Expertos reclaman una IA europea ética que compita con EE. UU. y China
Expertos de distintos ámbitos, reunidos por la Fundación Alternativas, coinciden en la urgencia de que la Unión Europea refuerce su inversión, su talento y su capacidad de gobernanza para desarrollar una inteligencia artificial propia, ética y al servicio del bien común frente a los modelos de Estados Unidos y China
De izda. a dcha., José Varela, Antón Costas, Nicolás Sartorius y Celia Fernández
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los principales vectores de poder económico, político y social a escala global. La irrupción de los modelos generativos ha acelerado de forma radical su desarrollo y su impacto transversal en ámbitos como el empleo, la democracia, la salud, el medioambiente o la organización del trabajo, entre otros. En este escenario, la Unión Europea se enfrenta a un reto estratégico de primer orden: no quedar relegada en la pugna tecnológica entre Estados Unidos y China y, al mismo tiempo, construir un modelo propio alineado con sus valores democráticos y sociales.
Este ha sido el eje central de la mesa redonda organizada por la Fundación Alternativas y que ha reunido a Celia Fernández Aller, profesora de la ETS de Ingeniería de Sistemas Informáticos de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM); Sandra Parthie, presidenta del Grupo de Empleadores del Comité Económico y Social Europeo (EESC); José Varela Ferrío, responsable de IA y Digitalización de UGT Confederal; y Antón Costas, presidente del Consejo Económico y Social (CES). El debate ha sido conducido por Nicolás Sartorius, director del Consejo Asesor de la Fundación Alternativas.
Desde el inicio del debate, Sartorius ha situado la IA en el centro de la geopolítica contemporánea. A su juicio, se trata del «elemento central de la batalla por la hegemonía» entre Estados Unidos y China, y ha advertido de que sería «nefasto» que Europa quedara fuera de esta dinámica. «No existe autonomía estratégica europea sin independencia en inteligencia artificial», ha subrayado, apuntando al retraso relativo de la UE y de España en inversión, capacidades tecnológicas y capital humano frente a las dos grandes potencias.
Un modelo europeo frente a EE.UU. y China
Uno de los consensos más claros de la mesa ha sido el rechazo a importar sin matices los modelos dominantes -en alusión a Estados Unidos y China-. Sartorius ha sido muy explícito al señalar que el modelo estadounidense, con escasa regulación y controlado por un reducido número de grandes multinacionales tecnológicas, resulta incompatible con la democracia social y los valores fundamentales de la UE. Tampoco el modelo chino, basado en un fuerte control estatal y en el uso masivo de datos, encaja con el proyecto europeo. De ahí la necesidad, ha insistido, de construir una tercera vía que refuerce derechos, servicios públicos y cohesión social.
Esta reflexión ha sido compartida por Antón Costas, quien ha defendido que el enfoque europeo debe ser democrático y descentralizado. «Las sociedades avanzan buscando equilibrios entre objetivos en conflicto, como competitividad, autonomía estratégica y protección social», ha explicado. En el ámbito europeo, ese equilibrio solo puede lograrse -ha informado- a través del diálogo social y la negociación colectiva, una seña de identidad del modelo comunitario.
Inversión, talento y regulación inteligente
Celia Fernández Aller, como coordinadora del estudio presentado, ha subrayado que la IA no es solo una tecnología, sino un ecosistema económico, político y social en el que Europa debe reivindicar su papel como actor global. El informe, ha corroborado, ofrece una «fotografía de quién es quién» en el ámbito de la IA y evidencia cómo Estados Unidos y China concentran los mayores volúmenes de inversión y proyectos estratégicos.
Aunque la UE cuenta con capacidad para desarrollar inteligencia artificial, arrastra una clara desventaja en financiación y en formación de profesionales especializados. «Estamos alimentando los sistemas de IA con nuestros datos, pero no lideramos su desarrollo», ha alertado Fernández Aller. También ha planteado que Europa se enfrenta a la disyuntiva de asumir una narrativa tecnosolucionista, que presenta la tecnología como respuesta automática a todos los problemas sociales, o apostar por un modelo propio basado en inversión pública y privada, regulación y responsabilidad.
