España en la UE: cuatro décadas de metamorfosis de un país
La adhesión a la CEE supuso un cambio en muchos sentidos para España: en la forma de hacer política, de entender la economía y de interpretar los valores y principios.
La historia de España en la Unión Europea (UE) comenzó a escribirse en 1985, con la firma en Madrid del Tratado de Adhesión a la Comunidad Económica Europea (CEE). Sin embargo, no fue hasta el 1 de enero de 1986 cuando la incorporación se hizo efectiva. Aquella fecha marcó un punto de inflexión en la historia de nuestro país: tras décadas de dictadura y un periodo de transición, España emergía como una nación moderna, decidida a integrarse plenamente en Europa.
«España aporta un cierto saber de nación vieja y un entusiasmo de pueblo joven, con la convicción de que un futuro de unidad es el único futuro posible para Europa», afirmó en la firma el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, en el Palacio Real de Madrid.
La adhesión a la CEE supuso un cambio en muchos sentidos para España: en la forma de hacer política, de entender la economía y de interpretar los valores y principios que deben guiar a la sociedad. Hoy, aquella transformación puede parecer lejana para muchos, ya que alrededor de 20 millones de españoles nacieron después de 1986. En otras palabras, casi la mitad de la población española ha crecido dentro de lo que hoy es la UE, ha vivido más de la mitad de su vida con el euro y en un país completamente integrado en el proyecto comunitario.
Han sido muchos los logros, pero también los sinsabores, en los años que España ha formado parte de la Unión. Desde la transición de la peseta al euro, pasando por la crisis financiera de 2008 y las políticas restrictivas impuestas por Bruselas para superarla, hasta la pandemia de la covid-19, los fondos de recuperación o la crisis energética de 2022.
Un balance económico positivo tras 40 años
Europa era la esperanza de un futuro más prometedor para España tras años de aislamiento. Y, 40 años después, el balance económico es, sin duda, positivo.
Según datos de BBVA Research, el PIB per cápita ajustado por paridad de poder adquisitivo se ha multiplicado por 2,5. La brecha con los 15 países que formaban entonces la Comunidad Económica Europea se ha reducido en 15 puntos porcentuales, situándose en 2025 en el 88,1 % del promedio.
El mercado laboral también ha vivido su propia transformación. La población ocupada casi se ha duplicado, pasando de 11 a más de 21 millones de personas. Si las mujeres representaban apenas el 29 % de la fuerza laboral en 1985, hoy suponen casi el 47 %.
La entrada en la UE conllevó una apertura al mundo que internacionalizó la economía española: la proporción de exportaciones de bienes y servicios sobre el PIB pasó del 20,9 % en 1985 (WB) al 37,1 % a comienzos de 2025.
Y no solo eso, la población española también ha cambiado, con las consiguientes repercusiones económicas. El número de extranjeros residentes en España se ha incrementado de manera considerable, y la esperanza de vida al nacer ha aumentado casi dos años por década, hasta los 84 años, la cifra más alta de la UE.

