Toni Moral, CEO en Futboleras
Durante años, cuando hablábamos de transición energética, la conversación se centraba principalmente en sustituir unas fuentes de energía por otras.
Hoy el reto es bastante más complejo, porque necesitamos cambiar cómo producimos, sí, pero también cómo distribuimos y consumimos la electricidad que generamos.
El debate abierto en torno a los centros de datos es un buen ejemplo. El Gobierno plantea que las nuevas instalaciones cubran al menos el 80% de su consumo con nuevas fuentes renovables y cumplan determinados estándares de eficiencia energética e hídrica.
Más allá del debate regulatorio que pueda generar esta medida, nos obliga a plantearnos cómo responder a la creciente demanda eléctrica sin trasladar toda la presión al sistema eléctrico.
La digitalización y el desarrollo de la inteligencia artificial están generando nuevas necesidades energéticas que seguirán creciendo durante los próximos años. Estás vendrán acompañadas de la electrificación del transporte, la climatización de los edificios y la transformación de la industria van a añadir progresivamente más demanda sobre un sistema eléctrico que ya debe afrontar importantes desafíos.
Ante este escenario, existe la tentación evidente de construir más capacidad de generación y ampliar las redes para responder a una demanda cada vez mayor. Pero sería un error pensar que el futuro energético consiste únicamente en generar más electricidad y llevarla hasta donde se necesita. También tenemos que conseguir que una parte cada vez mayor de esa energía se produzca allí donde se consume.
Aquí la fotovoltaica deja de ser únicamente una tecnología para reducir la factura de hogares y empresas y adquiere una dimensión mucho mayor dentro del sistema energético. Cada instalación de autoconsumo permite generar electricidad en el propio punto de consumo, reduciendo la necesidad de transportar esa energía desde grandes centros de generación y contribuyendo a aliviar la presión sobre las redes.
España necesita seguir desarrollando grandes proyectos renovables, pero también aprovechar millones de superficies disponibles en tejados, cubiertas industriales, aparcamientos y otros espacios ya construidos. La energía que se produce cerca del lugar donde se necesita tiene un valor añadido, evita parte de las pérdidas y de las infraestructuras necesarias para transportarla.
Además, el autoconsumo puede evolucionar mucho más allá de producir electricidad durante las horas de sol. La incorporación de baterías permite almacenar los excedentes y utilizarlos cuando la generación fotovoltaica disminuye. Y una gestión inteligente de la demanda permite decidir cuándo consumir, cuándo almacenar y cuándo utilizar la energía disponible.
Esto cambia la relación entre el consumidor y el sistema eléctrico, que tradicionalmente se entendía como un flujo unidireccional en el que las grandes centrales producen y los consumidores reciben. La generación distribuida, el almacenamiento y la digitalización permiten construir un modelo mucho más flexible, en el que hogares y empresas también pueden contribuir activamente al equilibrio del sistema.
La oportunidad para España es especialmente relevante. Contamos con uno de los mayores recursos solares de Europa y con una capacidad renovable que ya es una de las grandes fortalezas de nuestro sistema energético. El siguiente paso no debería ser simplemente instalar más megavatios, sino conseguir que esa energía renovable esté cada vez más integrada en los lugares donde existe demanda.
Los centros de datos nos están obligando a mirar de cara una realidad que ya afecta a todos: vamos a necesitar mucha más electricidad. La respuesta no puede ser únicamente aumentar la oferta. Tenemos que construir un sistema capaz de generar energía renovable de forma distribuida, almacenarla y utilizarla de manera más eficiente.
La fotovoltaica no va a resolver por sí sola todos los retos de la electrificación. Pero sí puede convertirse en una de las piezas fundamentales para conseguir que ese crecimiento sea compatible con una red más eficiente, flexible y preparada para el futuro.
Toni Moral, CEO en Futboleras
Juan José Fernández-Figares, Director de Gestión de Instituciones de Inversión Colectiva en Link Securities
Sergio Alfaro, consejero delegado en Ocide
Ilian Radoytsov, Chief Commercial Officer en AuraQuantic