En este punto, Celia Fernández ha defendido la regulación europea como «una ventaja competitiva y no como un freno a la innovación». Frente a las críticas habituales desde Estados Unidos y China, la profesora de la UPM ha recordado que más del 80% de las aplicaciones móviles no cumplen actualmente la normativa europea. «La regulación es también una política industrial», ha afirmado, ya que impide prácticas como la manipulación emocional y protege a la ciudadanía. A su juicio, el desarrollo de una IA responsable puede convertirse en un activo estratégico para Europa.
Empleo, recualificación y diálogo social
El impacto de la inteligencia artificial en el empleo también ha sido motivo de debate. José Varela Ferrío ha advertido de que existen dos grandes preocupaciones: la posible destrucción de puestos de trabajo y la toma de decisiones automatizadas mediante algoritmos. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha recordado Varela, hasta 1,2 millones de empleos podrían verse sustituidos por la IA, mientras que muchas empresas ya justifican despidos colectivos masivos bajo la expectativa de una mayor automatización.
José Varela ha indicado también que la clave no es solo cuántos empleos se pierden, sino «cómo se gestionan las transiciones laborales». «Estamos hablando de recualificación profesional», ha recalcado el representante de UGT, insistiendo en que el diálogo social debe ser una pieza esencial para evitar un paro estructural y acompañar a los trabajadores hacia nuevas funciones. En este sentido, ha defendido el papel de la formación profesional y de los acuerdos tripartitos entre gobiernos, empresas y sindicatos.
Varela también ha advertido sobre los riesgos de una «ley de la selva» algorítmica y ha reclamado mecanismos para supervisar las decisiones automatizadas que afectan a las personas. Además, ha planteado un debate de fondo sobre el reparto de los beneficios. A su juicio, «si la IA incrementa la productividad, esa riqueza debería revertir en la sociedad a través de salarios, empleo de calidad y servicios públicos».
Desigualdad, datos y humanidades
Otro de los efectos señalados por José Varela durante su intervención, ha sido la transformación de la estructura del mercado laboral. El representante de UGT ha descrito una pirámide cada vez más polarizada, con un crecimiento de perfiles altamente cualificados en la cúspide y de trabajos manuales en la base, mientras se vacía la parte intermedia asociada a tareas administrativas, jurídicas o de consultoría. Esta dinámica, ha advertido, tiene un fuerte impacto económico y social, al debilitar a las clases medias y alimentar la percepción de falta de oportunidades, con posibles consecuencias políticas.
En este contexto, los ponentes han coincidido en señalar en la necesidad de introducir las humanidades en la formación tecnológica. En esta línea, Celia Fernández Aller ha defendido la necesidad de recuperar el control sobre los datos para ponerlos al servicio del bien común y orientar las políticas públicas a la reducción de desigualdades. También ha puesto el foco en el reto ambiental que supone la IA, planteando incentivos y fiscalidad para limitar su impacto energético.
Por su parte, Antón Costas ha añadido que la sociedad necesita estar bien informada para afrontar estos cambios, señalando la información como un bien público esencial. Frente a la «niebla de incertidumbre» que generan las nuevas tecnologías, Costas ha abogado por fortalecer la capacidad colectiva de adaptación, combinando innovación, regulación y cohesión social.
Ciencia, democracia y futuro europeo
Para cerrar la mesa, Nicolás Sartorius ha expresado que lo que está en juego con la inteligencia artificial no es solo un modelo productivo, sino la propia democracia europea. «El gran reto del futuro es ciencia más democracia», ha afirmado, una tarea que interpela tanto a las instituciones públicas como a la ciudadanía.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.











