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De preparar el 3G a desplegar el 5G: cómo han cambiado las infraestructuras de telecomunicaciones

La evolución de las redes móviles, la fibra óptica y el 5G ha transformado en dos décadas las infraestructuras que sostienen la conectividad y buena parte de la economía digital

  • El despliegue del 3G a comienzos de los 2000 marcó el inicio de una transformación que hoy continúa con la expansión del 5G y la fibra óptica
  • En dos décadas, las telecomunicaciones han pasado de ampliar cobertura móvil a convertirse en una infraestructura esencial para la economía digital
De preparar el 3G a desplegar el 5G: cómo han cambiado las infraestructuras de telecomunicaciones
Publicado a 07/03/2026 19:30

A comienzos de los años 2000, el gran reto de las telecomunicaciones era construir la red que permitiría el salto a la telefonía móvil de tercera generación. En el marco del 35 aniversario de Economía 3, recuperamos uno de los reportajes publicados por la revista a principios de siglo, en el que se explicaba cómo los operadores habían invertido más de 1.800 millones de euros en infraestructuras en la Comunitat Valenciana para mejorar sus redes y preparar el terreno para la llegada del 3G, una tecnología que prometía abrir la puerta al acceso a Internet desde el teléfono móvil.

La fotografía del sector en aquel momento refleja hasta qué punto el mercado estaba todavía en plena expansión. La penetración del móvil había pasado en pocos años de apenas un 5% a situarse en torno al 80%, un crecimiento que obligó a multiplicar estaciones base y extender la cobertura prácticamente a todo el territorio. En paralelo comenzaban a desplegarse las primeras redes de cable y fibra óptica que aspiraban a ofrecer alternativas a la infraestructura tradicional de cobre que había sostenido durante décadas la telefonía fija.

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La inversión se concentraba entonces en ampliar cobertura y en dotar a las ciudades de las primeras redes capaces de soportar el crecimiento del tráfico de datos. En la Comunitat Valenciana se contabilizaban ya más de dos mil estaciones base de telefonía móvil, mientras los operadores comenzaban a desplegar fibra en las principales áreas urbanas. El mercado estaba dominado por tres operadores, Telefónica, Amena y Vodafone, que concentraban prácticamente toda la actividad del sector.

Dos décadas después, el panorama es mucho más competitivo, con la entrada de nuevos actores y la consolidación de operadores alternativos que han intensificado la competencia en precios y servicios.

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La promesa del 3G

En ese contexto, el 3G aparecía como la gran revolución tecnológica. La posibilidad de acceder a Internet desde el móvil abría un escenario completamente nuevo para las telecomunicaciones. Las administraciones locales gestionaban el aumento de solicitudes para instalar antenas y estaciones base mientras los operadores invertían en modernizar sus redes para soportar una demanda de servicios que entonces apenas comenzaba a vislumbrarse.

Captura de la revista del año 2000.

Con la perspectiva que dan más de dos décadas, aquel momento representaba en realidad el inicio de una transformación mucho más profunda. La tecnología de tercera generación, que entonces simbolizaba el futuro de la conectividad, ha quedado hoy completamente superada. El desarrollo del smartphone, el consumo masivo de datos y la digitalización de la economía obligaron a una evolución acelerada de las redes móviles que dio paso primero al 4G y posteriormente al 5G.

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La importancia de estas infraestructuras se hizo especialmente visible durante la pandemia. Buena parte de la actividad empresarial pudo mantenerse gracias a la robustez de las redes de telecomunicaciones, que sostuvieron el teletrabajo, el comercio electrónico y numerosos servicios digitales. Lo que durante años había sido una infraestructura relativamente invisible se reveló entonces como uno de los pilares básicos de la economía.

El nuevo ciclo tecnológico

La revista del año 2000.

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Hoy el sector de las telecomunicaciones está entrando en una nueva etapa tecnológica que no se limita simplemente a ofrecer conexiones más rápidas. El despliegue del 5G supone un cambio más profundo en el funcionamiento de las redes. Esta tecnología no solo permite navegar a mayor velocidad desde el móvil, sino que también reduce de forma notable el tiempo que tarda la red en responder (lo que se conoce como latencia). Esa capacidad es clave para aplicaciones que necesitan comunicaciones prácticamente instantáneas, como la automatización industrial, los vehículos conectados o determinados servicios digitales avanzados.

