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Cuando la innovación civil y militar convergen

España ha alcanzado el objetivo del 2% del PIB en gasto de defensa marcado por la OTAN y ha decidido canalizar buena parte de ese esfuerzo hacia la llamada tecnología de doble uso: desarrollos que sirven tanto para proteger una frontera como para gestionar un aeropuerto, vigilar una costa o anticipar una emergencia climática

Cuando la innovación civil y  militar convergen
Publicado a 06/08/2026 18:15 | Actualizado a 06/08/2026 19:07

La inversión en defensa ha dejado de ser un asunto exclusivo de los ejercitos y se ha convertido en un factor determinante de competitividad y también en un dardo que fuerzas políticas se arrojan unas a otras para comprobar quién esté mejor preparado en el área armamentística.

España, impulsada por el rearme europeo y la presión de la OTAN, tiene ante sí una oportunidad industrial que pocos países pueden aprovechar con la misma base tecnológica.

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Durante décadas, la innovación militar y la innovación civil figuraron en la contabilidad de España como dos mundos que apenas se cruzaban: la primera, reservada a grandes contratistas y presupuestos opacos; la segunda, era el motor habitual de la competitividad empresarial. Lo que durante años se ha considerado un compartimento aislado juega hoy un papel crucial tanto en la geopolítica europea como en las cuentas de resultados de cientos de empresas industriales.

El verdadero reto en España no es si invertir o no en tecnología dual, sino qué empresas sabrán colocarse en esa cadena de valor antes de que la sector se cierre.

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El resultado no deja lugar a dudas de esta evolución armamentística. España alcanzó en 2025 el objetivo del 2 % del PIB en gasto militar comprometido con la OTAN, con un presupuesto de Defensa que ya supera los 34.000 millones de euros.

El problema, o la oportunidad, no es futuro: es presente. La invasión rusa de Ucrania, la presión del presidente estadounidense Donald Trump sobre los socios europeos de la Alianza y la creciente sensación de inseguridad han llevado no solo a España, sino al resto de la Unión Europea, a revisar su política industrial desde la raíz.

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El Ministerio de Defensa lo dejó claro al presentar la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa, un documento que fijará la política de I+D+i del departamento durante los próximos años y que sitúa el aprovechamiento de las tecnologías de uso dual como uno de sus tres ejes fundamentales.

El mapa del dinero que pasa por Bruselas

La Ley de Programación Militar 2024-2030 compromete inversiones plurianuales de gran magnitud para los próximos años, y el Gobierno defiende que ese incremento «no responde a una lógica belicista, sino a una apuesta por la estabilidad y la seguridad global», subrayando que una parte relevante de la inversión se dirige a fortalecer la base industrial y tecnológica nacional a través del Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa.

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Ese dinero se canaliza a través del programa COINCIDENTE, el principal mecanismo del Ministerio de Defensa para impulsar tecnologías civiles con aplicación militar,esta cofinanciación se articula entre los ministerios de Ciencia, Innovación y Universidades y de Defensa, con un tramo no reembolsable del 30 % para las empresas beneficiarias.

¿Cuánto vale este mercado?

La facturación conjunta de las industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio en España alcanzó los 16.153 millones de euros en 2024, un 16,2% más que el año anterior, según el informe de PwC para TEDAE, superando por primera vez los niveles previos a la pandemia. La inversión en I+D+i del sector ascendió a 2.614 millones de euros, lo que equivale al 29,5% de toda la inversión en I+D+i de la industria manufacturera española, una desproporción que solo se explica por los márgenes y la intensidad tecnológica que exige competir en este mercado.

El efecto tractor sobre el resto del tejido productivo es, además, cuantificable: por cada empleo directo generado en el sector se crean 3,5 puestos de trabajo adicionales en el conjunto de la economía española.

Navantia y Airbus completan el cuadro de grandes tractores con una lógica similar. El subsector naval de defensa facturó 1.075 millones de euros en 2024, con el programa de la fragata F-110 concentrando más de la mitad de las ventas asociadas a Programas Especiales de Armamento en este ámbito.

La aeronáutica, por su parte, es el motor principal de toda la industria de defensa española: representa el 54,5% de las ventas totales del sector, con 5.451 millones de euros facturados en 2024 y una orientación marcadamente exportadora, con programas como el A400M o el Eurofighter como principales activos.

Los grandes campeones nacionales

El grueso del nuevo gasto en innovación en defensa se canaliza, en su tramo inicial, a través de un grupo grande de contratistas que llevan décadas operando en el ámbito civil. Diferentes grupos empresariales han visto en este sector una burbuja de oro.

Indra es probablemente el ejemplo más visible: la compañía combina el desarrollo de sistemas de radares y guerra electrónica para las Fuerzas Armadas con contratos civiles de gestión del tráfico aéreo, lo que la convierte en uno de los casos de tecnología dual a escala nacional.

A ello se suma su joint venture con la firma emiratí EDGE para fabricar drones armados en España, con una inversión inicial cercana a los 20 millones de euros y una cartera potencial de pedidos de hasta 2.000 millones de euros anuales.

Navantia, por su parte, implementa buena parte de su innovación en torno a programas como el de los submarinos S-80, pero también desarrolla arquitecturas digitales navales con aplicaciones trasladables al ámbito civil.

