durante varias generaciones.

Grupo Polo afirma que su experiencia alrededor de la chufa, la horchata y los productos horneados se remonta a 1939. Esa trayectoria le ha permitido desarrollar una gama que va desde el tubérculo en crudo hasta bebidas y otros alimentos elaborados a partir de la chufa.

La defensa de la tradición de reunirse se integra así en una estrategia más amplia de valorización del origen. Polo trata de convertir su relación con Alboraya y con la cultura de la horchata en un elemento difícil de reproducir por marcas que no comparten la misma trayectoria territorial.

La chufa, un producto protegido y ligado a Valencia

El relato empresarial de Polo se apoya también en un producto reconocido oficialmente por su vinculación con el territorio. La Chufa de Valencia cuenta con Denominación de Origen Protegida y figura en el registro de productos de calidad diferenciada del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

La protección establece las características que debe reunir la chufa amparada, así como las condiciones relacionadas con su recolección, lavado, secado y selección. El pliego vigente fija, entre otros requisitos, que los tubérculos deben presentarse sanos, enteros, limpios y con unas determinadas características físicas y químicas.

La Generalitat Valenciana también identifica la horchata como una bebida cuya esencia es la chufa, un tubérculo característico de la huerta valenciana. Esta relación entre producto, paisaje y cultura refuerza el valor simbólico que Polo quiere trasladar a su posicionamiento.

La horchata se convierte de este modo en algo más que una bebida refrescante. Representa una cadena de valor ligada al campo, al conocimiento agrícola, a la transformación alimentaria y a los establecimientos que tradicionalmente la sirven.

Al reivindicar el momento de compartirla, Polo amplía el foco desde el producto hasta el contexto social en el que se consume.

Control del proceso desde el campo

La apuesta por el origen se complementa con el control de distintas fases del proceso de producción. Según explican desde la compañía, su actividad vinculada a la chufa incluye el cultivo, el lavado, el secado, la selección, el almacenamiento, la higienización, la molienda, el prensado, el filtrado, el llenado y el etiquetado.

Polo señala que planta la chufa en primavera y comienza su recolección a partir de noviembre. Tras el lavado, el tubérculo se seca de forma natural durante un periodo de entre tres y cuatro meses, antes de pasar por sistemas de selección y almacenamiento controlado.

La compañía dispone de cámaras de visión artificial para descartar las piezas que no cumplen sus estándares y de una planta automatizada para controlar la temperatura, la humedad y la ventilación durante el almacenaje.

En la fase de elaboración de la horchata, la chufa se rehidrata, se lava y se tritura. Posteriormente, la pasta resultante se prensa y se filtra para obtener el líquido que sirve de base para la bebida.

Este control permite a la marca vincular el discurso cultural con una estructura productiva concreta. La tradición no se limita a una campaña de comunicación, sino que está relacionada con el origen de la materia prima y con procesos que la empresa afirma gestionar de manera directa.

Tradición e innovación no son incompatibles

La reivindicación de las costumbres locales no implica que la compañía renuncie a innovar. Polo combina el valor de la tradición con el desarrollo de nuevos formatos, variedades y productos derivados de la chufa.

La empresa comercializa diferentes tipos de fartons, entre ellos el tradicional, el hojaldrado y el artesano, y ha ampliado su actividad hacia la elaboración de horchata, panettone, focaccia y otros productos alimentarios.

Esta evolución refleja una estrategia habitual entre las empresas familiares del sector alimentario: conservar los atributos vinculados al origen mientras se adaptan los productos a nuevos hábitos de consumo.

En el caso de Polo, el elemento estable es la asociación con la chufa, la horchata y el fartón. A partir de esa base, la compañía desarrolla nuevas propuestas sin abandonar el relato que la conecta con Alboraya y con la cultura gastronómica valenciana.

La tradición actúa de este modo como una plataforma para innovar, en lugar de como una limitación. La marca puede evolucionar en productos, envases o canales de venta, manteniendo como hilo conductor la idea de compartir.

La cultura local como ventaja competitiva

La iniciativa de Polo refleja cómo una empresa puede utilizar la cultura de su entorno como elemento de diferenciación. En lugar de presentar la identidad valenciana como un simple recurso decorativo, la compañía la vincula directamente con el consumo, el producto y su historia empresarial.

La reunión alrededor de una horchata representa valores como la proximidad, la convivencia, la pausa y el disfrute compartido. Son conceptos que permiten a la marca construir una relación emocional con el consumidor y distinguirse dentro de un mercado con una amplia oferta de productos de bollería y bebidas vegetales.

Este posicionamiento también aporta coherencia a su comunicación. El origen en Alboraya, la experiencia con la chufa, la creación del fartón y la costumbre de consumirlo con horchata forman parte de un mismo relato.

Polo convierte así una tradición cotidiana en un activo corporativo. La compañía reivindica que reunirse para tomar horchata y fartons no es únicamente una costumbre del verano, sino una expresión de la cultura valenciana y una forma de entender la relación entre las personas.

Firma
Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
Empresas
FARTONS POLO SL
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