Además, las nuevas redes se están diseñando de forma más abierta y flexible que en el pasado. Iniciativas como Open RAN permiten que distintos fabricantes desarrollen equipos y software compatibles entre sí para las antenas y estaciones base de telefonía móvil. Esto rompe con el modelo tradicional, en el que los operadores dependían en gran medida de un único proveedor para desplegar sus redes. Con sistemas más abiertos, las compañías pueden combinar tecnologías de diferentes empresas, lo que favorece la competencia, reduce costes y facilita la innovación.

Otro de los avances relevantes es la posibilidad de crear varias redes virtuales dentro de una misma infraestructura física, algo que se conoce como network slicing. En la práctica, esto significa que una misma red puede adaptarse a distintos usos al mismo tiempo. Por ejemplo, una parte de la red puede estar optimizada para servicios de emergencia o procesos industriales que requieren máxima fiabilidad, mientras otra se destina al consumo cotidiano de datos de los usuarios.

Este tipo de capacidades abre la puerta a nuevos usos de las telecomunicaciones en ámbitos como la industria conectada, la movilidad inteligente o el internet de las cosas, donde miles de dispositivos se comunican entre sí. También está cambiando el modelo de negocio de los operadores. En los últimos años, el aumento de la competencia y la presión sobre los precios han reducido los márgenes en los servicios tradicionales de telefonía y conexión a internet. Ante este escenario, muchas compañías buscan nuevas oportunidades en servicios dirigidos a empresas, en soluciones digitales basadas en datos o en la integración de redes con plataformas de computación y servicios en la nube.

Infraestructura estratégica

En paralelo, las telecomunicaciones han adquirido una dimensión geoestratégica cada vez más evidente. Las grandes compañías tecnológicas globales están invirtiendo de forma creciente en infraestructuras de conectividad, desde cables submarinos hasta redes de transporte de datos, con el objetivo de reforzar su capacidad para gestionar flujos globales de información. Al mismo tiempo, la definición de estándares tecnológicos y el control de las infraestructuras digitales se han convertido en un elemento central de la competencia entre bloques económicos.

Esta transformación tecnológica también está teniendo consecuencias visibles en el paisaje urbano. Durante décadas, las telecomunicaciones necesitaron grandes centrales telefónicas repartidas por las ciudades para alojar los equipos de conmutación de la red fija. Sin embargo, la digitalización de las redes y el despliegue de fibra óptica han reducido notablemente estas necesidades. Operadores como Telefónica han iniciado en los últimos años procesos de reconversión de antiguas centrales que han quedado obsoletas.

En València, por ejemplo, la compañía ha impulsado la recalificación de varias de estas instalaciones históricas. Entre ellas se encuentra la antigua central de la avenida del Puerto, construida en 1928, que recientemente ha pasado a tener uso terciario tras una modificación del planeamiento urbanístico. El caso refleja una tendencia más amplia: edificios que durante décadas fueron nodos esenciales de la red telefónica están perdiendo su función técnica en un contexto en el que las redes son cada vez más digitales, distribuidas y apoyadas en fibra óptica y centros de datos.

El contraste con el escenario descrito en aquel reportaje de Economía 3 ilustra hasta qué punto ha evolucionado el sector. Lo que entonces se planteaba como una promesa tecnológica —la posibilidad de conectarse a Internet desde el teléfono móvil— forma hoy parte de la vida cotidiana y sustenta buena parte de la actividad económica. Las infraestructuras que se desplegaban para preparar la llegada del 3G han terminado convirtiéndose en la base sobre la que se construye el actual ecosistema digital.

Y mientras las antiguas centrales telefónicas comienzan a transformarse en viviendas, oficinas o equipamientos urbanos, las nuevas infraestructuras de telecomunicaciones se desplazan hacia espacios menos visibles: redes de fibra óptica, centros de datos y arquitecturas digitales que sostienen la conectividad de la economía contemporánea.

Firma
Fotografía de Maria ToldràMaria ToldràGraduada en Periodismo por la Universitat de València, está especializada en periodismo de datos tras cursar el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de Unidad Editorial. Ha crecido profesionalmente en El Mundo y Europa Press. Desde 2026 es redactora en Economía 3 y bucea entre cifras económicas.
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