Sebastián Puig, analista y escritor

Sebastián Puig: “Cada vez hay más ciudadanos fascinados por el autoritarismo”

Sebastián Puig es analista, investigador y escritor. Es especialista en Tecnologías de la Información, Aprovisionamiento, Gestión Económica y Programas Internacionales. Este especialista en economía ha sido reconocido como ‘Tweco 2021’, una  iniciativa impulsada por la red social Twitter para detectar a los influencers económicos del momento.

Economía 3 ha hablado con él sobre el valor real de los datos, la inteligencia económica y la situación de la economía tras la pandemia.

La inteligencia económica

– ¿Qué aplicaciones tiene la inteligencia económica y financiera en España? ¿Es nuestro país consciente de este potencial? Tanto a nivel público como privado.


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Vivimos en un mundo globalizado en el que los cambios tecnológicos, sociales, políticos e institucionales han configurado una realidad complicada y volátil. Cualquier evento puede afectar inmediatamente a elementos muy variados y distantes. Aparecen nuevas cargas sobre los gobiernos: mayores exigencias económicas, tecnológicas, descentralización, exposición pública y un entorno mucho más competitivo. Hay numerosos actores en juego, y no pocos son ilícitos o directamente hostiles. Hoy somos más que nunca conscientes de la fragilidad del sistema. La pandemia de la covid-19 no ha hecho más que reforzar esta percepción.

En este ámbito, España todavía va con cierto retraso con respecto los países de nuestro entorno. Aunque ya se empezaron a dar pasos importantes en 2017 con nuestra Estrategia de Seguridad Nacional. Uno de cuyos objetivos es potenciar la inteligencia económica a todos los niveles. Con un enfoque multidisciplinar (público-privado-académico) y un objetivo explícito. Obtener, analizar y difundir información económica estratégica relevante, oportuna y útil, para apoyar la acción del Estado y facilitar una mejor toma de decisiones. No obstante, queda todavía mucho camino que recorrer.

En el ámbito privado y educativo, se observa un creciente interés por la inteligencia económica, con la creación de unidades/oficinas especializadas en las grandes empresas y una proliferación cada vez más evidente de programas universitarios y cursos de posgrado. Se trata, sobre todo, de superar nuestra actitud tradicionalmente reactiva y tardía ante unos acontecimientos que nos acaban superando en velocidad y dimensión.

Necesitamos cultura de inteligencia. Así como capacidad técnica y analítica suficiente para anticipar dificultades económicas y proteger nuestras debilidades financieras.

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El sector público frente a la pandemia

– ¿Cree que la pandemia reforzará el papel y los recursos del sector público?

La respuesta ante la covid ha supuesto un esfuerzo sin precedentes para el sector público de los países más afectados. Por poner un ejemplo, las cuatro mayores economías del euro, Alemania, Francia, Italia y España gastaron en conjunto unos 3,1 billones de dólares (un tercio de su PIB), en ayudas, ERTE, préstamos y garantías durante los meses más duros de la pandemia.

La percepción general en numerosas sociedades es la de que, pese a la propaganda política, las instituciones nacionales e internacionales no han estado a la altura. Este descontento latente podría conducir a una inestabilidad institucional que complique la recuperación económica y dé pie a los populismos.

La presión sobre los sistemas sanitarios y de protección social será elevada. Con los ingresos públicos muy mermados por la crisis, una demografía declinante en los países desarrollados y presiones migratorias que no van a cesar. Será necesaria una gobernanza mucho más ágil, inclusiva y eficiente. Sin confianza pública no veremos crecimientos sustanciales. Calidad institucional y progreso económico van unidos de la mano.

Además, pienso que son cada vez más los ciudadanos occidentales fascinados por el autoritarismo, la omnipresencia estatal y la comodidad personal que otorga un control tecnológico absoluto de sus vidas. Esto es, la sempiterna tensión entre libertad y seguridad. La tentación autoritaria en las sociedades occidentales poscoronavirus puede tener un efecto muy importante en la orientación de las políticas económicas y sociales.

El reto de la transformación digital

– Usted es especialista en tecnologías de la información. ¿Están las empresas españolas a la altura de la transformación digital? ¿Cuál es el camino que les queda por delante? ¿Qué consejo les daría? ¿Qué países están a la cabeza en este sentido?

La pandemia nos ha enseñado las potencialidades del teletrabajo, la digitalización y el valor de la flexibilidad creativa para mantener la actividad económica. Pero, tales herramientas no son un fin, sino un medio. La reducción de la brecha digital, así como conciliación de la vida personal/familiar y laboral, aprovechando todos los recursos tecnológicos que vamos teniendo a nuestro alcance, es una de las palancas más potentes que tenemos en nuestras manos para mejorar la productividad y competitividad de nuestras empresas.

Mi consejo aquí es primero analizar los procesos de cada negocio y luego aplicar a fondo la tecnología. No todas las herramientas tecnológicas son aplicables a todos los modelos. Pero, hay herramientas para mejorar casi todo lo que hacemos y, en muchos casos, no requieren grandes inversiones.

El reducido tamaño medio y la excesiva fragmentación de nuestro tejido empresarial no ayudan a ello. Aquí tenemos un gran campo de posibilidades para la acción pública, en cuanto a formación, eliminación de barreras regulatorias y apoyo tecnológico en forma de clústeres y plataformas accesibles a las pymes con menos recursos.

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La economía internacional

– ¿Cómo cambiará la economía internacional tras la pandemia? ¿Y la española?

El coronavirus ha sido un cataclismo, muy potente, pero de relativa corta duración. Es probable que las transformaciones que solo se auguraban coyunturales se conviertan en estructurales.

