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UPTA alerta del aumento de los autónomos que necesitan un segundo empleo

El presidente de UPTA advierte de que los bajos salarios y la precariedad del trabajo autónomo están consolidando un modelo en el que miles de personas necesitan combinar un empleo asalariado con una actividad por cuenta propia para llegar a final de mes

UPTA alerta del aumento de los autónomos que necesitan un segundo empleo
Publicado a 22/07/2026 18:21

«Estamos ante un cambio estructural del mercado laboral». El presidente de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), Eduardo Abad, no interpreta el crecimiento de la pluriactividad como una consecuencia puntual del actual encarecimiento de la vida. A su juicio, la combinación de bajos salarios, costes básicos cada vez más elevados y una creciente precariedad dentro del propio trabajo autónomo está transformando la forma en la que miles de personas obtienen sus ingresos.

La pluriactividad describe la situación de quienes compatibilizan un empleo por cuenta ajena con una actividad como autónomos. En la Comunitat Valenciana, 29.085 trabajadores se encuentran actualmente en esta situación, según los datos difundidos por el Observatorio Económico del Trabajo Autónomo de UPTA a partir de las cifras del Ministerio de Trabajo y Economía Social.

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Esto supone que el 7,3% de los afiliados valencianos al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) mantiene al mismo tiempo un empleo asalariado. En términos aproximados, uno de cada 14 autónomos de la Comunitat combina ya ambas formas de trabajo.

Durante el último año, el colectivo ha aumentado en 904 personas, un 3,2% más. Pero el fenómeno resulta todavía más evidente cuando se amplía la perspectiva. En 2020, una media de 175.193 autónomos españoles estaba en pluriactividad. En junio de 2026, la cifra alcanzaba las 274.463 personas.

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Son 99.270 trabajadores más y un crecimiento del 56,6% en cinco años.

«Los salarios no llegan para asumir el coste de la vida»

Para Eduardo Abad, el principal factor que explica esta evolución es la pérdida de capacidad adquisitiva de buena parte de los trabajadores.

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«Los salarios son precarios y no llegan para asumir el coste de la vida», afirma el presidente de UPTA. En su análisis pesan especialmente las subidas de la vivienda, la alimentación, la electricidad, los carburantes y otros gastos esenciales de las familias.

Cuando los ingresos procedentes de un empleo asalariado no resultan suficientes, una parte de los trabajadores busca una segunda fuente de renta a través del autoempleo. Se dan de alta como autónomos para realizar trabajos puntuales, prestar servicios fuera de su jornada laboral o desarrollar una pequeña actividad económica complementaria.

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Pero Abad advierte de que el proceso también se produce en la dirección contraria. No solo hay asalariados que se hacen autónomos para completar su sueldo. También existen trabajadores por cuenta propia que buscan un empleo asalariado, normalmente a tiempo parcial, porque los ingresos de su actividad no les permiten cubrir sus necesidades.

«Tenemos el fenómeno del autónomo pobre», asegura.

Según los datos manejados por UPTA y expuestos por su presidente, un 30% de los autónomos personas físicas habría declarado rentas del trabajo por debajo del salario mínimo interprofesional. Abad calcula que esta situación afecta a más de 600.000 trabajadores por cuenta propia.

«Más de 600.000 autónomos declaran ingresos mensuales por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI)», sostiene. Ante esta situación, muchos optan por buscar un empleo parcial que les permita incrementar sus ingresos y sostener la economía familiar.

Dos formas distintas de precariedad

Para el presidente de UPTA, los problemas de los asalariados con sueldos insuficientes y los de los autónomos con actividades poco rentables están directamente relacionados.

En ambos casos, explica, la pluriactividad se convierte en una respuesta a la precariedad económica. El empleo asalariado deja de garantizar por sí solo un nivel de vida suficiente, mientras una parte de los negocios autónomos tampoco genera ingresos estables.

«Son dos factores que tienen mucho que ver entre ellos», señala Abad. «Hablamos de precariedad en el ámbito laboral y también en el ámbito económico del trabajo autónomo». matiza. «Los dos están directamente relacionados con el aumento desproporcionado de la pluriactividad».

Desde UPTA consideran, por tanto, que el crecimiento de esta fórmula laboral no debe interpretarse únicamente como una muestra de dinamismo o iniciativa emprendedora. En muchos casos, no responde a la voluntad de desarrollar un proyecto empresarial, sino a la necesidad de sumar distintas fuentes de ingresos.

Esta es también la conclusión que la organización recoge en su informe: el trabajo autónomo ha dejado de estar vinculado exclusivamente a una vocación empresarial y se utiliza cada vez más como herramienta para complementar rentas.

Un pequeño grupo de alta cualificación

No todos los trabajadores en pluriactividad responden, sin embargo, a una situación de precariedad. Eduardo Abad distingue un grupo minoritario formado por profesionales de alta cualificación.

Son personas que cuentan con empleos bien remunerados y que, además, se dan de alta como autónomos para realizar trabajos esporádicos, especializados y también bien pagados.

Pueden ser consultores, técnicos, profesionales sanitarios, abogados, formadores o expertos en distintas materias que prestan servicios fuera de su actividad asalariada principal.