Tres crisis en década y media en la Unión Europea
Los avances y logros que España ha obtenido dentro del club comunitario han ido siempre acompañados de importantes esfuerzos.
El punto de partida fueron los criterios de convergencia, los conocidos criterios de Maastricht, un conjunto de exigencias económicas necesarias para dar el salto a la moneda única.
El tránsito de la peseta al euro, uno de los momentos más simbólicos de la integración europea, estuvo lejos de ser un camino plácido. Para muchos ciudadanos, la nueva moneda se tradujo en una subida de precios; para otros, supuso una pérdida de identidad y de margen de maniobra económica. Pero España siguió adelante, decidida a consolidar su papel dentro de un proyecto comunitario que prometía estabilidad y modernización.
La travesía europea no ha estado exenta de sobresaltos. España ha vivido junto a la UE tres grandes crisis en apenas década y media: la financiera de 2008, la sanitaria de 2020 y la energética de 2022. Y en cada una de ellas, su papel dentro de la UE ha cambiado.
La crisis de 2008 golpeó con especial dureza a nuestro país, uno de los más castigados junto a Grecia, Irlanda y Portugal. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y el colapso de parte del sistema financiero, España se vio obligada a solicitar un rescate bancario en 2012. Aquellos años estuvieron marcados por una supervisión estricta desde Bruselas, por la reducción del margen de maniobra fiscal y por una influencia política disminuida en el seno europeo.
En 2020, la pandemia de la covid-19, sin embargo, supuso un punto de inflexión. España, junto con Italia y Portugal, pasó a ocupar un lugar central en las negociaciones que dieron forma al fondo Next Generation EU. Para Héctor Sánchez Margalef, investigador del CIDOB, este cambio simboliza «el fin del europeísmo naif»: el final de un apoyo incondicional y acrítico a Bruselas por parte de los países del sur, consciente de sus intereses propios y dispuesto a defenderlos.
Ese giro se hizo aún más evidente durante la crisis energética que siguió a la invasión rusa de Ucrania. España y Portugal lograron sacar adelante la llamada «excepción ibérica», un mecanismo temporal para limitar el precio del gas en la generación eléctrica. Por primera vez, España se proyectó como país modelo de transición energética y ejemplo de autonomía estratégica en un continente que buscaba reducir su dependencia energética.

Hacia un papel más destacado dentro de la UE
Este cambio de actitud en la escena europea quedó retratado recientemente en un documental de Movistar ‘La última llamada’. En este, José María Aznar recuerda cómo, durante sus primeros años en La Moncloa, se afanó en que el país fuera tratado como un actor de peso, en un momento en el que no se le consideraba una de las grandes potencias de la Unión Europea.
Aquella imagen contrasta con la percepción actual. Tras años en los que la economía española cargó con la etiqueta de lastre, especialmente después de la crisis de 2008, el país ha logrado revertir esa narrativa. Hoy, España ya no aparece en los informes comunitarios como un punto débil, sino como uno de los socios más sólidos.
Este giro se ha intensificado en los últimos años, especialmente bajo la presidencia de Pedro Sánchez, cuando España ha buscado tener un papel más activo en las discusiones comunitarias. A todo ello se suma la buena evolución reciente de la economía española, que contrasta con el estancamiento prolongado de grandes economías de la eurozona como Francia o Alemania.
Esa mejora se refleja también en los indicadores de percepción internacional. Según el ‘Barómetro de la Imagen de España’ de 2024 realizado por el Real Instituto Elcano, España obtiene la mejor valoración entre los países europeos analizados, con una nota de 7 sobre 10. Mientras los grandes socios, como Italia, Alemania o Francia, sufrieron un desgaste de imagen tras la pandemia y la crisis económica asociada, la recuperación española ha sido más pronunciada.

Los españoles ven con buenos ojos la UE
La percepción de España sobre la Unión Europea también es positiva. De acuerdo con el estudio ‘Opiniones y actitudes ante la Unión Europea’, el 73,2 % de los españoles considera que pertenecer a la comunidad europea ha sido «más bien positivo», frente a un 20,4 % que opina que ha sido «más bien negativo». Entre los asuntos que consideran más relevantes para el futuro, la economía y el empleo destacan con un 29,7 %.
Durante las últimas cuatro décadas, España se ha mostrado mayoritariamente europeísta y fiel al proyecto comunitario. En otros países europeos, el auge de partidos euroescépticos se produjo hace años, mientras que en España ese fenómeno solo ha cobrado cierta relevancia recientemente con Vox.
No obstante, como refleja la citada encuesta, 40 años después, la mayoría de los españoles sigue valorando positivamente el proyecto europeo, a pesar de las dificultades que ha enfrentado a lo largo de estas cuatro décadas.

Laura SanfélixGraduada en Periodismo por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Político Internacional y otro en Comunicación y Marketing Político. He desarrollado mi trayectoria profesional en medios como Europa Press, así como en el ámbito de las agencias de comunicación. En la actualidad, escribo sobre información económica y empresarial en la web y la revista de Economía 3.




