La recuperación gradual de la movilidad y de la actividad económica se verán reflejadas en una intensa reactivación económica, no exenta de riesgos. El enorme esfuerzo que han hecho las naciones pasará factura. Será mayor para quienes estaban peor equipados para afrontar la pandemia, como es el caso de España. De hecho, el brutal incremento del endeudamiento, el desigual crecimiento, tanto regional como entre países, los cambios en los hábitos de consumo y en las cadenas de valor global son cambios estructurales, y cambios muy importantes.

Asia, en general, y China, en particular, salen reforzadas, en lo geoeconómico y en lo sociopolítico. Su competencia con Estados Unidos en todos los frentes marcará la dinámica global durante los próximos años. En ese tira y afloja nos veremos arrastrados todos. Volvemos a la primacía de los intereses geopolíticos y la competencia hostil frente a la cooperación. Con riesgos evidentes de proteccionismo económico.

El período pospandémico será un reto mayúsculo para muchos países. Entre ellos, el nuestro. Las naciones líderes serán aquellas que sepan ubicarse en el tablero geoeconómico global, reforzar su capital tecnológico y humano, hacer una cuidadosa selección estratégica y explotar las nuevas formas de administración y gestión. Nos jugamos el futuro.

“La pandemia ha acelerado el despegue tecnológico”

– Más allá de los posibles problemas económicos, ¿va a representar un punto de inflexión en cuanto a cambios en la configuración de las compañías o en la forma de hacer las cosas? ¿Cómo podrán reinventarse las empresas más afectadas por la covid?

La pandemia ha acelerado el despegue tecnológico. La universalización de las telecomunicaciones y del ciberespacio como entorno global de operaciones, la digitalización, el Big Data, el blockchain, la inteligencia artificial, la robotización y la impresión 3D han propiciado o vislumbrado soluciones a las restricciones vividas durante la pandemia y marcan tendencias futuras.

La brecha tecnológica anticipa tensiones tanto domésticas como geopolíticas. Constituye, a su vez, un enorme reto político, social y educativo. Para las empresas se trata de seguir el camino que he apuntado anteriormente. Primero, revisar los procesos, luego aplicar la tecnología. Para los gobiernos, apoyarlas en este proceso y eliminar obstáculos burocráticos. No hay otro camino.

El valor del dato

– ¿Es el análisis de datos una parte fundamental de las compañías hoy en día? ¿Cuál es la importancia real del dato? ¿Estamos hablando de una de las materias primas más valiosas de nuestro tiempo?

No es la primera vez que me hacen esta pregunta y siempre que puedo respondo con una cita y un gráfico. La cita es de Clifford Stoll, astrónomo y escritor: “Los datos no son información, la información no es conocimiento, el conocimiento no es comprensión, la comprensión no es sabiduría”.

El gráfico, un clásico de la inteligencia, es de la pirámide de conocimiento. Un proceso clave para cualquier persona u organización que pretenda interactuar de forma eficaz con su entorno.

El dato, en efecto, es una materia prima de inestimable valor. Pero, no olvidemos que dicho valor reside esencialmente en el esfuerzo. Tanto tecnológico como intelectual, que dediquemos en su selección, agregación y análisis.  Para alcanzar un conocimiento valioso del entorno necesitamos convertir uno dato o grupo de datos concretos en información comprensible, valiosa y orientada a nuestros procesos y objetivos clave. Sin conocimiento no hay manera de utilizar la información para mejorar el valor de nuestras acciones o decisiones.

Datos (Imagen de xresch en Pixabay)

Los fondos europeos Next Generation

– ¿Qué opinión le merecen los fondos europeos Next Generation? ¿Cree que se va a hacer un buen uso de ellos? ¿O que se va a desperdiciar una oportunidad clave para, no ya solo la recuperación, sino el impulso de futuro de la economía española?

Los fondos Next Generation, de los que España es el segundo máximo receptor europeo después de Italia, suponen un importante balón de oxígeno para aquellos países más golpeados por la pandemia. No son un premio a nuestra buena gestión, ni a nuestras fortalezas macroeconómicas, sino un ejercicio de solidaridad europea. A su vez, un voto de confianza a nuestra capacidad de respuesta y de reforma.

Hasta ahora, España ha estado a la cola en la ejecución de fondos estructurales y de inversión de la Unión Europea. La recepción y aplicación de los recursos del Next Generation UE, además del cumplimiento las reformas condicionales que el plan trae consigo, exigen movilizar rápidamente a nuestras Administraciones Públicas. Armonizando necesidades, estableciendo prioridades, definiendo criterios objetivos y agilizando los órganos de tramitación y gestión.

En este sentido, los interrogantes sobre nuestra capacidad de absorción y aplicación eficaz de las ayudas recibidas son todavía numerosos; confío en que sepamos superar este reto. Por el momento, la Comisión Europea ha avalado con buena nota el plan español. Nos queda todo lo demás.

Como he apuntado en otras ocasiones, más allá de la vigilancia de Bruselas y la condicionalidad de los fondos, la clave del éxito radicará en nuestra responsabilidad para asumir la parte que nos corresponde en la recuperación europea, como cuarta economía de la UE. Las reformas estructurales que requiere España resultan imprescindibles sin necesidad de que nadie nos tenga que decir que lo son y de que nos puedan reprender o congelar los fondos por no llevarlas a cabo. Sin aplicar esas reformas corremos el riesgo de aplicar un alivio temporal sin el impulso necesario para hacerlo sostenible en el tiempo.

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