«Hay un grupo muy pequeño de autónomos en pluriactividad que tiene una alta cualificación», explica Abad. «Normalmente cuentan con trabajos bien remunerados, pero se dan de alta como autónomos para realizar encargos esporádicos y también bien pagados».

Su situación, recalca, es muy diferente de la que afecta a la mayoría del colectivo, que recurre a una segunda actividad para completar ingresos insuficientes.

Servicios, hostelería, construcción y reparaciones

La pluriactividad se concentra especialmente en el sector servicios. Según el presidente de UPTA, es frecuente que pequeños comerciantes, profesionales o autónomos tradicionales busquen empleos temporales o parciales en actividades vinculadas a la hostelería, sobre todo durante los periodos de mayor actividad.

También se observa en sectores relacionados con la construcción, las reparaciones y los oficios profesionales. Carpinteros, albañiles, instaladores u otros trabajadores cualificados pueden trabajar para una empresa durante la semana y dedicar los fines de semana a prestar servicios por cuenta propia.

El fenómeno incluye, igualmente, a asalariados que utilizan sus conocimientos profesionales para realizar encargos fuera de la jornada laboral.

En el reparto territorial, Cataluña es la comunidad con más autónomos en pluriactividad, con 52.397 personas. Le siguen la Comunidad de Madrid, con 49.590; Andalucía, con 39.752; la Comunitat Valenciana, con 29.085; y Galicia, con 16.239.

Estas cinco autonomías concentran cerca de dos terceras partes de los autónomos que compaginan una actividad por cuenta propia y otra por cuenta ajena.

En el extremo contrario se sitúan La Rioja, con 1.773; Cantabria, con 3.033; Navarra, con 4.093; Asturias, con 5.277; y Extremadura, con 5.520. Desde UPTA atribuyen estas diferencias al tamaño de los mercados laborales y a la estructura productiva de cada territorio.

El riesgo de normalizar el segundo empleo

Abad considera que el principal riesgo de esta tendencia es que la necesidad de tener dos ocupaciones termine normalizándose.

«Cada vez está más claro que las familias, para llegar a final de mes, tienen que buscar otras vías», afirma. El peligro, a su juicio, es convertir tanto el empleo asalariado como el trabajo autónomo en actividades que, por separado, no permiten vivir dignamente.

Por ello, desde UPTA reclaman políticas que mejoren los salarios, refuercen la negociación colectiva y adapten la protección social a las necesidades específicas de quienes cotizan simultáneamente como asalariados y autónomos.

El colectivo tiene particularidades en materias como cotización, prestaciones, conciliación y protección social. Por ello, la organización considera que la legislación debe adaptarse a una realidad laboral que ha dejado de ser excepcional.

La tarifa plana, bajo el foco de UPTA

El presidente de UPTA también relaciona la precariedad del trabajo autónomo con las políticas que priorizan el número de altas por encima de la viabilidad de los negocios.

Su principal crítica se dirige a la tarifa plana para nuevos autónomos. Abad no reclama eliminarla, sino modificar los criterios de acceso.

Actualmente, sostiene, la ayuda tiene un carácter prácticamente universal y no exige que el beneficiario presente un plan empresarial, acredite una preparación mínima o demuestre que el proyecto tiene posibilidades reales de sobrevivir.

«La tarifa plana es la entrada a la precariedad del trabajo autónomo», afirma. A su juicio, las administraciones están fomentando un emprendimiento basado en la cantidad, pero no necesariamente en la calidad y la sostenibilidad.

Abad incide que el 82% de los proyectos acogidos a la tarifa plana desaparece antes de cumplir su tercer año.

Estas cifras forman parte del diagnóstico defendido por UPTA, que reclama condicionar las ayudas a criterios de viabilidad, formación y conocimiento de la actividad.

«No hablamos de un plan de empresa, no hablamos de comprobar si la persona tiene la cualificación para esa actividad y tampoco de si cuenta con formación suficiente», critica.

Como alternativa, Abad destaca la capitalización de la prestación por desempleo. Según explica, quienes utilizan su prestación para poner en marcha un negocio deben demostrar previamente que el proyecto cumple determinados requisitos. UPTA sitúa la supervivencia de estas actividades por encima del 90%.

Menos IRPF para las rentas más bajas

Entre las propuestas de UPTA también figura una reducción del IRPF para los autónomos con menores ingresos.

La organización reclama una rebaja de cinco puntos en el tramo estatal y otros cinco en el autonómico para los trabajadores por cuenta propia con rentas inferiores a 25.000 euros.

Además, plantea aplicar una fiscalidad cero a determinadas actividades desarrolladas en el medio rural. Abad considera que la conectividad permite impulsar negocios en remoto, pero también reclama ayudas específicas para preservar comercios y servicios básicos en los municipios pequeños.

«Cerrar el bar de una población de 300 habitantes es una catástrofe. Cerrar el ultramarinos también lo es, porque deja sin servicios a sus habitantes», expresa.

Para UPTA, este tipo de negocios no solo genera empleo. También crea comunidad, mantiene población y favorece una economía de proximidad.

El reto, concluye Abad, no consiste en aumentar las altas de autónomos a cualquier precio. Se trata de crear actividades capaces de sobrevivir y garantizar ingresos suficientes.

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Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
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