Su proyecto Edinaf, financiado por el Fondo Europeo de Defensa, reúne a astilleros de toda Europa en torno a una plataforma digital común que reduce costes y mejora la interoperabilidad entre armadas.

Airbus completa este triángulo de grandes empresas productoras con programas como el avión de transporte militar A400M, que convive en la misma compañía con el negocio aeronáutico civil.
>La compañía ha recibido recientemente un préstamo de 3.000 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones, el mayor concedido en la historia de la entidad, destinado a reforzar su autonomía tecnológica e industrial en aviación comercial, defensa y espacio hasta 2030.

Pymes que ya facturan en defensa

Por debajo de los grandes contratistas existe también una capa de empresas mucho menos visible, pero cada vez más relevante: la de las pequeñas y medianas empresas tecnológicas que ya facturan en defensa sin presentarse públicamente como contratistas militares.

Integradas como subcontratistas en las cadenas de valor de Indra, Navantia o Airbus, o accediendo directamente a programas como COINCIDENTE, estas compañías combinan en su cartera de clientes a la Administración civil y a empresas privadas.

No todos los sectores tienen la misma facilidad para dar el salto. Las empresas que trabajan con materiales avanzados y composites, electrónica y sensores, o baterías y sistemas de almacenamiento de energía suelen ser las que pueden adaptarse con mayor rapidez, mientras que las compañías de ingeniería y TIC encuentran su vía de entrada a través de la ciberseguridad, la analítica avanzada y las comunicaciones seguras.

El principal obstáculo no es tecnológico, sino administrativo: la certificación que exigen las instituciones de defensa y la adaptación a estándares militares específicos, un proceso que puede prolongarse entre seis meses y dos años para empresas que ya cuentan con el conocimiento industrial de base.

Ciberdefensa

En cualquier caso y sea quien sea la empresa que fabrica, sí hay un ámbito donde la frontera entre lo civil y lo militar se ha difuminado por completo, es la ciberseguridad.
>El refuerzo de la ciberdefensa de infraestructuras críticas, administraciones públicas y Fuerzas Armadas se ha convertido en una de las prioridades explícitas de este 2026, un año en el que las amenazas y los ataques digitales no distinguen entre objetivos civiles y militares.

Empresas tecnológicas españolas especializadas en ciberseguridad y ciberinteligencia para sectores críticos han pasado de prestar servicio casi exclusivamente a administraciones públicas y empresas privadas a convertirse en proveedoras directas del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor de la Defensa, incorporando a sus plantillas a antiguos mandos militares con experiencia en ciberdefensa y guerra electrónica para ampliar tanto sus capacidades técnicas como su capacidad de interlocución institucional.

Una ola europea sincronizada junto a la OTAN

España no actúa en solitario. El fenómeno se enmarca en un rearme continental sin precedentes desde el final de la Guerra Fría. Alemania reactivó en 2024 el servicio militar voluntario tras más de una década de suspensión y destinará en 2026 unos 108.000 M€ en defensa.

El país acaba de anunciar además una inversión de 16.000 millones de euros hasta 2030 en defensa antidrones, tras detectar cientos de avistamientos de aparatos no identificados sobre bases militares.

Francia y Alemania han ido más allá y han adquirido conjuntamente el control mayoritario de KNDS, el principal fabricante europeo de tanques y artillería, en lo que se ha descrito como la mayor estatización de la industria de defensa desde la posguerra.

El Reino Unido anunció esta misma semana una inversión superior a 5.000 millones de libras (cerca de 5.800 millones de euros) en drones y sistemas autónomos para sus Fuerzas Armadas, en el marco de un Plan de Inversión en Defensa a cuatro años que incluye la sustitución progresiva de al menos seis buques de guerra por unidades de nueva generación y la transformación de la Royal Navy en una “fuerza híbrida” que combinará plataformas tripuladas y no tripuladas.

El primer ministro británico, Keir Starmer, defendió que la inversión permitirá contar con «capacidades avanzadas para disuadir las amenazas cambiantes».

¿Modernización o excusa para el rearme?

En distintos territorios españoles, los socios de gobierno más progresistas se han mostrado reacios a respaldar explícitamente la etiqueta de «industria militar», pero sí están dispuestos a avalar iniciativas presentadas bajo el paraguas de la «tecnología dual», la ciberseguridad o los «sectores de alto valor añadido».

La diferencia, aparentemente cosmética, resulta determinante para la viabilidad parlamentaria de buena parte de los planes industriales autonómicos vinculados a defensa, lo que sitúa a la tecnología dual no solo como una categoría tecnológica, sino como una herramienta de legitimación política del rearme.

Una ventana que el sector da por limitada

El sector da por hecho que la ventana de industria militar no será indefinida: los próximos dos o tres años son clave para que la industria española consolide contratos antes de que el ciclo inversor se modere.

La tecnología dual ya no es una curiosidad técnica, sino una pieza central de la política industrial española y europea. Para el tejido empresarial español, el debate ya no es ideológico, sino de calendario: quién se posiciona a tiempo en una cadena de valor que, según reconoce el propio sector, tiene fecha de caducidad.

Firma
Fotografía de Ana SánchezAna SánchezRedactora licenciada en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera con más de tres años de experiencia en diferentes áreas y medios de comunicación de la Comunidad Valenciana.
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